La estrategia de Alberto Fernández para licuar el poder de Cristina Kirchner

Laura Di Marco
Laura Di Marco PARA LA NACION

Editorial de Laura Di Marco en "La Trama del Poder", por LN+

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13 de diciembre de 2019  • 18:26

A continuación, sus principales conceptos:

  • Si algo dejó en claro esta semana es que Alberto Fernández no es Cristina Kirchner, aunque él se empeñe en decir lo contrario. Alberto y Cristina son dos proyectos políticos diferentes y esta separación puede expresar la identidad, la sintonía o el pulso de esta nueva etapa. Alberto Fernández puede hablarle al 40 por ciento que no lo votó, los incluye. Cristina Kirchner está ofendida con quiénes no la votaron y no solo los expulsa en su discurso sino que los ofende. Por momentos, el Presidente recuerda a esas parejas donde uno de los miembros, que depende emocionalmente del otro (en su caso, depende políticamente porque los votos son de ella), tiene que hacer tantas concesiones que termina deformándose para agradar al otro. Por momentos se deforma -como cuando habla de linchamiento mediático, por ejemplo, una frase que no es suya-, por otros vuelve a su eje. Vuelve a ser él.
  • Si alguien le marcó la cancha a Cristina Kirchner esta semana fue Alberto. Lo hizo con mucha inteligencia y sutileza, pero lo hizo. Te muestro por qué. En el discurso ante la Asamblea Legislativa, ella no tenía idea sobre qué había escrito, lo espiaba de costado. Allí habló de " globalización" y de la necesidad de no encerrarnos en nosotros mismos, un concepto detestado en el mundo K. Habló de Sarmiento, una figura odiada e insultada por ella y toda la tradición nacionalista. Reivindicó a Esteban Righi y se emocionó al evocarlo. No fue inocente esa evocación. Righi era Procurador General de la Nación en 2012. Una figura emblemática de los '70, que se vio obligado a renunciar cuando el vicepresidente Boudou, complicado en el caso de Ciccone, lo embarró públicamente. Cristina le soltó la mano. Alberto lo mostró como su maestro. Habló de transparencia en la obra pública en la próxima etapa, en obvia alusión a la corrupción de la etapa anterior. Criticó los 9 mil millones que Macri gastó en cuatro años en pauta oficial. Cristina gastó esa misma cantidad, pero en un solo año: 2015.
  • Aquí vienen las concesiones a ella y la transfiguración. Prometió desterrar los sótanos de la política: esa asociación insana entre Justicia y servicios de inteligencia que el kirchnerismo usó y llevó a su máxima expresión. Habló de una reforma a fondo en la Justicia: ¿reforma genuina o movida para garantizar la impunidad de ella? Como me decía Mario Negri esta semana. "Cuando se refirió a la reforma de la Justicia, Alberto habló de un "Nunca Más", pero el Nunca Más en derechos humanos se usó para el fin de la impunidad, no para garantizarla. Pongo sobre la mesa este nombre: Juan Martín Mena, un hombre muy ligado a Cristina Kirchner. Mena es un ex espía, estuvo en la AFI del cristinismo y es considerado un operador judicial de esos que Alberto Fernández quiere desterrar. Mena fue designado como número dos en el Ministerio de Justicia.
  • Las transfiguraciones del nuevo presidente. En Plaza de Mayo Cristina Kirchner usó una frase que copió en su esencia de Eva Perón. Le recomendó a Alberto que tenga fe en su pueblo, que es el que escribe la historia. Felipe Pigna cuenta que esa misma recomendación le dio Evita a Perón en sus últimos días de vida. "Confiá en los pobres, ellos nunca te traicionarán". El problema con la funcionalidad de esa frase es que tiene casi 70 años y hoy el mundo es otro. Cristina habla de "pueblo", no de ciudadanos.
  • Alberto habla de respeto a la diversidad, al otro que piensa diferente, mencionó varias veces a Raúl Alfonsín en su discurso, tal vez sueña en seducir a los radicales de la coalición opositora. El presidente quiere ponerle fin a la grieta y ese deseo suena genuino. Pero se deforma hacia el cristinismo cuando dice eso y a la vez sostiene que, cuando el peronismo no está en el poder, vienen "los de siempre": los que endeudan a al país, benefician a sus amigos y representan intereses de los poderosos. Una frase que ofende a los millones de argentinos que votaron esa supuesta opción "cipaya".
  • Esta semana se puso en marcha del Consejo Federal Argentina contra el Hambre. El Presidente pretende que esa iniciativa marque a fuego el primer tramo de su gestión. El ministro de Economía Martín Guzmán tiene previsto enviar al Congreso un proyecto de declaración de la emergencia económica que será tratado en las sesiones extraordinarias en el Congreso. Y Ginés González García reflotó el protocolo para acceder al aborto legal en la Argentina, en la línea del que había armado Rubinstein antes de renunciar. Este año, a diferencia de los últimos cuatro, enero promete ser muy intenso y caliente en información política.

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