Intendentes: el costo político de la gestión

Jaime Rosemberg
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11 de enero de 2015  

Una inundación tan sorpresiva como devastadora. Una gestión de gobierno golpeada por denuncias de corrupción. El narcotráfico instalado en cada esquina como una filosa y violenta daga. Una sucesión derivada de la enfermedad y la muerte.

Así de azarosa puede ser la cotidianeidad de un intendente y así de efímero su capital político, provenga del partido que provenga, o de la ubicación del terreno que controla. Estrellas y "figuritas difíciles" de las elecciones legislativas del año último, los jefes comunales de las ciudades más grandes del interior del país -La Plata, Córdoba, Rosario y Mendoza- pasan hoy por momentos de incertidumbre, con el último tramo de sus gestiones sin garantías a la vista.

Es el caso de Pablo Bruera , intendente kirchnerista de La Plata, que buscará la reelección en octubre luego de las inundaciones que sacudieron a la capital bonaerense y minaron su capital político. Similar situación atraviesa Mónica Fein , intendenta socialista de Rosario, salpicada por un creciente entramado narco que amenaza con socavar la hegemonía de su partido en la "Chicago argentina". El radical Ramón Mestre, en tanto, podría archivar en las próximas semanas su deseo de ser gobernador y optaría por continuar administrando la capital cordobesa, luego de meses de vaivenes judiciales en torno de supuestos usos indebidos de fondos públicos que acaba de desestimar la justicia. En Mendoza capital, el fallecimiento en agosto pasado del intendente Víctor Fayad le abrió las puertas del poder a Rodolfo Suárez, que con el mismo traje radical de su antecesor y un alto grado de desconocimiento público intentará retener el poder.

Estrellas y "figuritas difíciles" de las elecciones legislativas del año último, los jefes comunales de las ciudades más grandes del interior del país pasan hoy por momentos de incertidumbre

En la mente de Pablo Bruera hay una fecha grabada a fuego: la noche del 2 al 3 de abril de 2013, cuando un temporal inédito arrasó la ciudad que gobierna desde 2007 y dejó como terrible saldo 89 muertos. Un tuit en el que decía estar trabajando en las tareas de ayuda mientras se hallaba en Brasil disparó una catarata de críticas que lo obligaron al repliegue. Casi dos años después, y con el apoyo del gobernador Daniel Scioli, Bruera siente que llegó su tiempo de revancha. "Quiere demostrarles a los que dijeron que estaba muerto que están equivocados", dicen a LA NACION muy cerca de él.

Para lograr su resurrección política, Bruera apunta a un plan ambicioso: "Una nueva policía comunal de 730 hombres en la calle para marzo, inversiones en turismo y un cordón productivo para reducir el desempleo", según contó el intendente a LA NACION. Un crédito de $ 2000 millones servirá para ampliar y contener los arroyos para evitar inundaciones como las que dejaron sin hogar a miles de platenses. "Nadie esperaba 400 milímetros de lluvia en seis horas", lo defienden.

Hiperactivo, el intendente camina siete kilómetros por día, visita obras, la mayoría de las veces en soledad. "El 90 por ciento le pide cosas, un 5 por ciento son fanáticos y otro 5 por ciento lo odia. Pero no ha tenido un solo incidente violento en estos años", retrucan a su lado.

Bruera sabe de la frialdad de la Casa Rosada. En su contra, Bruera tiene a su archienemigo político, el también ex intendente Julio Alak , en el gabinete de Cristina Kirchner. Y Florencia Saintout, la joven y siempre polémica decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, es la preferida de La Cámpora para enfrentarlo, con una intención de voto de unos diez puntos.

"No está mal ir a internas, pero si insisten con las [listas] colectoras, licuan el voto kirchnerista", se quejan. La carta de Bruera, hoy más amenaza que realidad, es acercarse a Sergio Massa , a quien lo une un antiguo lazo. ¿Por qué no se fue aún con él? "Se tuvo que quedar quieto después de recibir el dinero que giró Nación a través de la provincia para obras", lo criticó un dirigente que responde a Alak.

En la mente de Pablo Bruera hay una fecha grabada a fuego: la noche del 2 al 3 de abril de 2013, cuando un temporal inédito arrasó la ciudad

Además de Saintout, hay otros rivales externos. Sergio Panella, radical en alianza con Mauricio Macri , marcha segundo en varias encuestas y afirma a LA NACION: "Bruera está muy castigado, la gestión es muy mala y eso se va a ver en las urnas". Se anotan también candidatos massistas, como José Arteaga y Marcelo Leguizamón, y la CC-ARI con Oscar Negrelli. Parecen tener limitadas chances hoy de derrotarlo, aunque desde la oposición aseguran: "El 75 por ciento de los platenses va a votar contra Bruera". Qué tan cerca esté ese 2 de abril en la cabeza de los votantes será, por cierto, clave.

