
La historia de Mazzón, o el drama del PJ
Uno de los principales operadores políticos para las próximas elecciones no logra encontrar candidato
1 minuto de lectura'
Por primera vez en sus veinte años como operador político del peronismo, Juan Carlos Mazzón se enfrenta a un problema imposible: experto en construir poder político para un líder, esta vez lo hace... para nadie.
En teoría, su ubicación geográfica actual, como jefe de la Unidad Presidente, es la perfecta coronación de su carrera: en un salón bellamente decorado, se sienta frente a un amplio escritorio de roble de cara a la puerta del despacho presidencial.
El problema es que el líder del otro lado de la puerta es provisional y Mazzón, en estas semanas frenéticas de lucha interna en el PJ, arma y desarma sin saber quién se beneficiará finalmente de sus hábiles esfuerzos. Su misión es que el peronismo conserve el gobierno nacional. Pero, ¿qué peronista?
"Cuando me pongo la camiseta de Boca, no juego para River", comentó a un visitante reciente. Hoy lleva la camiseta de Duhalde. ¿Cuál vestirá cuando éste abandone su cargo?
Por el momento, acumula por la negativa: contra Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá. En sus cálculos, ninguno de ellos, por razones distintas, garantiza una continuidad del PJ en el poder y éste, su dilema, es también el de la fuerza política con más posibilidades para las próximas elecciones. De él se derivan todas las escaramuzas, trampas y zancadillas recientes.
Mazzón pertenece a esa clase de hombres, minoritaria dentro del mundo de los políticos, que no tiene aspiraciones de liderazgo. Fue jefe una sola vez, a los 30 años, cuando condujo en Mendoza un grupo alineado con Guardia de Hierro, sector nacionalista de derecha del PJ. Su militante dilecto era José Luis Manzano, a quien en 1983 cedió su puesto en la lista de diputados nacionales ("yo soy el que arma las listas, no el que las integra", ha dicho).
Fue el "operador" de Manzano en la presidencia de la Cámara de Diputados. En 1988, integró la corriente "renovación" del PJ, que llevó a Antonio Cafiero como precandidato a presidente. Menem, que venció a Cafiero, rescató desde el poder a los renovadores que podían serle útiles. Mazzón entró en la Casa Rosada por Eduardo Bauzá, operador dilecto de Menem, a quien conocía de Mendoza.
Desde entonces trabajó para Menem -por intermedio de sus sucesivos jefes Bauzá, Manzano y el ex ministro del Interior Carlos Corach-; para Carlos Ruckauf, cuando éste llegó a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, y para Duhalde (vía el secretario general de la presidencia, José Pampuro) desde que es presidente.
Entrenado en el arte de pasar inadvertido, rompió con Manzano en 1994 porque el ex ministro, que había abandonado el gobierno entre acusaciones de corrupción y vivía en Estados Unidos en un virtual exilio, se negó a recuperar un perfil más bajo que le permitiera regresar a la política pública. Manzano, hoy fuerte en los negocios, había elegido otra vida.
Luego rompió con Menem, en plena guerra entre éste y su ministro de Economía Domingo Cavallo: de la mano de Guillermo Seita, operador político de éste, pasó de un bando al otro. Hoy es uno de los principales operadores políticos del duhaldismo para evitar la realización de las elecciones internas que pretende Menem.
¿Volvería Mazzón a ponerse la camiseta de Menem? El principal problema no es sólo la manifiesta enemistad entre Duhalde y Menem, sino que en todos los escenarios posibles que arma Mazzón para las próximas elecciones generales Menem resulta derrotado en una segunda vuelta.
Tampoco vestirá la camiseta de Rodríguez Saá, porque éste no representa una continuidad del PJ al que ha servido Mazzón: no perdona a Duhalde haberlo desplazado del gobierno y significa, por el momento, la total falta de garantías a futuro. Enrique Rodríguez, operador político del candidato, sugirió por qué a LA NACION: "Rodríguez Saá no es una persona de revancha. Ahora: no va a ser condescendiente con ningún acto de corrupción".
No sólo Duhalde teme por su futuro en un posible gobierno de Rodríguez Saá: los dirigentes del PJ recuerdan que éste barrió con los cuadros intermedios del partido en su provincia, San Luis, y los reemplazó por leales empleados jóvenes.
Así las cosas, Mazzón vive en la incertidumbre. Apenas se aferra a la ilusión de que el líder soñado, Carlos Reutemann, acepte competir para presidente luego de haber dicho cien veces que no. "Yo sigo esperando, pero ya no sé si es que hay alguna posibilidad o es pura esperanza", se lamenta en privado.
Luchar por el poder sin candidato, evitar que gane Menem sin poder calcular quién se beneficiará de su derrota: Mazzón es prisionero del juego que ha jugado toda la vida, ahora sin premio a la vista. Sólo puede seguir adelante, embistiendo a ciegas, como el peronismo.
Perfil
Juan Carlos Mazzón
- Pese a su desagrado por los cargos de exposición pública, aceptó el de jefe de la Unidad Presidente, ocupando un despacho junto al de Eduardo Duhalde. Llegó allí por su estrecha relación con José Pampuro, su antecesor en ese sitial y hombre del círculo íntimo del Presidente.
- Es un viejo operador político del peronismo, con relaciones en todos los sectores del partido y buen vínculo con el radicalismo. Se caracteriza por ser un componedor y actuar con lealtad a su líder de turno. Su vocación es que el PJ permanezca en el poder.





