
Un altar recuerda a Eva Perón en el segundo piso de la CGT
El público lleva flores y deja pedidos y agradecimientos
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Detrás de una puerta celosamente cerrada, en el segundo piso de la CGT de Azopardo 802, se levanta un altar. Sobre una mesa de madera, con floreros repletos de crisantemos y gladiolos, un crucifijo y velas, y que tiene a los costados las imágenes de la Virgen de Luján y de San Cayetano, está ubicada una foto rodeada de una bandera argentina. Es la que recuerda a Eva Perón, en el mismo sitio donde su féretro permaneció desde su muerte hasta 1955 y al lado de la oficina donde atendió en los años de esplendor político para el peronismo.
Pero la vigilia permanente del intendente de la central obrera, Carlos Alberto Torres (que se encarga personalmente de cambiar las flores todas las semanas), es flexible entre las 11 y las 18, cuando el público se dirige al lugar para dar su homenaje a la esposa de Juan Perón.
En el momento de las visitas es donde el lugar adquiere un tono ciertamente emotivo. Es que la gente deja todo tipo de mensajes, notas en papeles arrugados, prolijos o hasta en hojas de calendario, escritos en lápiz o birome, que se conservan.
Una de ellas, la de Norma Barrientos, la evoca como "la madre santa de todos los humildes" y le pide que la "ayude a conseguir lo mejor por los niños de Dock Sud", mientras que otra, la de Nélida Vázquez, le agradece por "tanta lucha que no fue en vano" y desea tener "un poco de tu energía".
En general, las esquelas la santifican y le piden cosas, y otra le da las "gracias por lo que le diste al país". El lugar es cita obligada de militantes, pero también de gente sin filiación política que reconoció su labor.
Por caso, ayer, una delegación de mujeres peronistas evocó allí la figura de su líder, rezó un padrenuestro y una de ellas, Irma Manso, dio el toque emotivo después de colocar un ramo de flores en el altar.
Llorando, recordó haber sido empleada administrativa de Eva Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión entre 1946 y 1952, y llevó puesto, al homenaje en la CGT, el mismo gorro negro que tenía cuando la ex esposa de Perón murió.
No faltó en el acto, como despedida de los presentes, el conocido "se siente, se siente, Evita está presente".
Otras veces, gente sin una pertenencia militante al justicialismo, en silencio llega hasta el lugar para rendir su homenaje.
En la calle, sobre una pared exterior que da al recinto, un rostro de Eva Perón pintado sobre cerámica permanece iluminado y con una lámpara votiva. Ese conjunto fue inaugurado en 1997 bajo la conducción del actual secretario general de la CGT oficial, Rodolfo Daer.
Como contrapartida de la admiración, ayer apareció destruido, en el barrio Piedrabuena, de Villa Lugano, un busto de Eva Perón que iba a ser inaugurado mañana por el dirigente sindical Hugo Moyano.
Más información en el especial que preparó LA NACION LINE: Evita, medio siglo después




