
Menem y Frei firman el protocolo de los Hielos
En un nuevo paso por tratar de obtener la ratificación de los Congresos de los dos países, los presidentes se reúnen hoy en Santiago; fuertes críticas en el Sur
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Los presidentes de la Argentina y de Chile, Carlos Menem y Eduardo Frei, firman hoy a mediodía, en Santiago, el denominado protocolo adicional al acuerdo Menem-Aylwin de 1991 sobre los hielos continentales.
Este nuevo paso en el nivel presidencial es un intento más por obtener la ratificación parlamentaria, hoy particularmente difícil en la Argentina porque son numerosas las opiniones contrarias a la solución de una línea poligonal intermedia que por correr al Este de la frontera geográfica natural que siempre definieron los mapas geográficos argentinos cedería a Chile 1057 kilómetros cuadrados de terreno cubierto por los glaciares que constituyen la zona de hielo continental que se extiende sobre ambos países. Otra zona de hielo continental, más extensa aún, se encuentra inequívocamente en Chile ya que pertenece a la cuenca que cae al océano Pacífico.
Ayer, Menem exhortó nuevamente al Congreso a ratificar lo antes posible el acuerdo de 1991, tras la firma del protocolo adicional que pretende responder a quienes cuestionan que la poligonal dejaría en manos de Chile el control de la cuenca hídrica del río Santa Cruz. Hoy, poco antes de la partida, toda la cúpula parlamentaria oficialista fue citada a Olivos.
Por separado, una reunión de urgencia se efectuó anoche en la Cancillería, en la cual el ministro Guido Di Tella explicó en detalle a las autoridades justicialistas de Diputados las razones del acuerdo y el pedido de Menem por ratificarlo a la brevedad .
En la provincia de Santa Cruz, la firma del protocolo adicional produjo una generalizada reacción de rechazo. Hubo actos contrarios al acuerdo en distintos lugares de la provincia y un sobrevuelo de los hielos por parte del gobernador y autoridades provinciales.
Menem presionó al Congreso por los hielos
Apuro: el Presidente instó a los legisladores del PJ a que aprueben a el acuerdo sobre hielos continentales, lo hizo antes de firmar el protocolo adicional con Frei; los acuerdistas quieren sesiones el 26 y 27 de este mes.
El presidente Menem exhortó ayer al Congreso a que apruebe el acuerdo sobre hielos continentales, cuyo protocolo adicional suscribirá hoy con su par chileno, Eduardo Frei, en Chile.
Y el peronismo acuerdista del Senado decidió jugarse la que admite que será su última carta para intentar dar cumplimiento al pedido de su jefe: convocó a sesionar el 26 y 27 del corriente mes. No se trata de un dato menor, pues todo indicaba que las sesiones extraordinarias de este año, que concluyen el 31, no se extenderían más allá del viernes 20, pues los feriados de Navidad y de Año Nuevo caen justo en días de debate en el recinto.
Ahora, los diputados del PJ que viajen al interior para pasar la Navidad saben que deben volver al Congreso antes de despedir el año.
¿Por qué se convocó a sesionar esos días? Porque, si todo sale como Menem quiere, un dictamen de comisión favorable al acuerdo (tendría que salir no más allá de pasado mañana y el PJ afronta dificultades para conseguirlo) sólo podría ser llevado al recinto siete días hábiles más tarde, es decir el 23.
Si el oficialismo quisiera tratarlo la semana próxima, necesitaría de los dos tercios de los votos para sortear la exigencia reglamentaria de los siete días, cosa que aparece como bastante imposible, pues hoy ni siquiera tiene garantizado el quórum para comenzar a sesionar, aunque cuenta con mayoría propia de legisladores.
Los peronistas no dejan de hacer cuentas. Es que Menem apretó el acelerador a fondo y ordenó que anoche se reunieran con Guido Di Tella, en Cancillería, los máximos exponentes peronistas de Diputados:Alberto Pierri, presidente de la Cámara; Marcelo López Arias, vicepresidente; Jorge Matzkin, titular del bloque; Juan Carlos Maqueda y Eduardo Camaño, vicepresidente y vicepresidente 1° de la bancada oficialista.
Para hoy, a las 8.30, y antes de que Menem parta para Chile con varios de esos legisladores, a los que se sumarán los titulares de las Comisiones de Relaciones Exteriores del Senado y de Diputados, Eduardo Menem y Antonio Erman González, toda la cúpula parlamentaria peronista fue citada a la residencia de Olivos.
Insistencia presidencial
Menem no perdió ayer la oportunidad de defender, tanto el acuerdo que suscribió en 1991 con el entonces presidente chileno Patricio Aylwin como el protocolo que firmará hoy con el sucesor de este último.
