Las PASO se vuelven una obsesión para Macri y el kirchnerismo

En ambos bandos consideran que tendrán un efecto decisivo por la polarización; para el Gobierno una derrota exigua sería descontable en octubre; el peronismo apunta a definir en la primera vuelta
(0)
30 de junio de 2019  

La campaña se les echó encima a Mauricio Macri y a Alberto Fernández . El tortuoso camino hacia la inscripción de sus candidaturas presidenciales expuso sus debilidades -de distinto origen, pero evidentes- y la temporada de cierre de listas los obligó a lidiar con las contradicciones de sus armados políticos.

Tienen todo por hacer y apenas 40 días para un duelo que marcará su destino. En los dos comandos que se disputan el poder crece la convicción de que las PASO del 11 de agosto tendrán un efecto decisivo, que los obliga a recalcular la estrategia y ajustar su discurso de cara a esas elecciones en las que no se elige nada.

Con la polarización extrema, y en vías de acentuarse, se diluye la idea de que las primarias actúan como una megaencuesta que únicamente sirve para calibrar planes de campaña y orientar el voto útil. Esta vez, el resultado de agosto puede disparar consecuencias irreversibles.

El Gobierno asume que corre de atrás. Las PASO lo privan del tiempo que necesitaría para exhibir algún repunte económico que permita suponer el fin de la crisis. Le añaden un peligro latente: ¿cómo reaccionarán los mercados el lunes 12 si el escrutinio coloca al kirchnerismo muy por encima de Macri?

La respuesta la conocen en el Gobierno y en el Instituto Patria. Podría ser el fin de la estabilidad cambiaria que le permitió tomar aire al Presidente, rescatar su candidatura de la amenaza del "plan V" y arrancar la campaña con tono competitivo. Otra corrida del dólar podría sellar la suerte del oficialismo.

Ese riesgo llevó a algunos a alucinar con la idea de suspender las PASO. El proyecto nunca tuvo opciones serias de avanzar. Quienes más lo agitaron fueron los radicales mendocinos de Alfredo Cornejo, deseosos de quitarse de en medio una elección nacional molesta en agosto cuando todavía les falta completar, en septiembre, el proceso electoral de su provincia.

En la Casa Rosada están convencidos de que, aunque incómodas, las primarias son vitales para el plan de reelección. Sobre todo, por el efecto que podrían tener en Buenos Aires, donde María Eugenia Vidal enfrenta a Axel Kicillof y el aparato del PJ sin beneficio de ballottage.

"Las PASO son para nosotros la primera vuelta", dicen cerca de la gobernadora. Perder por poco en agosto contra el kirchnerismo en Buenos Aires puede acercarle en octubre los votos que le faltan desde simpatizantes de terceros partidos.

Miguel Pichetto, el vice contratado para contagiar de peronismo a Cambiemos, es quien más alerta sobre la necesidad de enfocarse en las primarias. Lo preocupa la tendencia ciudadana a despreciar estas "elecciones inútiles", que es mucho mayor entre los votantes macristas, como se vio en 2015 y 2017. "Hay que sacar a la gente a votar. Les tenemos que explicar la importancia", suele decir el senador.

Con esa misma lógica propuso y ejecutó la maniobra para sacar de la cancha al economista José Luis Espert -que finalmente terminó en rotundo fracaso con la resolución de la Justicia Electoral que avaló su candidatura- y sugirió negociar para bajar a otros frentes del ala derecha del espectro político, como el que lidera Juan José Gómez Centurión.

"No corre más la idea de que si te sacan uno, dos o tres puntos en las PASO después los recuperás en la general", insisten en el comando macrista.

¿Qué es un buen resultado en agosto para Macri? En la Casa Rosada creen que hasta 5 puntos por debajo del kirchnerismo será un lugar de partida auspicioso. "Siempre que el resultado de Alberto y Cristina no empiece con un 4", aclara una fuente que se sienta a la mesa chica de Pro.