Bajo la amenaza de la violencia

Vive noches y mañanas difíciles Mónica Fein. La intendenta de Rosario revisa preocupada cada jornada las cifras que hablan de violencia creciente con sello narco, de una calle sin contención con casi 500 asesinatos en los últimos dos años. Esas cifras alarmantes repercuten en otros números, los que manejan los encuestadores, que hablan de una gestión con consenso decreciente, pocos meses antes de las elecciones en las que la bioquímica y ex diputada intentará retener el bastión de su partido desde 1991.

El PS, parte medular del gobernante Frente Progresista, llega golpeado a los comicios (cierre de alianzas el 13 de febrero, internas el 19 de abril, elecciones el 14 de junio, al igual que las de gobernador). Y esto envalentona a los rivales de Fein, tanto internos (Pablo Javkin, de la CC-ARI, con apoyos de la UCR y un sector del socialismo) como externos (Pro, con la ex periodista Anita Martínez, o el kirchnerismo, que aún aguarda el sí de María Eugenia Bielsa). "Hay un proceso lógico de desgaste. Rosario tuvo una impronta de renovación que hoy es necesario retomar", asegura Javkin. Rubén Giustiniani, socialista y hoy aliado de los rivales de Fein, dispara por elevación contra Hermes Binner y Miguel Lifchitz (candidato a gobernador), referentes de la intendenta. "Rosario se mantiene como una de las ciudades más violentas del país. El narcotráfico es una cuestión nacional, pero la policía provincial ha sido parte del problema y no de la solución", razona el senador. Y atribuye los hechos violentos "a la desigualdad. Hay un gran desarrollo inmobiliario en la costa y bolsones de pobreza en los barrios". "Se olvidaron de que están en el poder para resolver los problemas de la gente, que se cansó y quiere cambiar", agrega Martínez.

¿Y la gestión? Al inicio Fein trazó el eje de su mandato en los problemas urbanos, apuntando al tránsito como prioridad. Con escasos recursos, la intendenta apostó a la denominada "movilidad urbana", pero las discusiones sobre los carriles exclusivos en el microcentro quedaron en un segundo plano, cuando la violencia y los problemas de inseguridad se pusieron al tope de la agenda política. El plan Abre que lanzó el gobierno provincial tras la llegada de la Gendarmería el 9 de abril pasado le aportó algo de oxígeno en los barrios periféricos. Pero la cercanía al gobierno nacional se volvió una contra: siete meses después de ese desembarco (que incluyó una recordada foto bailando chamamé juntos en Las Flores) el secretario de Seguridad, Sergio Berni , desairó a la intendenta y ordenó el retiro de 600 gendarmes de la ciudad.

La intendenta de Rosario revisa preocupada cada jornada las cifras que hablan de violencia creciente con sello narco , de una calle sin contención con casi 500 asesinatos en los últimos dos años.

De todos modos, sus chances de una reelección –coinciden propios y extraños– son altas: la oposición no consigue un candidato instalado, y el sistema de boleta única favorece a la intendenta, una figura ya conocida en la ciudad.

Sacudido por la polémica

Sentado en el mismo sillón que ocupó su padre, Ramón Javier Mestre medita su futuro. Los tres años que ha pasado como joven intendente de Córdoba capital le permitieron seguir consolidando poder personal y territorial, pero las dificultades de manejar la segunda ciudad más grande del país y denuncias hacia su gestión complicaron su relación con la opinión pública. La oposición (massista y peronista) espera capitalizar el enojo de buena parte de la población en los comicios, aún sin fecha. Aunque Mestre sigue siendo, de lejos, el más taquillero de los radicales cordobeses.

¿Qué medita el intendente? "Si va por la intendencia otra vez o por la gobernación", cuentan desde despachos cercanos al de Mestre. "Lo decidiré en febrero o marzo", contesta el intendente. La incertidumbre tiene en vilo a radicales como Oscar Aguad , ansioso por acordar con Pro, y Luis Juez , que se alió a ambos "para sacar a [José] Manuel de la Sota" del poder provincial.

