
Pilotos de la Fuerza Aérea, en vuelo al sector privado
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Más de un centenar de pilotos de la Fuerza Aérea pidió la baja para continuar su profesión en líneas aéreas privadas, según confió a La Nación una fuente inobjetable de la institución.
La deserción se produjo entre el año último y lo que va de éste, y las principales razones fueron las económicas.
De todas formas, algunos observadores señalan que también prevaleció mucho en esas decisiones la falta de incentivos y un futuro a todas luces incierto.
Entre los jóvenes aviadores que dejaron la fuerza se encuentran varios hijos de brigadieres y el yerno del actual jefe del Estado Mayor General, brigadier general Jorge Montenegro.
Tentación
El crecimiento de las líneas de cabotaje y la aparición de nuevas empresas aéreas en el país despertó un afán de mejoras económicas en los jóvenes pilotos tentados por sueldos que, por lo menos, duplican sus ingresos en el Estado.
Las condiciones laborales también se mejoran sustancialmente, ya que una vez cumplido el vuelo retornan a su casa en un automóvil de la empresa privada para la que trabajan.
En la Fuerza Aérea el piloto desempeña un cargo y al regresar de cada vuelo debe seguir cumpliendo con esa obligación.
Como militares, la tarea se les duplicaba y el sueldo representaba menos de la mitad del ofrecido por una línea aérea privada.
Pero el problema de la Fuerza Aérea por falta de presupuesto se ha complicado hasta tal punto que, en los próximos días, muchos pilotos de aviones de transporte podrían perder su habilitación por la escasa cantidad de horas de vuelo.
La reglamentación actual determina para los transportistas entre 14 y 18 horas mensuales de vuelo para mantener vigente dicha habilitación.
Las autoridades de la Fuerza Aérea ya comunicaron al ministro de Defensa, Jorge Domínguez, que de continuar esta situación no podrán realizar vuelos de traslado de personal de Gendarmería o de auxilio ante cualquier catástrofe.
El último recorte presupuestario puso a la fuerza en un virtual estado de parálisis.
Actualmente no opera ninguna de sus bases, solamente lo hacen los aviones de instrucción, y a regañadientes.
Con un cupo reducido de ingreso en la Escuela de Aviación Militar y un egreso por año de no más de 25 pilotos (cantidad insuficiente para contener la diáspora que están produciendo los bajos sueldos y la falta de incentivos), hoy la institución ofrece un panorama desolador.
A ello debe agregarse que el Plan Nacional de Radarización, que debía operar la Fuerza Aérea para dar seguridad a los vuelos y controlar el espacio aéreo, aún no fue puesto en marcha.
Ese plan lleva más de un año de atraso y su licitación estaría a punto de anularse por haberse excedido en 100 millones de pesos la oferta económica del único grupo que quedó en la puja.






