
Río Tercero: creen en un sabotaje
Vieron a militares desconocidos en la fábrica militar poco antes del estallido
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RIO TERCERO.- "Lo vi parado junto al barril de trotyl. Vestía uniforme militar y sé que no pertenecía a la fábrica, porque con tantos años aquí los conozco. Veinte minutos después, de ese barril brotó inexplicablemente una llama azul, como de un soplete", cuenta Emilio Ostera, supervisor de la Planta de Carga de Fabricaciones Militares (FM) Río Tercero.
La enorme fábrica que hace medio siglo le dio vida y futuro a esta ciudad se los arrebató de un manotazo al comenzar a estallar a las 8.55 del viernes 3 de noviembre de 1995.
En sucesivas explosiones, la planta de donde partió el contrabando de armas a Croacia -la mitad pertenecientes al Ejército- mató a siete personas de la ciudad, hirió a 300 y destruyó tres barrios. En medio del caos dentro de la fábrica, el bombero voluntario Dussan Alberto Alacevich se topó con "un hombre vestido de militar que nos aconsejó evacuar; venía con total tranquilidad desde el sitio en el que poco después se produjo la peor explosión".
Al mediodía llegó el presidente Carlos Menem y, sin consultar al jefe del establecimiento, amonestó a los periodistas: "Fue un accidente, no un atentado, y ustedes tienen la obligación de decirlo". La frase pareció marcar el rumbo de la investigación judicial durante casi tres años. Pero los elementos que desde el año último recogió el juez federal de Río Cuarto, Luis Martínez, y los testimonios que obtuvo La Nación , contradicen al Presidente y muestran a Río Tercero como el capítulo más sangriento de los envíos ilegales.
La planta voló ocho meses después de iniciarse en Buenos Aires la investigación que hoy acorrala al Gobierno y a la cúpula del Ejército.
Con el argumento de la explosión, los militares falsificaron un inventario para blanquear 45.862 proyectiles de artillería contrabandeados a Croacia. Si bien FM se encontraba en el organigrama de Defensa, sus oficiales dependían de la Secretaría General del Estado Mayor del Ejército, donde se los calificaba.
La investigación se recalentó a partir del año último y testigos clave, como Ostera, fueron amenazados de muerte y tienen protección policial, igual que la querellante Ana Gritti, viuda de una de las víctimas.
Tanto ella como el ex jefe de la Planta de Cargas de FM, Omar Gaviglio, su abogado Aukha Barbero y varios peritos de parte sostienen que el fuego que Ostera y sus compañeros trataron en vano de extinguir se encendió para alejar al personal. Le siguió una explosión que lanzó a Ostera a 80 metros de distancia y le clavó una esquirla cerca del pulmón izquierdo. Pero aún faltaba la peor de las explosiones.
Tras el primer estallido, el camión cisterna del bombero voluntario Dussan Alacevich se dirigió al corazón del siniestro en la fábrica.
"Ibamos a avanzar hacia una pared de humo blanco y denso mientras caían esquirlas, cuando de allí salió caminando muy tranquilo un militar alto y delgado, de pelo crespo oscuro. Me parece que tenía bigotes. Yo no lo conocía, ni siquiera de vista, como nos conocemos aquí. Se acercó a la autobomba y en tono muy calmo nos habló a los tres bomberos, en especial a Sergio Quiroga, que estaba al volante: ÔEvacuen, aquí ya no hay nada más que hacer.´ Fue como un consejo, y se alejó caminando con la misma tranquilidad con que apareció."
El militar hablaba con conocimiento de causa: faltaban escasos minutos para la explosión más grande.
"Nos salvó la vida"
Mientras el militar desaparecía, el infierno continuaba alrededor de la autobomba que emprendía la retirada. "Algunos corrían y otros estaban en estado de shock. Bajé a ayudar a una mujer que caminaba sin reaccionar -prosigue Dussan- y en eso se produjo la segunda explosión, que fue tremenda. Me arrojé encima de la mujer. El suelo temblaba y todo salía de foco, como en las películas. Del suelo brotó una llamarada alta como un poste de luz."