Los dichos presidenciales tuvieron siempre como destinatarios al bloque de PJ: "Les pido que pongan lo mejor de sí para terminar definitivamente con los problemas limítrofes con nuestros hermanos chilenos", reiteró más de una vez el jefe del Estado.
Menem estará en Santiago apenas tres horas. El y Frei entienden que no hace falta más tiempo para suscribir un documento con el que, según dicen, se despejan todas las dudas que puedan surgir del acuerdo del 91.
Por ejemplo, el protocolo deja constancia que el arreglo de entonces no tendrá influencia ni vinculación alguna con reclamos de los países sobre la Antártida, que ambos gobiernos se comprometen a otorgar facilidades de acceso, tránsito y permanencia temporaria a la zona a turistas, deportistas y científicos; que se preservará el medio ambiente y que no se afecta el carácter de "punto indiscutido" de la frontera común que tiene el monte Fitz Roy, entre otros.
Cuando Menem retorne a Buenos Aires, pasará la posta a los legisladores del plenario de las comisiones de Relaciones Exteriores y de Defensa de Diputados, que aspira reunirse hoy, mañana y pasado para dictaminar sobre el asunto.
Todo indica que no será una tarea fácil. Como no lo será sentar en sus bancas a todo el PJ en el eventual caso de que haya un dictamen para ser votado.
Moderado optimismo
SANTIAGO, Chile.- Con la esperanza que despejará el rechazo o las reservas de los opositores más moderados al tratado de 1991 que delimitó Hielos Continentales (Campos de Hielo Sur), es mirado aquí el protocolo adicional que será suscrito este mediodía con la presencia de los presidentes Eduardo Frei y Carlos Menem.
"En este momento hay un ambiente favorable para la aprobación del Tratado de Campos de Hielo porque despeja las dudas que se habían planteado", dijo un funcionario de la cancillería.
Menem llegará al mediodía, copresidirá con Frei el acto en la Moneda, almorzará con su anfitrión y se embarcará de vuelta a Buenos Aires. En total, no más de 3 horas y media permanecerá en Chile.
El protocolo, que comenzó a gestarse hace varios meses pero que recibió un fuerte impulso hace un mes durante la Cumbre Iberoamericana, es esperado como la tabla de salvación del Tratado.
"Los críticos del Tratado no tendrán argumentos serios para continuar oponiéndose", comentó la fuente diplomática, que mostró su moderado optimismo.
Pero los detractores más recalcitrantes, como el senador Antonio Horvath, para quien es preferible un arbitraje que la ratificación del Tratado.
En el oficialismo el arbitraje es rechazado por el temor a que se produzca un fallo adverso como el de Laguna del Desierto, que fue otorgada en su totalidad a Argentina por el Tribunal Arbitral.
Aunque el protocolo puede acelerar la tramitación legislativa del tratado, no está claro aún que el oficialismo logre la mayoría suficiente para su aprobación en primer trámite en el Senado, donde está radicado. La oposición derechista y de senadores designados por el pasado régimen militar es mayoría en esa Cámara.
La comisión de relaciones exteriores, que preside el gobiernista Gabriel Valdés, inició la semana pasada algunos debates previos, como la revisión de la cartografía de los casi 2.400 kilómetros de Hielos Continentales en disputa.
Los mapas elaborados por el Instituto Geogáfico Militar resultarán otro elemento de respaldo del oficialismo al confirmar su similitud con la cartografía argentina.
La derecha más extrema reiteró su oposición al Tratado. El senador Hernán Larraín, de la Unión Demócrata Independiente, planteó que si el acuerdo de 1991 requiere de un protocolo adicional es "porque es un mal tratado y en lugar de emparcharlo, creo que debemos rechazarlo".
Buen propósito, mala solución
No hay razones para poner en duda las buenas intenciones de Carlos Menem y Patricio Aylwin en 1991 y de Menem y Eduardo Frei en 1996 por encontrar un punto final que cierre un largo siglo de discusiones territoriales entre la Argentina y Chile.
Es más: nadie, honestamente, puede criticar ese deseo que va de la mano de la buena relación entre gobiernos democráticos y de una integración creciente entre los dos países que muestra ya cifras de intercambio y de inversión mutua como nunca se habían registrado.
Pero son también demasiado sólidos los argumentos técnicos, geográficos y jurídicos que permiten afirmar que la solución de la línea poligonal es una opción que le hace pagar a la Argentina el precio siempre alto de una concesión territorial sobre la que falta aún una adecuada explicación formal del Gobierno a la nación.
