Macri y Scioli: imágenes de la ecografía política de dos mellizos del menemismo
Con un origen político similar, los candidatos enfrentan el desenlace de una historia que dividirá sus caminos; la muerte del padre y ese gol que Scioli todavía no metió
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Todo empezó en un fértil 1997. El domingo 2 de febrero de ese año, en Posadas, Misiones, el entonces presidente de Boca, Mauricio Macri, expresaba por primera su intención de meterse en política. "Tengo solamente 37 años y me quedan muchos por delante. De manera que no puedo asegurar todavía lo que haré o dejaré de hacer, pero no lo descarto". Consultado sobre Carlos Menem, Macri dijo: "El que no se da cuenta de la transformación de la Argentina a partir de Menem es un miope. Todos los días vienen inversiones porque hay moneda estable y los servicios volvieron a funcionar después de épocas en que ni siquiera había luz".
Ahora mire, estimado lector, lo que publicaba LA NACION el domingo 15 de junio, también de 1997: "Frente a lo que será su estreno formal en la política, el precandidato a diputado nacional Daniel Scioli, que hoy se medirá en los comicios internos del PJ porteño con Miguel Ángel Toma, dijo que tiene la "conciencia tranquila" de haber puesto todo para ganar.
El hijo político del presidente Menem aseguró que si hoy no se impone en la puja interna, no abandonará su incipiente carrera política". Así lo expresaba: "El Presidente sabe que no arrugo y que lo seguiré apoyando".
¿Y? ¿Qué le pareció la ecografía? Ahí los tiene a los dos, mellizos del menemismo, cada uno en su placenta, juntos pero separados, compitiendo desde la panza. Dieciocho años después, uno de los dos hijos de empresarios de origen italiano, uno de los dos habitués de las páginas dobles de las revistas de peluquería, ambos resilientes de eventos trágicos de la vida (a Scioli se le dio vuelta la lancha, a Macri se le dio vuelta el padre), será elegido presidente, para, según se vio en la campaña, no profundizar el modelo.
Vamos a resolver la cuestión ideológica de un plumazo del periodista Bruno Bimbi, que hace unos días tuiteó: "Sí, en 1997 Macri dijo que los gays somos enfermos. Sí, en 1990 Scioli justificó la dictadura y elogió a las FFAA. Ambos cambiaron". ¿Sabe por qué cambiaron? Porque el mundo gira y la plasticidad ideológica es el insumo necesario para fabricar presidentes.
Pero Macri tiene resuelto un problema que Scioli no: Mauricio ya no tiene un jefe, en cambio Daniel convivió toda la campaña con las ambivalencias de su líder. Viendo que su proyecto corre riesgo y herida en su narcisismo, con los resultados de la primera vuelta Cristina salió a defender su creación y la de su marido: "Los invito a que cada uno piense por un instante cómo estaba en 2003 y cómo esta hoy, y que reflexione sobre qué fuerza política puede garantizar todo esto".
Pero, por el otro, jamás nombró a su candidato. ¿Acaso no lo apoyó? Sí, pero una cosa es apoyar y otra "investir". ¿Qué significa investir? Transferir el lazo simbólico y afectivo que la masa tiene con ella a él. (No es fácil para los líderes delegar el poder. Perón resolvió la ecuación de un modo brillante: "Mi único heredero es el pueblo". El pueblo son todos. Y todos es nadie.)
Esta relación ambivalente entre Cristina y Scioli planteó entonces una novedad: por primera vez en su historia, el kirchnerismo, que siempre se había vinculado con sus votantes a partir de la admiración e idolatría hacia Néstor primero y luego a Cristina, convocó por la negativa: el miedo. "Si no nos aglutina el amor a Scioli, pues que lo haga el terror a Macri."
Macri, el de la placenta vecina, un día decidió matar simbólicamente a Franco: "Si no me dejás ser presidente de Socma, voy a ser presidente de Boca y después de la Nación". ¿Y Scioli? ¿Fue capaz de desafiar y correr de su camino a las figuras políticas paternas a las que sirvió? Si mañana logra su objetivo y es elegido presidente, el manual de historia dirá que su estoicismo frente al maltrato de sus últimos padres políticos, los Kirchner, no mostraban temor sino temple. Y que no fue sumiso sino estratégico.
En cambio, si las urnas no lo favorecen, se hablará de una barrera psicológica que nunca pudo atravesar. Para decirlo en términos del futsal: Scioli, "el pichichi", hay un gol que todavía no se decidió a meter; tiene que hacerle un gol a Cristina, atreverse a derrotar a su líder. Si le sigue cuidando el arco al padre no se va a quedar con La Ñata sino con la ñata contra el vidrio.
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