Los movimientos buscan formalizar su rol para no depender de planes

Máximo Kirchner y Juan Grabois exhibieron en público su sintonía
Máximo Kirchner y Juan Grabois exhibieron en público su sintonía Crédito: Hernán Zenteno
Fue el planteo que realizaron ayer en un evento del que participaron también Máximo Kirchner y Arroyo; prevén ser parte del futuro gobierno y que su trabajo sea reconocido en blanco
Agustina López
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17 de noviembre de 2019  

Quienes asistieron ayer a la presentación del " Programa del buen gobierno" en la Facultad de Medicina se habrán llevado un pantallazo de cómo el nuevo gobierno de Alberto Fernández quiere fijar la convivencia con los movimientos sociales, a los que muestra como aliados, y viceversa. También participaron ciertos interlocutores claves para negociar con los trabajadores informales: Daniel Arroyo, nombre puesto para ocupar el Ministerio de Desarrollo Social, y Máximo Kirchner, quien podría ser el puente del gobierno con estas organizaciones.

El evento contó con paneles en donde se expusieron las propuestas que las organizaciones sociales tienen para articular sus demandas con la dirigencia política. Se presentó un documento que contempla desde la labor que vienen realizando estas agrupaciones hasta ideas para nuevas políticas públicas.

Lo que quedó en claro, además, es que las demandas de los movimientos sociales ya no pasan por ampliar los planes de trabajo, sino por conseguir mayor institucionalidad para los trabajadores de la economía popular y ocupar roles de participación activa de sus dirigentes en el gobierno. Durante los últimos años construyeron un elemento de presión muy significativo en las calles y ahora buscan replicar su representatividad en el Estado.

"Necesariamente tenemos que construir movimientos sociales de unidad y de participación. Para resolver la pobreza hay que darles el poder a los pobres. Hay que construir programas que vayan más allá de la asistencia pública", expresó Rafael Klejzer, secretario de la CTEP Capital, en un panel que compartió con el secretario general del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, y con Arroyo.

Pérsico fue más allá y dio un ejemplo concreto de las demandas que tienen como trabajadores informales: "Queremos que nos pongan en blanco, queremos ser reconocidos". Parte de esta demanda se canalizará a través de la creación de un sindicato de trabajadores populares, que ya está en marcha. "Nosotros creamos nuestro propio trabajo, no estamos pidiendo algo que no hacemos. Nuestra primera conquista será poner en valor a estos trabajadores. Tenemos que construir poder desde el pueblo", sumó Pérsico.

El cierre del panel quedó en manos de Arroyo, quien dejó en claro que la alianza con los piqueteros es un hecho (cuánto durará es otra discusión) y que tendrán un espacio en el gobierno.

"Los movimientos sociales son parte de la economía y son parte de la solución. Tenemos una oportunidad porque ya arrancamos de mucha organización popular", expresó el diputado, que recibió una fervorosa ronda de aplausos durante todo su discurso. También adelantó dos medidas básicas que se plantearán para palear la crisis social y económica: generar una canasta básica accesible y microcréditos para las familias fuera del circuito bancario.

Además, Arroyo dejó entrever que gran parte del empleo formal que demandan las organizaciones provendrá de la construcción de viviendas y de actividades relacionadas con el cultivo, el reciclado urbano y la producción textil. "Hay mucha organización popular, hay una red. Estamos muy complicados y hay mucho para reconstruir, pero también hay mucho hecho y tenemos que fortalecer a los que lo están haciendo". Las palabras de Arroyo demuestran que, si es ministro, el diálogo con las organizaciones será más terso del que tuvo la actual ministra Carolina Stanley. Es una figura que cuenta con la aprobación de las organizaciones.

El cierre del evento estuvo a cargo de un panel que compartieron el dirigente de la CTEP, Juan Grabois, y Máximo Kirchner. Si bien esta parte del evento giró más sobre el repudio al golpe de Estado en Bolivia, se percibió gran sintonía entre ambos dirigentes: no faltaron las risas y los chistes mutuos.

En una breve charla antes del evento, Grabois contó a LA NACION que la invitación que se extendió a Máximo Kirchner no fue casual, sino que hay una idea de depositar en él un canal de demandas en el Congreso y también con el Gobierno. "Somos todos de la misma generación. Máximo representa una militancia que tiene un componente más de sectores medios y universitarios, como fue La Cámpora, y nunca se había podido hacer un bloque con ellos. Nosotros queremos tratar de proyectar para adelante y nos sentimos humana e ideológicamente cómodos. Creemos que Máximo puede ser un buen canal de comunicación, que tiene un rol importante que cumplir en el Congreso", explicó Grabois.

Para el cierre, Máximo apuntó contra el presidente Mauricio Macri. Aseguró que "no conoce a su propio pueblo, no conoce a quienes gobierna" y destacó el "buen trabajo de las organizaciones sociales" en estos últimos años.

"Seguiremos haciendo este trabajo, creo que este libro (el documento presentado durante la jornada) es una buena herramienta para debatir esa línea de trabajo. Tenemos el gran desafío de poner esta propuesta en marcha y dejar una Argentina mejor", cerró el diputado, cuya intervención fue muy festejada por la audiencia que lo escuchaba en el Aula Magna de la facultad.

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