
Procurar consenso fortalecerá la democracia
Por Enrique Olivera Para LA NACION
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Anoche, el presidente Duhalde, acompañado por la Iglesia y Naciones Unidas, convocó a un diálogo cívico para sentar las bases de una nueva época en la Argentina.
Iniciativas de esta índole han ocurrido en otros países que atravesaban crisis y transiciones de diferentes características, pero lo suficientemente profundas como para que las instituciones vigentes se vieran desbordadas y fueran incapaces de superar los acontecimientos.
Quizás el Pacto de la Moncloa, que está en la raíz de la España moderna, sea el caso más conocido por los argentinos, pero dista de ser el único.
La finalización del apartheid en Sudáfrica, con los desafíos políticos que llevaba implícita, fue facilitada por el desarrollo del diálogo de Mont Fleur. En febrero de 1990 el presidente F. W. de Klerk anunció la liberación de Nelson Mandela tras 27 años de prisión. Revocó en ese anuncio la orden de prohibición que pendía sobre el Congreso Nacional Africano, el Congreso Panafricano y el Partido Comunista. Al año siguiente comenzó un diálogo cívico que incluyó por primera vez el método de la "construcción de escenarios".
El mismo procedimiento fue utilizado por Colombia y Guatemala en 1997. Bulgaria, El Salvador, Chile, Nicaragua, Bolivia y Paraguay desarrollaron diálogos cívicos con otras metodologías durante la última década. Hace poco un informe de las Naciones Unidas en un encuentro celebrado en Antigua, Guatemala, recogió las experiencias de 17 países en el "Taller sobre escenarios y diálogos cívicos", que sintetizó las enseñanzas que los diálogos habían dejado, tanto en la sustancia como en los procedimientos.
Es interesante destacar que intentos que en primera instancia parecieron fallidos fueron rehabilitados posteriormente al corregirse los mecanismos anteriormente utilizados. Tal es el caso de Panamá, donde un primer encuentro fracasado originó otros dos diálogos muy fecundos.
El 19 de diciembre último hubo un primer encuentro en la sede de Caritas de Buenos Aires del que surgieron aportes que serán útiles para el ejercicio nacional que se propone. Quedó evidenciado que el diálogo es la única alternativa a la violencia y está claro que de la calidad del diálogo dependen el grado de reconciliación y la solidez de los resultados.
La crisis generalizada ha superado las instancias normales, se impone la búsqueda alternativa del consenso como base para la reconciliación y el establecimiento de un orden justo. La democracia supone la resolución de los conflictos a través de la deliberación, del discurso argumentativo que apunte al consenso. Esa función elemental de los representantes del pueblo hoy requiere apuntalamiento.
Quizás en nuestro país no esté suficientemente clara la función que tiene el diálogo para construir la racionalidad, base de la democracia.
Jürgen Habermas, en su teoría de la acción comunicativa, sostiene que una decisión justa es una decisión fundada en el consenso alcanzado mediante la argumentación racional de las posiciones de los involucrados.
De este modo descarta la posibilidad de aceptar como legítimos los consensos limitados a lo que opina solamente la mayoría. Propone una ética procedimental para legitimar o no acuerdos políticos, económicos, sociales alcanzados dentro de cada comunidad histórica. Entre ellos:
- En la discusión cada uno de los participantes deberá exponer sus argumentos, responder a las críticas, argumentar en función de los intereses propios o de su grupo.
- Cada participante, por el solo hecho de entrar en la discusión, reconoce a los otros como sujetos competentes de derecho.
- Los participantes en la discusión deberán renunciar al uso de la fuerza, la amenaza, la manipulación ideológica, o el engaño, para defender racionalmente sus argumentos.
- Un consenso será legítimo y fundamentará una norma moral legítima cuando se respetan todas las normas de procedimiento.
Esta ética del discurso da pautas para que los sujetos y los pueblos puedan determinar lo que es bueno para todos sus ciudadanos a través de un debate abierto. El pensar se desarrolla en el diálogo, aprender a pensar es aprender a argumentar y a confrontar con los argumentos de los otros.
De lo que se trata es de fundamentar las normas básicas de convivencia desde esta racionalidad comunicativa. El diálogo renueva la democracia y sienta las bases del proyecto compartido que tenemos por delante los argentinos, que es nuestra Nación.






