Natalidad porteña: menos relato y más política pública
El autor, legislador porteño, sostiene que la Ciudad debe enfocarse en mejorar las condiciones para que quienes quieran tener hijos puedan hacerlo
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Este fin de semana el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires publicó un columna de opinión en LA NACION en la que manifiesta su preocupación por la caída de la natalidad en la Ciudad y el posible impacto que podría tener sobre este tema que se adoptara una narrativa diferente sobre la familia y la paternidad. Aunque acierta en reconocer la caída de la natalidad porteña como un problema, erra en un análisis simplista del fenómeno y, especialmente, en una propuesta insuficiente para el futuro de la Ciudad.
Evidentemente tenemos un desafío enorme con la baja en los nacimientos. La tasa de natalidad, es decir, la cantidad de nacimientos por cada mil habitantes, cayó un 48% en CABA en los últimos 10 años. De la misma forma, pero visto desde otro ángulo, la tasa de fecundidad ―que es la cantidad promedio de hijos por mujer en edad fértil― cayó de 1,86 hijos en 2006 a 1,09 en 2023.
Esta tendencia pondrá en crisis hasta la provisión más básica de servicios públicos. Sin nacimientos habrá menos población económicamente activa y, con ello, no solo menos desarrollo e innovación, sino un sistema previsional quebrado por el desbalance entre trabajadores activos y beneficiarios. En definitiva, el modelo recaudatorio porteño indefectiblemente entrará en crisis. Ese es el problema real. Y frente a ese problema, proponer un cambio en “la narrativa sobre la paternidad” no es una solución: es una distracción.
Hablando con los porteños, me encuentro con tres grupos. En un primer grupo están las personas que no desean tener hijos. En un segundo grupo están quienes desean tenerlos, pero las condiciones materiales ―de acceso a la vivienda, a un buen trabajo, o cuidados o atención primaria― no se lo permiten; y, finalmente, están quienes lo desean y pueden. Ahora bien, esto no significa que quienes no tienen hijos no deseen construir una familia en cualquiera de las variantes que esta gran ciudad permite; de hecho, cada vez son más quienes sienten que su deseo se concreta construyendo su familia con un perro o un gato. ¡Y está perfecto también!
Por eso, el dilema que enfrentan las ciudades —Buenos Aires incluida— no es que todos tengan hijos. Es que los que quieren tener hijos, puedan tenerlos.
Eso implica reconocer aspectos del problema que van mucho más allá de las palabras, como que 1 de cada 4 mujeres debe dejar la fuerza laboral luego de su primer embarazo o que criar un hijo en Argentina hasta la adolescencia cuesta, al menos, 100 millones de pesos según la canasta de crianza del Indec. El problema no es narrativo: es concreto, cotidiano y muy visible para cualquier porteño. Suponer que las familias no tienen hijos porque nadie les habló bien de la paternidad es, francamente, subestimarlas.
Pero hay algo que preocupa todavía más que el diagnóstico equivocado: la mirada de familia que subyace al texto de Jorge Macri. En 2026, sugerir -aunque sea implícitamente- que la única forma legítima de construir una familia es teniendo hijos no es solo un error conceptual, es una receta para el fracaso de la Ciudad. No hay dudas de que las familias porteñas son infinitamente más amorosas y diversas que lo que las leyes y el funcionamiento del gobierno reconocen.
Dicho esto, el fenómeno de la caída de la natalidad no es únicamente porteño. A nivel nacional la tasa de natalidad cae, al menos, desde el 2014. En Nueva York, Helsinki, Tokio o Pekín el panorama no es muy diferente, con caídas en la cantidad de nacimientos sostenidas en la última década.
Pero, a diferencia de la Ciudad de Buenos Aires, hay una decena de cuestiones que esas y otras ciudades con las que CABA aspira a compararse están planteando, antes de hablar de la narrativa de la familia y la paternidad. Este último es un debate cercano a aquel que vincula la caída de la natalidad con cuestiones religiosas, la “pérdida de valores” y, en algunos extremos, con propuestas de eliminar la educación sexual integral de las escuelas.
Por el contrario, un gobierno es elegido no para opinar de los problemas, sino para hacer política pública y resolverlos. Por eso, dejo algunos de los ejes que considero fundamentales para un plan de acompañamiento para que quienes desean ser padres puedan serlo.
- Vivienda. Es imposible planificar una familia sin saber dónde vas a vivir. Más vivienda accesible para las familias porteñas (¡sí, para todas, las que tienen perros o gatos y no las aceptan por ello también!) es un eje fundamental y sobran los ejemplos en el mundo de subsidios e incentivos para que las familias jóvenes puedan acceder a ella.
- Guarderías y espacio de cuidado con horarios reales. Dado que las familias no viven en horarios administrativos, los CPI, aunque bien orientados en la idea, deben ser más y trabajar en horarios extendidos o incluso fines de semana. Barcelona y Montevideo avanzaron en esa dirección. CABA tiene la particularidad de que podría escalar esa mirada con los casi 300 clubes de barrio que tiene la Ciudad y, también, podría trabajar con el sector privado con exenciones fiscales a las empresas que implementen guarderías, teletrabajo, horarios flexibles o licencias extendidas.
- Licencias. La Ciudad supo liderar el debate nacional desde su propio empleo público, con licencias realmente equitativas para ambos géneros. Ya lo hizo en 2018, con licencias de 45 días. Hoy, como hizo Suecia, podría otorgar licencias part-time, días de licencia que se puedan compartir con familiares o incluso 90 días para los padres, intransferibles, para que tengan incentivos a compartir los cuidados y estos no recaigan mayoritariamente sobre las mujeres.
- Cobertura efectiva de fertilidad. El problema es el acceso real a lo que plantea la ley nacional: demoras, criterios restrictivos y falta de acompañamiento. La Ciudad puede ampliar cobertura, reducir tiempos e incorporar apoyo integral. En París y Madrid es parte central de sus políticas.
- Urbanismo para las familias. Pensemos en veredas anchas para que sea seguro caminar con tu familia, parques cuidados, con mejores espacios y juegos para los niños, mejores caniles para asegurar una mejor convivencia, o incluso en baños o lactarios en los espacios públicos. También en adaptar el transporte para que moverse con niños, o que ellos puedan moverse solos y seguros, sea una alternativa real. Rotterdam invirtió 15 millones de euros para que las familias eligieran la ciudad.
Por supuesto, hay mucho más para debatir desde la política pública y la visión de la Ciudad. Como legislador, creo que en la responsabilidad que tenemos los representantes de ofrecer soluciones concretas a los problemas de los porteños, y voy a trabajar en la Legislatura porteña para ello. Y, desde A1000, vamos a seguir sumando las ideas de los porteños al debate, porque Buenos Aires necesita pensarse con ambición y planificación estratégica, y esa ambición empieza por reconocer algo simple: no importa qué familia querés construir, el gobierno tiene que ser tu aliado.
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Emmanuel Ferrario es Legislador de la Ciudad, director ejecutivo de la organización A1000 y docente universitario.
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