En su diálogo con La Nación , Dussan reconoce: "Ese militar, o ese hombre vestido de militar, nos salvó la vida porque avanzábamos hacia el sitio de la explosión grande."
Si los estallidos fueron calculados, como sospecha Ana Gritti, quienes los planificaron sabían que matarían a varios vecinos.
Porque si bien el fuego comenzó en un tinglado de la planta de carga, la explosión que narra Dussan tuvo lugar a 200 metros, en el Depósito de Expedición, que acumulaba miles de proyectiles de artillería de 105 y 155 milímetros, pólvora y trotyl. Y ese depósito se hallaba a escasos metros del alambrado que separa la FM del barrio Las Violetas.
La explosión y la lluvia de proyectiles del depósito -destinados a un octavo contrabando a Croacia que no pudo concretarse- se orientó hacia los barrios Las Violetas, Escuela y Cerino. En ese sitio la fábrica dibuja una cuña que se clava como una espina en la ciudad. Y fue esa cuña la que estalló. Los barrios se reconstruyeron con indemnizaciones.
La segunda explosión mató a Hoder Dalmasso, esposo de Ana Gritti. Enseñaba Química en la escuela industrial y evacuó alumnos hasta que murió de un infarto en su auto.
"Siempre me extrañó que el 95 por ciento de los proyectiles cayera sobre los barrios y no en 360 grados", dice Ana Gritti. Taludes de tierra de más de dos metros de altura protegieron no sólo a FM, sino a Atanor, a Petroquímica Río Tercero y a la División Producción Química de FM, que se encuentran en hilera hacia el Oeste.
"Golpeó la puerta un militar"
La calle Arenales corre paralela al alambrado de FM. Sobre Arenales, junto al Depósito de Expedición que voló, Sergio Daniel Montgaillard estacionaba todas las noches desde hacía dos años su camión cisterna con acoplado para reparto de combustible. "La noche anterior golpeó la puerta de casa un militar que me aconsejó sacar el camión. Gracias a eso aún lo tengo."
Pocos días antes, mientras en Buenos Aires el juez federal Jorge Urso disponía la indagatoria que llevaría al procesamiento del ex interventor de FM, el menemista Luis Sarlenga, en esta ciudad el farmacéutico Gabriel Coria observó a "varios hombres con celulares y ropa cara que parecían medir a zancadas las calles céntricas. No eran de aquí."
Después del infierno, Gabriel reunió en un libro - Río Tercero, cola del diablo... mano de Dios - una serie de testimonios, como el del bombero Dussan, que encaja con el de Ostera. Sólo que quizá se trate de dos militares, porque el que vio Ostera "no era delgado ni tenía bigotes".
El acceso a la planta de carga donde Ostera vio al suyo estaba restringido al personal que trabajaba allí y que debía ingresar sin encendedores ni fósforos.
Meses atrás, una reconstrucción demostró que el fuego del tambor no lo pudo generar un accidente, pero Marcos Sales, el perito oficial que antes de asumir se pronunció por un hecho intencional, se inclinó por el accidente. Marino retirado, "durante los peritajes Sales les decía a los militares Ômi coronel´ o Ômi mayor´", relata un testigo.
Luego el juez Martínez convocó a un perito norteamericano que opinó como Sales. Pero después de Serrezuela no había marcha atrás y cuatro días antes de las elecciones el juez cambió la carátula de estrago culposo por estrago doloso calificado, que es más grave.
"Si bien nuestra hipótesis es el atentado, la nueva carátula está más cerca de ella que la anterior", dice Gritti.
Hoy se guardará un minuto de silencio. La frase de Menem aún resuena y la Alianza arrasó en las elecciones. La mayoría cree que el Gobierno sabe la verdad, no sólo del estallido de hace cuatro años, sino del que en forma inconcebible se produjo tres semanas más tarde y alimentó las sospechas de que a esta ciudad se la sacrificó para borrar huellas comprometedoras. Se trataría de un encubrimiento más grave que el delito que se quiso ocultar.