A diferencia de Aguad y de otros referentes de la UCR como Mario Negri y Carlos Becerra, Mestre no se muestra tan ansioso por acordar. ¿Por qué? En diálogos reservados afirma que Juez no puede integrar el mismo espacio que él. "No puedo estar con alguien que me acusaba de chorro hasta anteayer", dice Mestre con su inconfundible tono cordobés. Juez dice lo mismo, pero al revés: estaría con la UCR y Pro, pero sin Mestre.

El encono tiene capítulos que vienen de la Justicia. El hermano del senador, Daniel Juez, denunció a Mestre por desviar subsidios nacionales hacia ERSA, empresa correntina que se dedica al transporte urbano de pasajeros. En abril de ese año ya Juez lo había denunciado por un viaje a Corrientes con colaboradores y gastos pagos a una fiesta de la misma empresa. Ambas causas fueron archivadas por la justicia local durante diciembre, pero el daño político ya estaba hecho.

Al igual que les ocurre a Bruera y a Fein, el ejercicio de la gestión melló las chances provinciales de Mestre, que no descarta ser gobernador

A modo de contraataque, Mestre apela a hechos concretos: el Solobus (similar al Metrobus porteño), con el que renovó el transporte local, y obras de infraestructura. "Acá no se hicieron cloacas ni instalaciones de gas en los últimos veinte años. Y tengo el 10 por ciento del presupuesto que tiene Macri", dice Mestre a LA NACION en tiro por elevación a sus antecesores en el cargo.

Varias encuestas marcan que la hoy massista Olga Ruitort, ex esposa de De la Sota, marcha primera en la carrera por la intendencia, y que otro peronista, Esteban Dómina, también podría hacer una buena elección, más allá de Felipe Lábaque (Pro) y el ex intendente Daniel Giacomino (FPV). "Si los peronistas van divididos, vuelve a ganar Mestre", especula un opositor al intendente que vislumbra que De la Sota hará "lo imposible" para evitar un triunfo de su ex esposa, hoy convertida en rival política.

Al igual que les ocurre a Bruera y a Fein, el ejercicio de la gestión melló las chances provinciales de Mestre, que no descarta ser gobernador "si hay un acuerdo amplio con otras fuerzas". Con sólo 42 años, podría esperar tiempos mejores y refugiarse en otro período más como intendente.

Un relevo difícil

Sin el lastre de una gestión extensa, ni inundaciones ni problemas con la Justicia, pero con pocos pergaminos para mostrar en sólo cinco meses de gestión, Rodolfo Suárez siente que los planetas están alineados en su favor. Sentado en el sillón de intendente de Mendoza desde agosto, cuando murió el cacique radical Víctor Fayad, Suárez quiere quedarse otros cuatro años en el cargo.

Su partido, la UCR, acaba de recibir el apoyo de Pro, que declinó presentar candidatos en esa ciudad con tal de obtener un acuerdo más amplio de cara a las elecciones a gobernador. "Festejo la madurez política de Pro, porque a la gente le interesa la gestión, los hechos que le mejoran la vida", dice el intendente mendocino en diálogo telefónico con LA NACION.

Al igual que Bruera, Suárez parece tener rivales débiles. El kirchnerismo, los demócratas y la izquierda serán sus rivales en las internas y las generales

El apoyo del macrismo es, para él, tan importante como el de los verdaderos "dueños" de la UCR mendocina: Julio Cobos , Ernesto Sanz y Alfredo Cornejo, el candidato "de todos" para intentar destronar al PJ en octubre. Enojado está lo que queda de los leales a Fayad, que supo construir una sólida relación con la presidenta Cristina Kirchner, traducida en fondos para obras de infraestructura durante sus largos años al frente de la intendencia, mientras peleaba a diario con los otros referentes de la UCR local.

"Mi gestión es una continuidad de la de Fayad, seguimos adelante con la obra pública y le agregamos algunos puntos más de contacto con la gente", dice Suárez, que al entrar al gobierno, y como titular del concejo deliberante, era desconocido por la mitad de los mendocinos.

Apeló al manual del buen intendente: asfaltado de calles, cambio de cañerías y cloacas, extensión del plan de limpieza ciudadana, 100 cámaras de seguridad urbana. Una curiosidad: ante el reclamo de los vecinos de la exclusiva Quinta Sección, dispuso el cierre de locales bailables en avenidas transitadas.

Al igual que Bruera, Suárez parece tener rivales débiles. El kirchnerismo, los demócratas y la izquierda serán sus rivales en las internas (22 de febrero) y las generales del 3 de mayo. Sus cartas, a estas alturas, parecen ser óptimas, aunque en la vida del intendente los imponderables, y las crisis, son moneda corriente.

Colaboraron Germán de los Santos, Pablo Mannino y Ramiro Sagasti

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