
Un paso en favor del enemigo
Andrés CisnerosPara LA NACION
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Es probable que estas filtraciones de correos supersecretos continúen dentro de poco: no resultaría creíble que el Departamento de Estado mantuviera montada toda una muy costosa organización para simplemente dedicarla a requerir lo que hasta ahora, mayoritariamente, se ha revelado en un nivel más bien propio de chismes de peluquería. Tiene que haber mucha más y más pesada información.
Aparte del resbalón ético, a Estados Unidos esto puede asestarle un golpe, afortunadamente incruento, pero de naturaleza similar al del 11 de Septiembre: ha sido atacado en el corazón mismo de la tecnología comunicacional de punta, una dimensión que el mundo le reconocía como de pertenencia indisputada.
Sabemos de sobra que todos los países mantienen servicios de inteligencia para hurgar en los secretos ajenos; al fin y al cabo, James Bond es un héroe de nuestro tiempo. Más aún, somos millones los habitantes de países en que los simples ciudadanos ya vivimos como resignados a que se nos intervengan ilegalmente los teléfonos y las computadoras sin que las autoridades, llamativamente, hagan nada efectivo por impedirlo.
La diplomacia trabaja mejor en un clima de reservas y bajo perfil. No por manejar secretos insondables, sino para poder tejer y destejer acuerdos, a veces de larguísima factura, cuyos pormenores, de conocerse antes de culminar la tarea, impedirían la construcción de un resultado beneficioso. Pero ello no supone que deba ponérsela a la caza de datos cuya obtención, más que probablemente, la haga incursionar en el Código Penal. Una cosa es la inteligencia y otra muy distinta la diplomacia. Confundirlas termina inutilizando a las dos.
En lo que a nosotros nos atañe, los cables hasta ahora conocidos parecen considerarnos un país que todavía conserva alguna capacidad de influir en los vecinos, lo que no deja de configurar un sorprendente reconocimiento que masajea el alicaído narcisismo nacional. La inquisición sobre la salud de la Presidenta supone, en cambio, un lamentable paso en falso: una cosa es interesarse por cualquier afección corporal y otra muy distinta hacerlo acerca de la estabilidad emocional, desde que la propia existencia de la pregunta presupone una duda a su respecto.
Desde que el terrorismo transnacional se plantó como el nuevo enemigo estratégico de Estados Unidos, Washington ha perpetrado varios avances en perjuicio de derechos y garantías desde siempre sagrados para los principios de su admirable revolución americana, en procura de prevenir otros ataques y afianzar su seguridad nacional. Pero enfrenta un enemigo al que -como antes el comunismo- no podrá derrotar solo. Necesita de los demás, y la diplomacia constituye una herramienta esencial para el entendimiento entre quienes reconocemos un enemigo en común y queremos sumar fuerzas. Pero contaminar a la diplomacia convirtiendo a sus servidores en colectores de información e inteligencia contra sus propios amigos supone un paso en dirección favorable al enemigo, no a los aliados.
El autor fue vicecanciller