Mala solución
Por lo tanto, la conclusión que gana terreno en muchos parlamentarios que hasta hace poco conocían el tema quizá superficialmente pero que en los últimos tiempos profundizaron el análisis ante la necesidad de pronunciarse por la ratificación o el rechazo, es la siguiente: el acuerdo entre los países es una cosa deseable, pero la solución elegida es mala.
Conclusión segunda: si se qiere preservar la idea del acuerdo Menem-Aylwin, pero con una solución más aceptable desde el punto de vista geográfico, lo lógico sería estudiar definitivamente el terreno entre ambos países en lugar de adoptar un criterio antojadizo y de excepción, que se aparta del principio tradicional de división de las aguas que rige exitosamente para la negociación fronteriza entre los dos países desde el tratado de 1881 y sus ratificaciones posteriores.
No es ésa la idea de Menem, sin embargo. El Presidente parece convencido de que el acuerdo es conveniente tal como está concebido pese a las dos grandes objeciones que plantean todos los expertos técnicos de los distintos institutos argentinos especializados (Academia Nacional de Geografía e Instituto del Hielo Continental Patagónico. entre muchos otros).
Primera objeción: no cabe duda geográfica alguna de que la poligonal corre muy al este de la división de aguas y, por lo tanto, se cede a Chile muchos kilómetros cuadrados de la vertiente atlántica de las aguas. Si la poligonal se hubiera trazado, por ejemplo, al norte del Fitz Roy, sobre la vertiente al Pacífico que es el hielo continental chileno (más del 80 por ciento del total del altiplano de hielo) resultaría inimaginable que Chile hubiera aceptado un acuerdo semejante.
Segunda objeción: adoptar la solución de esa línea poligonal arbitraria y que no respeta el principio geográfico de las altas cumbres que dividen aguas es, por más que en el protocolo adicional se diga que no, un riesgoso precedente para el futuro. Lo que se pretende como una solución definitiva puede ser mañana un foco de nuevas discusiones.
Explicación faltante
Es, acaso, admisible que el Gobierno crea de buena fe que las relaciones con Chile merecen de todos modos una concesión territorial por parte de la Argentina como demostración definitiva de su voluntad de superar cualquier disenso. Pero, en tal caso, hace falta hacer bien explícito tal criterio ante la ciudadanía y el Congreso antes del debate final para ratificar el acuerdo o no.
Hasta ahora, eso no ha sucedido. Es otro dato que hace pensar, con más fuerza todavía, que la solución de la línea poligonal puede ser un acuerdo imaginativo, original y voluntarista pero, de ningún modo, favorable a la Argentina en la defensa de su territorio.
Las disputas territoriales frente a la globalización
Gestos: tanto la poligonal de 1991 como el protocolo adicional son arreglos políticos, no técnicos; Menem y Frei apuestan a la integración, para lo que necesitan aventar posibles conflictos.
Cuando Menem y Frei suscriban hoy el protocolo adicional por los hielos continentales habrán dado el segundo paso político sobre el tema, en cinco años. El primero fue la línea poligonal, de la que nadie duda -ni acuerdistas ni opositores al arreglo- que fue más un gesto diplomático-político que una solución técnica para dar por terminado el debate.
A un lustro de esa controvertida traza, a la que algunos expertos llegan a tildar de "virtual", el gesto de hoy tiene, como no lo tuvo antes, un fin enimentemente práctico, a los ojos de ambos mandatarios.
Ayer, Menem fue claro. Dijo que la ratificación parlamentaria del acuerdo "dejará expedita la vía oceánica del Pacífico para todo nuestro comercio", que "hay que comprender que vivimos en otra época" y que "hay conceptos que se tratan con mayor amplitud para avanzar en el mejor bienestar de todas las comunidades del mundo".
Es decir, el Gobierno entiende que la globalización, como nueva realidad del capitalismo mundial, es hoy prioritaria, especialmente si se tiene en cuenta los avances que registra en ese sentido el bloque regional del Mercosur al que Chile acaba de incorporarse activamente.
En ese sentido, es claro el Presidente cuando expresa sus deseos para que "rápidamente" el Parlamento chileno apruebe el convenio de minería "que es muy importante para esta actividad que crece en forma sensacional en la Argentina".
Quien da acabada fe de ello es el senador sanjuanino José Luis Gioja (PJ), uno de los principales fogoneros del acuerdo por los hielos santacruceños. "De los yacimientos de Pachón y Lama hasta el Pacífico hay 140 kilómetros. Si tenemos que sacar lo explotado por el Atlántico son 1400 kilómetros, sin trenes ni caminos construidos", dijo Gioja a La Nación.
"No hay nada más importante que la integración", coincidió el diputado Juan Carlos Maqueda (PJ).
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