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Ella no sentía que era la mujer más linda, pero sí sabía que tenía algo especial. Y así se lo dijeron en el concurso de belleza que le cambió la vida. Su mirada cautivante y su elegancia enseguida la distinguieron de otras modelos de la época", dice Carla Cappagli al recordar a su tía, la primera argentina en coronarse Miss Mundo, Norma Gladys Cappagli.
La ex modelo murió el 22 de diciembre, después de permanecer cinco días en coma farmacológico tras ser embestida por un colectivo de la línea 110 mientras caminaba por Recoleta. "Todavía estamos en shock. Ella ya estaba grande, pero su estado físico y mental eran excelentes, por eso nos cuesta tanto procesar todo esto", cuenta Carla mientras repasa con emoción la increíble carrera de la manequin. "Es difícil no tenerla cerca, pero me quedo con las cosas lindas y los valores que siempre nos transmitió: la perseverancia, la humildad a pesar del éxito, y ese afán por no quedarse anclada en el pasado. Mi tía nunca extrañó lo que vivió, no sentía nostalgia por esa vida espectacular que tuvo… De hecho, ya en el último tiempo, no quería dar más notas porque quería ser Norma, no la ex Miss Mundo", explica.

NACE UNA ESTRELLA
El 8 de noviembre de 1960, en el emblemático Lyceum Theatre de Londres, Norma Gladys Cappagli fue coronada la más linda del planeta, ante las otras treinta y ocho candidatas de distintos países. Con sólo 21 años, se había convertido en la primera argentina en obtener el preciado título y, además, un premio de cinco mil libras esterlinas y un auto deportivo. "A partir de ahí no paró. Fue modelo exclusiva de Christian Dior, Valentino… y ella, que hasta ese momento nunca había viajado a Europa, comenzó a recorrer el mundo. Holanda, Japón, Nueva York… Trabajó diez años hasta que se casó con un empresario italiano y se instaló en Milán", rememora su sobrina, y agrega: "No tuvo hijos, pero no te puedo contar nada más de su vida privada… Siempre preservó su intimidad", confiesa.
A principios de los años 90, Norma regresó a la Argentina porque "extrañaba su familia, su barrio, las medialunas".

PUERTAS ADENTRO
En la intimidad y acompañada por su familia, Norma siempre fue amorosa con los que la rodearon y, con el tiempo, se convirtió en una verdadera defensora de los animales abandonados. "Desde hacía más de diez años cuidaba a los perros sueltos de Libertador y Suipacha, cerca de las vías del tren, ella los sentía suyos… No los podía tener en su departamento, pero eran sus perritos. Me acuerdo que una vez uno sufrió un ataque; Norma se enteró y se puso tremenda. Inició una búsqueda casi detectivesca para averiguar qué había pasado con el Negrito y adónde había ido a parar. Habló con los del ferrocarril, con las perreras, con las asociaciones… Así fue toda la vida. Perseverante como pocas. Se desvivía por los animales. De hecho, el día que la atropellaron había ido a comprar comida para su gata Blanca, que tiene como 22 años".
–¿Cómo la recordás?
–Me gusta pensarla en esa libertad con la que siempre quiso vivir. Y con ese talento para saber escuchar. Ella usaba una curiosa expresión cada vez que terminábamos una charla. En vez de decirnos "nos vemos", o "hablamos después", decía: "Nos escuchamos la próxima vez". Eso creo que la define mucho.


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