La Cancillería confía en que Fernández no frenará el acuerdo con la Unión Europea

Alberto Fernández
Alberto Fernández Fuente: LA NACION
Horacio Reyser dijo que el rechazo del candidato fue parte de la retórica de campaña
Alan Soria Guadalupe
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10 de octubre de 2019  

El Gobierno cree que ante un eventual gobierno de Alberto Fernández la Argentina avanzará en la aprobación y puesta en vigor del acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea.

Así lo dijo ayer el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Horacio Reyser, quien consideró que el rechazo que manifestó el candidato presidencial fue propio de la campaña electoral.

"Lo tomo en el contexto de la elección. No es una tragedia. Confío en que nos vamos a dar cuenta de que vivir cerrados en el mundo de hoy es imposible", dijo el funcionario, al exponer en el Rotary Club, en el ciclo "Hacer por la Argentina".

Si bien en la Cancillería aseguran que todavía no hubo contactos entre los equipos macristas y del Frente de Todos para tratar este tema, en caso de que haya un cambio de gobierno el 10 de diciembre descartan que el kirchnerismo evalúe dar marcha atrás con el pacto anunciado en junio y que el presidente Mauricio Macri enarbola como un logro de su gestión.

En la cartera que conduce Jorge Faurie señalan que una postura contraria al acuerdo generaría más costos que beneficios para el país. El pacto, que estará en revisión legal y traducción hasta marzo aproximadamente, deberá ser aprobado por todos los parlamentos, por lo que el impulso que le dé o no un gobierno de Fernández se verá en el Congreso.

En caso de que no se trate el proyecto, la Argentina quedará detrás de otros países del Mercosur que sí lo aprueben y comiencen a comerciar con quita total o gradual de aranceles hacia Europa. Se trataría, según el macrismo, de una pérdida notable de competitividad. En el último encuentro de líderes del bloque, en Santa Fe, se decidió que el acuerdo podrá entrar en vigor provisional de manera bilateral si se demoran los procesos legislativos en los países miembros (la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay). Del mismo modo, se ve improbable que el kirchnerismo plantee cambios en la letra del acuerdo, pues el texto se acordó en detalle entre todas las partes. La negociación duró, con interrupciones, 20 años.

Se espera que el pacto comience a entrar en vigor a partir de fines de 2020, pero su aplicación total podría demorar más de 15 años. Según lo negociado entre los sectores sensibles de Europa y el Mercosur, como el agro, los aranceles de algunos productos demorarán años en liberalizarse, mientras que otros, como la exportación de productos de la pesca, se liberalizarán apenas entre en vigor el pacto. Hoy, el sector paga un arancel del 15 por ciento. No sucederá así con cítricos -cuyo arancel llega al 30%-, que demorarán en liberalizarse entre siete y diez años.

El futuro del acuerdo será uno de los temas más relevantes que recibirá Fernández como herencia de Macri en política exterior. Hasta ahora, el candidato opositor se mostró reacio a avanzar. "No queda claro cuáles serían los beneficios concretos para el país. Pero sí queda claro cuáles serían los perjuicios para nuestra industria y el trabajo argentino. Un acuerdo así no genera nada para festejar, sino muchos motivos para preocuparnos", dijo en junio último. El candidato a gobernador bonaerense Axel Kicillof, en tanto, había calificado al pacto de "tragedia".

El kirchnerismo se sumó al grupo de sectores de cada país negociador que advierten por el impacto negativo que el acuerdo podría generar en las distintas industrias nacionales por la liberalización del comercio.

"Hay gente que queda contenta y gente que queda descontenta. Es normal cuando el acuerdo representa más de 100.000 millones de dólares de comercio. Va a generar resistencias, pero eso no impide que sea una herramienta que, en este contexto internacional de tensiones, pueda dar una señal de que nosotros la defendemos", subrayó el secretario ayer.

En respuesta a los reparos del kirchnerismo, Reyser advirtió que el acuerdo requerirá una nueva discusión sobre el marco de competitividad que se le quiera dar a la Argentina. "Si nos quedamos de brazos cruzados, claro que es una amenaza. Pero tenemos que unirnos detrás de un proyecto común que es beneficioso", dijo.

El acuerdo también generó tensiones en países europeos como Francia y Austria, que plantearon dudas acerca de la aprobación del proyecto en sus parlamentos. Para Reyser, el tiempo que queda para la aprobación deberá ser utilizado para "trabajar políticamente" entre los "líderes de ambos bloques" para revertir las posiciones.

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