Murió Raúl Moneta, un empresario que aprovechó cada época política

Raúl Moneta
Raúl Moneta Fuente: Archivo
El banquero de 74 años murió anteanoche, tras una larga enfermedad; fue símbolo de la era menemista, pero enfrentó negocios y problemas judiciales con todos los gobiernos
Néstor O. Scibona
(0)
7 de junio de 2019  

Raúl Moneta perteneció a esa categoría de influyentes empresarios que, como los paracaidistas, se las ingeniaron para caer siempre bien parados ante cualquier gobierno de cualquier signo ideológico y encontrar oportunidades de hacer negocios, aunque no pocos terminaron en los tribunales.

La prueba es que cimentó su ascenso en los tiempos de la "plata dulce" de la dictadura militar; se consolidó durante el gobierno alfonsinista; se expandió con bancos en la época menemista, y -antes de su prolongada enfermedad- concluyó su vida activa con el manejo de un puñado de medios que en la era kirchnerista recibieron un generoso apoyo publicitario oficial.

En todas esas etapas incursionó además en innumerables negocios cuyo origen o consecuencia fue su estrecha relación con las figuras políticas y empresarias de mayor peso en cada época y gobierno. Uno y otros obtuvieron beneficios recíprocos. Ante sus íntimos, Moneta solía reconocer que en sus comienzos se especializó en estructurar sofisticados circuitos de lavado de dinero, muchos años antes de que ese delito ganara la primera plana de los diarios.

Una pieza clave de ese armado fue la financiera República, convertida en banco en los 80 y propiedad de su tío Benito Jaime Lucini, otro influyente financista de la época. Por esa entidad desfilaban también jóvenes operadores políticos (de la Coordinadora radical y peronistas), devenidos en prósperos hombres de negocios. Lo mismo ocurriría con varias figuras del entorno de Carlos Menem.

Otra de sus señas particulares fue hacer o devolver favores políticos con capitales cuyo origen propio o ajeno resultaba difícil determinar. Su extraña participación en el escándalo Ciccone-Vandenbroele-Boudou fue uno de los casos más cercanos, que concluyó con su procesamiento judicial.

Mucho más visible resultó su alto perfil en los primeros años de los 90. Moneta ganó notoriedad por su pasión por los caballos de crianza, la platería, la indumentaria y las costumbres gauchescas. Pero también por negocios que desembocaron en resonantes causas judiciales, otra de sus improntas. De esa época data su ingreso como socio en el CEI (Citicorp Equity Investments), favorecido por su relación con el entonces presidente de Citibank en la Argentina Richard "Gato" Handley, exrugbier y antiguo compañero de estudios en el colegio Saint George, de Quilmes.

Para entonces, el grupo Magna República accedió a la privatización de los bancos de Mendoza y de Previsión Social, tras una operación sospechada de favoritismo oficial. La gestión derivó en desvíos de fondos que culminarían con el cierre de ambas entidades en 1999, en medio de un escandaloso proceso con la destitución del juez de la causa.

Mientras tanto, el Banco Central obligó a un grupo de bancos locales a hacerse cargo de las 44 sucursales para evitar el quiebre de la cadena de pagos en la provincia. Previamente, y pese a que el Banco República había sido calificado en 1996 como "riesgoso" por el BCRA, el gobierno de Menem presionó para que el cierre de la convención de Adeba de 1997 tuviera lugar en la estancia La República, propiedad de Moneta, cerca de Luján.

La fastuosa fiesta, con casi 1000 asistentes, incluyó pruebas ecuestres y la actuación de Los Chalchaleros y Zamba Quipildor, tras el arribo en varios helicópteros de figuras como Menem, Domingo Cavallo y Michael Camdesus (FMI). La liquidación del Banco República se produjo en el año 2000, tras una discutida rehabilitación del BCRA para operar como mayorista, pese a que Moneta salió del país para no ir preso en la causa por los bancos mendocinos. Previamente, había transferido sus acciones del CEI a Thomas Hicks, un empresario texano amigo de George Bush padre que manejaba multimillonarios fondos de inversión y que años más tarde le iniciaría juicio.

Luego de ese "exilio" forzado, Moneta reapareció en el arranque de la gestión de Néstor Kirchner con el armado de sociedades para la compraventa de medios, el intento de apoderarse de empresas sin tener participación accionaria y causas judiciales cruzadas. De esa época datan la venta de Canal 9 a Daniel Hadad y, más tarde, la división de licencias de radios que, con el correr de los años y al igual que varias de sus revistas, recibieron avisos oficiales en una magnitud desproporcionada respecto de su audiencia o tiraje. Aunque el fallecido empresario nunca se declaró kirchnerista, su enfrentamiento con el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, por el control de Cablevisión, así como su alianza con el grupo mendocino Vila-Manzano, podría haber oficiado de salvoconducto.

La era K también marcó su expansión al sector petrolero (su empresa Raiser fue adjudicataria de áreas en La Pampa y Formosa) y la agroindustria (aceites y biocombustibles), más la exportación de embriones equinos y bovinos.

Quienes trabajaron para Moneta -tanto en sus campos como no pocos periodistas en sus medios- reconocen haber recibido un excelente trato, que contrastaba con su agresividad en los negocios y algunos extravagantes planteos judiciales. Cuando emprendía alguna operación intrincada, una de sus muletillas era echar en cara que negociaban con "un hombre de 4000 millones" (de dólares). No era un argumento difícil de creer, más allá de la forma con que amasó su fortuna.

MÁS LEÍDAS DE Politica

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.