La gobernadora rompe el molde y muestra diferencias con Macri

Nicolás Balinotti
Nicolás Balinotti LA NACION
Petrocini y Baradel, ayer en la reunión con los ministros
Petrocini y Baradel, ayer en la reunión con los ministros Crédito: Santiago Hafford
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28 de marzo de 2019  

María Eugenia Vidal se diferenció de Mauricio Macri para cerrar el conflicto docente , que se extiende desde hace un año y medio y que nubló su gestión durante 2018, con 29 huelgas y más de cuatro millones de alumnos afectados. Con tres paros, 2019 amenazaba repetir las postales de aulas vacías.

La gobernadora bonaerense evitó mantener la tensión con los sindicatos y cortó ayer por lo sano, con una salida que en la Casa Rosada no cosechó apoyo incondicional: ofrecerles a los maestros un aumento salarial en línea con la inflación de 2019 y un pago adicional de 15,6 por ciento en dos cuotas por la caída salarial registrada el año pasado. Es decir, Vidal apeló a la cláusula gatillo, que es de ajuste automático, y reconoció que el 32% otorgado en 2018 fue insuficiente.

El ministro de Trabajo y la Producción, Dante Sica, quedó descolocado porque hace equilibrio entre los gremios y los empresarios, justamente, para no validar lo que propuso ayer Vidal.

Hasta la semana pasada, Sica no estaba dispuesto a habilitar la cláusula gatillo, que ajusta automáticamente los salarios acorde con la inflación. Sí, en cambio, medió para dar luz verde a paritarias "cortas", de tres a seis meses, con compromisos de revisión. Un atajo para dilatar los conflictos.

Para el Gobierno, los gremios y los empresarios se abre ahora un nuevo escenario salarial, sin otra pauta de referencia que la de la inflación.

Vidal exploró una salida urgente. Sin proyecciones certeras sobre la inflación y con el dólar en alza, el ofrecimiento a los docentes se aproxima a lo ideal, ya que los maestros se garantizan, al menos, un empate contra la inflación. Un dato que no es para nada menor: ninguna paritaria, ya sea del sector público o privado, le ganó a la suba de precios en 2018. Y fueron muy pocos los sindicatos que empataron: bancarios, aceiteros, el personal no docente de la enseñanza privada y los pilotos de Aerolíneas Argentinas.

El ofrecimiento de Vidal encierra también una lógica electoral. Tal vez relativizando los coletazos de la crisis económica, en el laboratorio oficialista identificaron al gremialista Roberto Baradel como el rival ideal para levantar a Vidal en las encuestas. "Es el Aníbal Fernández de 2015", comparó un asesor de la gobernadora, entusiasmado con una eventual polarización con el kirchnerismo.

Sin embargo, en los focus groups comenzó a encenderse una luz de alerta: cada vez son más las personas que emparentan la gestión provincial con el conflicto docente. No es bueno para ningún político que la primera asociación del hombre cualquiera sea con un problema. En esta lógica se entiende la rápida solución que buscó Vidal al ofertar un aumento salarial que se ajuste trimestralmente de acuerdo con la inflación y reconocer un 15,6% de lo perdido en 2018, cuando se les otorgó a los docentes un aumento de 32 por ciento.

Tras el apretón de manos con los docentes, Marcelo Villegas, el ministro de Trabajo bonaerense, deberá contener los reclamos salariales de los trabajadores estatales, médicos, policías y judiciales. Se descarta que ellos también pedirán un aumento en línea con la inflación. Sucedería lo mismo, incluso, con otras actividades.

Así, con la economía crujiendo y la presión del Fondo Monetario Internacional para lograr el déficit cero, el telón del conflicto docente bonaerense, que amenazaba ser eterno, abrió un nuevo debate en la recomposición salarial en el que el termómetro electoral será determinante.

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