Jorge Cohen: "Dejé de ser víctima y me transformé en testigo"

Jorge Cohen: "Dejé de ser víctima y me transformé en testigo"
Jorge Cohen: "Dejé de ser víctima y me transformé en testigo" Fuente: Archivo
Jaime Rosemberg
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17 de marzo de 2020  • 10:21

La bomba que explotó en aquella tarde del 17 de marzo de 1992 sacudió para siempre la vida de Jorge Cohen, el por entonces encargado de prensa de la representación israelí en Buenos Aires. Como un repetido ejercicio de sana catarsis, Cohen se transformó desde entonces, junto a contados familiares y sobrevivientes, en un símbolo público de aquellos empleados de la embajada de Israel que vivieron para contar la tragedia y recordar, a cada paso, a sus compañeros muertos. Los fantasmas, como él dice, lo siguen acompañando 28 años después, pero con una diferencia: de víctima pasó a ser testigo. "Porque la víctima es una foto en blanco y negro, estática. Y los testimonios, contar lo que nos pasó, la hacen a esa foto salir de esa quietud", afirma.

-¿Cual es el primer recuerdo que le viene a la cabeza en relación a aquel 17 de marzo?

-Tantos... puedo recordar un momento preciso: el instante en que escuché el retumbe de la explosión ahí mismo, al lado nuestro, arriba, abajo, seco, rotundo. También cuando me tiro de la ambulancia, luego de forzar y abrir las puertas traseras con los pies: no sabía quién la manejaba. El humo y la tierra flotando en esa esquina, ese olor a pólvora que aún siento a veces, mi cabeza ensangrentada, las sirenas -sí, las sirenas- que también vuelven y vuelven. Los segundos anteriores a los que el edificio, con nosotros adentro, volara por el aire. La voz de Marcela, que comía una fruta, la sonrisa de Eliora, esa sonrisa y esa voz quedarían bajo los escombros en esa tarde calurosa que cae sobre la calle Arroyo.

-¿Como se sobrelleva el peso de lo que ocurrió?

-Después, sí importan los después, puedo decir que los fantasmas me persiguieron. Me habían dicho que era un fantasma de tierra y sangre, mirando sin mirar, ese 17, en la esquina de Suipacha y Arroyo. Lo fui, sí. Lo soy y lo seré. Fui una víctima. Pero tenía que dejar de ser una víctima para ser un testigo, porque la víctima es una foto en blanco y negro, estática. Y los testimonios, contar lo que nos pasó, la hacen a esa foto salir de esa quietud. Hice lo mismo que hace un montañista al escalar; cada tantos pasos mirar hacia atrás, para tener como referencia el punto de partida. Pude, pese a mi dolor personal y el recuerdo de mis compañeros asesinados, poner la tragedia en mi bolso y seguir caminando.

-¿Cómo cambió su vida aquel episodio?

-Yo te diría que son casi dos vidas distintas. El atentado fue un 17 de marzo pero se extendió en el tiempo. Como dije antes, metí la tragedia en mi bolso y seguí caminando, hasta hoy. Y una mención: mi hija Malena nació varios años después del atentado, pero habla de mis compañeros muertos como si los hubiera conocido.

-¿Cree que la sociedad argentina lo acompañó en estos años?¿Y los respectivos gobiernos que pasaron desde entonces?

-Es muy difícil, me parece, responder acerca de colectivos tan amplios, tan abarcativos, tan diversos, como "la sociedad argentina". Puedo mencionar que en casi cualquier ámbito el tema genera preguntas e interés por escuchar el testimonio de alguien que estuvo allí. Lo vivo a diario. Y los acompañamientos incondicionales de mi familia, de mis amigos, y el de la prensa, que sostiene la memoria. Memoria que nos permite seguir construyendo futuro para los próximos pasos como el montañista. Quiero decir, sí, que cada 17 de marzo recibo saludos de cumpleaños, aún de personas que no conozco. Nos recibieron quienes en su momento fueron nuestros presidentes, Cristina Kirchner y Mauricio Macri, incluso Fernando de la Rúa vino a uno de nuestros actos. Siempre estaré agradecido por sus gestos de acompañamiento.

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