
Prometen que limpiarán los afiches y las pintadas
Plan: las autoridades porteñas anunciaron que, tras las elecciones, se arreglarán los edificios arruinados por las pegatinas partidarias.
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La ciudad está sucia. Carteles, volantes, pasacalles y pintadas partidarias llenaron las calles y avenidas porteñas lentamente hasta dejar la sensación de una invasión.
El Gobierno de la Ciudad prometió hacerse cargo de limpiar las fachadas de los edificios públicos o privados que hayan sido afectados durante la campaña, con las pegatinas ilegales, según aseguró ayer a La Nación el subsecretario de Gobierno, Jorge Enríquez.
"Deploro totalmente el daño que los partidos hacen a la cultura cívica al ensuciar los monumentos históricos de la ciudad con sus carteles y pintadas", declaró el funcionario, que, además, es candidato a legislador.
Y agregó: "Para promocionarse, los candidatos pueden usar carteleras públicas, o comprar espacios en los diversos medios de comunicación. Entonces, no es necesario que arruinen la estética e higiene de nuestra ciudad".
Enríquez señaló que, a partir de esta tarde, se llamará a todos los partidos políticos para pedirles que colaboren en la restauración de los bienes dañados.
Indignación en la calle
"Quisiera saber si los políticos se van a hacer responsables del daño que causaron, porque creo que son ellos los que deben limpiar este desastre", comentó José Luis González, vecino de Barrio Norte, mientras señalaba la fachada del Instituto Superior Alicia Moreau de Justo.
Situado en la esquina de Córdoba y Ayacucho, este edificio parece un ejemplo viviente del desinterés partidario respecto de la conservación de los edificios públicos.
"No soy el único vecino indignado. Quiero mucho a esta escuela porque hace más de 15 años estudié en ella. Y ahora, al verla tan sucia, sólo me produce asco", agregó González.
Otro caos, tomado al azar. Avenida del Libertador al 7200: paredes pintarrajeadas, postes de luz con volantes pegoteados con engrudo, papeletas con la cara de los candidatos tirados en la calle. "¡Qué locura! Ellos tendrían que dar el ejemplo", dijo Alejandra Gordillo, una mentalista de 22 años que paseaba por allí con su mascota: un gato siamés.
La iglesia Santa Catalina de Siena, fundada en 1745, tampoco pudo escapar a las pegatinas partidarias.
Este edificio, situado en la intersección de las calles Viamonte y San Martín, exhibe en sus laterales las imágenes de algunos candidatos que, despreocupados, sonríen a los vecinos.
"Es increíble que hayan pegado carteles en las paredes de una iglesia -comentó Sydney Walters, un turista que recorría la ciudad-. No puedo entender cómo los ciudadanos permiten que una campaña política destruya edificios tan bellos." El hombre estaba tan impresionado que hablaba con los transeúntes sin darse cuenta que la mayoría no entendía su cerrado inglés australiano.
Donación
Los votantes podrán hoy expresar también la intención de donar los órganos en stands que funcionarán a la par de las mesas electorales. El Incucai dará la opción a los vecinos de completar un formulario y evacuar las dudas que genera el tema. La fundación Red Solidaria calculó que con esta iniciativa "podrían salvarse 10.000 personas si la mitad de los votantes se convirtieran en donantes".