Es decir, si la fórmula Fernández-Kirchner no supera los 40 puntos y la diferencia es mínima, se interpretará -los mercados y los votantes- que la oposición no tiene margen de ganar en primera vuelta y que al oficialismo le queda cuerda para remontar entre octubre y noviembre.

Otro punto que marcan en el macrismo bonaerense: en las PASO los intendentes y gobernadores peronistas "juegan limpio" para ojear dónde están parados; en la primera vuelta, si la pelea viene pareja, se abre el reparto de "boletas cortadas".

Macri prepara su discurso atento a esa urgencia. No va a abandonar el eje "democracia vs. autoritarismo", en el que se siente cómodo para enfrentar a Cristina Kirchner. Pero gana lugar en su entorno la idea de elaborar un mensaje esperanzador que vaya más allá de la grieta.

Aún descubriendo un ecosistema extraño, Pichetto lo dijo en una reunión en la que se habló de la campaña. "A la gente hay que hablarle de economía. Se puede construir un discurso positivo, mostrar un camino de salida de la crisis. No podemos regalarle el escenario de la economía al kirchnerismo".

El dólar quieto ayuda. La inflación muestra una tendencia a la baja (dentro de la anormalidad argentina). Y el Presidente acumula insumos para esbozar una luz de futuro, como las cifras del superávit energético y, sobre todo, la firma del Acuerdo de Asociación Estratégica con la Unión Europea (UE).

Si en algún momento se pensó "esconder al monstruo" (la economía), ahora Macri parece dispuesto a entrar en la guerra de cifras. Una tarea arriesgada en un contexto dominado por la recesión, las cifras dolorosas del empleo y las de pobreza (la próxima medición será peor y se conocerá antes de las PASO).

Sí cree que debe cuidarse de las "trampas discursivas" del kirchnerismo. No hablará de "flexibilización laboral" o de "reforma previsional", aunque en sus planes figure intervenir en la legislación del trabajo y de las jubilaciones.

El estigma de Fernández

Alberto Fernández trabaja para exponer la foto de la crisis. Su dialéctica se enfoca en desmontar los datos optimistas hacia futuro que exhibe el Gobierno y denunciar la fragilidad de la economía de Macri.

Lucha en paralelo con el estigma de ser un candidato con poder delegado. Tiene que desterrar la idea de que Cristina controlará su gobierno -el cierre de listas le ahondó el problema- y conectar con votantes independientes. Es decir, romper el techo electoral que el kirchnerismo tenía hasta el giro sorpresivo de la expresidenta.

En su búnker dicen que manejan encuestas con diferencias de entre 6 y 16 puntos. Trabajan con una empresa extranjera (que por contrato les impide difundir su nombre, alegan). Creen que a Macri se le hará casi imposible remontar las pobrísimas cifras que tiene en el norte del país (un rosario de provincias que suman casi un tercio del electorado). Y confían en blindar a Buenos Aires. Pero no se recuesta en un triunfalismo bobo.

Fernández se obsesiona con las PASO. Suele contar que en sus días de jefe de Gabinete encargó un estudio sobre comportamientos electorales que reveló que el 8% de los argentinos votan a ganador, sin importar quién sea. Por eso, se preocupó tanto por sacar de la interna presidencial a Sergio Massa: dividir los votos del Frente de Todos lo exponía al riesgo cierto de no ser el candidato individual más votado y anular el efecto arrastre.

El sueño del kirchnerismo es ganar en primera vuelta. Esperan números más precisos para delinear la estrategia de campaña. La intriga que tienen es qué meta perseguir para lograrlo. ¿Deben apuntar a los votos que les faltan para superar los 45 puntos?, ¿o cristalizar lo que ya tienen, con la esperanza de sacar 40 y que Macri no llegue a 30? Un plan implica jugar a la moderación; el otro, reforzar la identidad.

No definir en octubre sería entrar en zona de peligro. La barrera del 50% parece una cima todavía inalcanzable para un kirchnerismo que, pese a las transformaciones, se empeña en parecerse demasiado a sí mismo.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.