
La cohabitación política comenzó de hecho y en forma espontánea
Mientras caían las bolsas del mundo, la coalición opositora mostró cautela
1 minuto de lectura'
Se habló mucho, antes de las elecciones, de la eventual cohabitación entre Gobierno y oposición si se producía un resultado desfavorable para el oficialismo.
Esa palabra -cohabitación- se hizo conocer en la política en Francia, cuando, al final del primer gobierno del socialista Francois Mitterrand, la oposición liderada por Jacques Chirac ganó las elecciones de renovación parlamentaria. La misma situación se reprodujo en el segundo gobierno de Mitterrand y por tercera vez este año, con Chirac como presidente, cuando es el socialismo el que tiene la mayoría parlamentaria.
Curiosamente, después del domingo último casi no se oyó hablar de esa palabra en la Argentina. Y, sin embargo, lo que acaso comenzó sin que nadie se diera cuenta, es una cohabitación de hecho que, por distintos motivos, conviene a ambas partes.
Hubo un desencadenante externo. Apenas horas después del domingo de gloria de la Alianza, la crisis bursátil mundial hizo sonar una alarma tan fuerte que su sonoridad tocó por igual los oídos de Gobierno y oposición.
Casi de inmediato, Roque Fernández hizo saber que había contado con apoyo de la oposición para apurar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que otorga al país un blindaje algo más grueso para resistir el embate del cambiante humor de los mercados mundiales.
Por su parte, José Luis Machinea -primera espada económica de la Alianza- hizo saber que la oposición da su apoyo al mantenimiento de la convertibilidad, una definición que firmó con un artículo propio en el suplemento económico de La Nación del domingo último.
Algo más que coincidencia
El martes, mientras caían todas las bolsas del mundo y los observadores argentinos miraban con especial preocupación la evolución, minuto a minuto, de la situación económica del Brasil, Adalberto Rodríguez Giavarini -jefe económico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y hombre "ministeriable" para un eventual gobierno de la Alianza en el ´99- dijo a La Nación que sería conveniente que Menem y Cardoso mantuvieran un diálogo permanente para hacer frente en común al temblor que viene de Asia.
Nadie puede saber si esa opinión llegó a oídos de Menem. Pero no es menos cierto que el Presidente llamó al día siguiente a Cardoso por teléfono para intercambiar opiniones sobre la marcha de la situación económica.
Es en esa coincidencia de actitudes dominadas por la racionalidad donde se ubica el campo fértil para una cohabitación de hecho.
De allí surge también un dato muy alentador de la evolución política moderna de la Argentina. Como en todas las elecciones anteriores, la tendencia dominante en el electorado apunta a fortalecer más moderación y más diálogo de fondo sobre ciertos temas clave, así como un permanente respaldo a opciones que se encuentran mucho más cerca del centro que de los extremos de las propuestas ideológicas. Sobre esa ola ganó Menem sus elecciones victoriosas y sobre la misma tendencia logró convencer esta vez la Alianza a vastos sectores independientes.
También se habló bastante de lo que muchos llaman erróneamente "el teorema de Baglini" -más cercanía al poder equivale a mayor responsabilidad en las propuestas- y que es, en realidad, un viejo axioma de la ciencia política cuyo autor es el teórico italiano Giovanni Sartori. Se explicaría de ese modo que la Alianza ha acercado su discurso económico al de la realidad de estos tiempos porque intuye que se ha acercado extraordinariamente a la oportunidad de ser gobierno.
Doble conveniencia
Como reflejo político de las coincidencias para enfrentar el problema externo, hubo también varias declaraciones llamativas de los principales dirigentes políticos de la Alianza, con Graciela Fernández Meijide a la cabeza, sobre la voluntad de "ayudar a que este gobierno termine bien su mandato".
Hay una conveniencia obvia para la oposición: un gobierno de Menem que complete razonablemente sus últimos dos años establece un umbral inmejorable para un eventual gobierno aliancista de 1999 en adelante que podría dedicar sus ideas propias sobre educación, justicia o mejor redistribución sobre una base económica sólida.
Hay, además, una diferencia de importancia con el caso francés, en el que la cohabitación siempre fue difícil porque el sistema político parlamentario divide en jefe del Estado y jefe de gobierno las principales tareas ejecutivas: en el sistema presidencial argentino, las responsabilidades ejecutivas continúan bajo responsabilidad del presidente. Y a una oposición que ve crecer su capital electoral le resulta doblemente atractivo que su principal rival político -Menem- pierda popularidad, pero sin dejar de administrar lo mejor posible en lo que le queda de mandato.
Así debe entenderse ese deseo de Meijide y de Alvarez -ver reportaje a éste último en La Nación de ayer- sobre el deseo de "buen final de gobierno" para Menem.
Reacomodamientos
El Presidente, que perdió la oportunidad de admitir con hidalguía la derrota inmediatamente después de la elección, también parece haber acomodado luego un lenguaje moderado ante la nueva realidad política. También a él le conviene una cohabitación razonable para consumar las principales reformas pendientes. En algunas de ellas, incluso, parece hoy observar posiciones más afines al esquema económico en la Alianza que en muchos parlamentarios peronistas más cercanos a Duhalde, sin ninguna duda el principal perdedor del 26 de octubre.
La cohabitación no significa, de todos modos, una coparticipación en decisiones de gobierno. Por cohabitación no debe entenderse necesariamente un acuerdo o un consenso amplio -algo que sería utópico-, sino, especialmente, un clima y un estilo de diálogo y aun de discusión.
Si algo de eso aparece en la Argentina posveintiséis de octubre, la consolidación del sistema democrático puede registrar un pequeño gran paso adelante .
1
2El lujoso y extraño hotel de Toviggino: sin huéspedes y a disposición sólo del negocio del fútbol
3Una ex Gran Hermano aseguró haber sido novia de Alberto Fernández y que la ayudó a gestionar licitaciones de Procrear
4Once gobernadores y un encuentro a puertas cerradas con inversores extranjeros: la “competencia” por el mejor vino y el alineamiento con Caputo



