PASO 2019: Entusiasmo medido y optimismo en el búnker de Alberto Fernández

El búnker del Frente de Todos, en Chacarita
El búnker del Frente de Todos, en Chacarita Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Lucrecia Bullrich
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11 de agosto de 2019  • 18:06

Euforia contenida. Optimismo prudente. Entusiasmo medido. Esa combinación de sensaciones se vive en el búnker del Frente de Todos mientras se esperan los resultados oficiales.

La satisfacción llega con los números de los boca de urna que dan cuenta de una diferencia importante a favor de Alberto Fernández y lo dejan cerca del 45 por ciento, el número mágico que, si consiguiera en la elección general de octubre, le permitiría consagrarse sin segunda vuelta.

"Son bocas de urna. Tenemos que ser muy prudentes y no dejarnos llevar por el exitismo. Todavía hay que contar los votos", se atajan cerca de Fernández. Pese a los esfuerzos, la mezcla de alegría y una buena dosis de tranquilidad se notan claras en la voz de los interlocutores.

La diferencia a nivel nacional, de hasta 9 puntos a favor de Fernández según la información que manejan cerca suyo, se sostiene en los datos que también les llegan desagregados por provincia. Siempre según esos relevamientos, la fórmula que el exjefe de Gabinete comparte con Cristina Kirchner se impondría en Santa Fe y Entre Ríos, dos provincias a las que Fernández apostó fuerte en la campaña, y estaría haciendo una "muy buena elección" en Córdoba, que fue otra prioridad del candidato a la presidencia a la hora de definir sus viajes proselitistas. También, aunque perdiendo, conseguiría un buen resultado en Mendoza.

En Buenos Aires, agregan en el búnker del Frente de Todos, Axel Kicillof estaría logrando una "muy buena diferencia", de hasta 10 puntos, según los cálculos más optimistas, respecto de María Eugenia Vidal. Todos esos resultados, más victorias "muy fuertes" en las provincias del Norte completan el panorama favorable que delinean en el entorno de Fernández.

La información llegan a manos del candidato se procesa en un centro de cómputos "paralelo" que el Frente de Todos montó en el barrio de Caballito. A la espera de los números definitivos, Fernández y sus allegados celebraron el fallo de la justicia electoral que, a partir de un pedido del frente opositor, ordenó difundir los resultados oficiales solo una vez que se haya contado el 10 por ciento de los votos en la provincia y en la ciudad de Buenos Aires, en Santa Fe y en Córdoba. "Queríamos evitar que el Gobierno empezara a dar información poco fidedigna", dijo a LA NACION un dirigente que siguió el tema de cerca.

El esfuerzo por no confiarse de más (y sobre todo, de no mostrarlo en público) es por estas horas la prioridad de Fernández. "No podemos perder de vista que esto es un test previo, una prueba de clasificación que define de qué lugar de la grilla salís. Y si salimos de acá, salimos bien, salimos muy bien", graficó a LA NACION uno de sus colaboradores. Enseguida, sin embargo, agregó el contrapeso: "Pero tampoco hay que creérsela. Tenemos una campaña muy larga por delante".

Fernández habló por teléfono con Cristina varias veces. Desde Río Gallegos, la expresidenta lo puso al tanto de la situación en Santa Cruz, donde además se elige gobernador, y él le transmitió los números que fue recibiendo a lo largo del día.

Después de votar en la Universidad Católica Argentina (UCA), en Puerto Madero, el candidato compartió un largo almuerzo con sus amigos más íntimos. Junto con su novia, Fabiola Yáñez, recibió en su casa a Eduardo Valdés, Leando Santoro, Julio Vitobello y Alberto Iribarne. Comieron canelones de verdura y de jamón y queso y, de postre, tarta de manzana con helado.

En el búnker del Frente de Todos, en Chacarita, está todo listo para recibir a Fernández. Y para festejar. Pero solo cuando los datos oficiales lo permitan.

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