
Una revelación que deberá investigarse
Sorpresivo: la versión de que la Armada asesinó a Edgardo Sajón contradice todo lo conocido sobre el destino final del periodista.
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De las declaraciones efectuadas por Alfredo Astiz, sobresale particularmente su referencia al periodista Edgardo Sajón, por ser la primera vez que un ex oficial de la Armada admite, aunque elípticamente, la responsabilidad de esa fuerza en el secuestro y asesinato de quien fuera secretario de Prensa y Difusión del gobierno del teniente general Alejandro Lanusse.
"Me acuerdo de operativos jod..., que no me tocaron a mí, como el de Rodolfo Walsh o el de Edgardo Sajón", comenta el marino en el reportaje que la periodista Gabriela Cerruti le hizo para la revista "trespuntos".
La sugestiva declaración altera pautas tradicionales sobre la atribución del caso, de cuya ejecución siempre fue sindicada la Policía Bonaerense. Sobre esta idea se montó incluso la posición de Lanusse, quien a raíz de ello debió enfrentar una querella por calumnias que le promovió su principal acusado por el crimen, el entonces jefe de la repartición, Ramón J. Camps. El ex presidente de facto se había basado -aseguró- en confidencias hechas por oficiales superiores del Ejército.
Estas sospechas se vieron reforzadas un año después del entredicho tribunalicio, con las declaraciones que el ex policía Carlos Alberto Hours hizo durante el juicio contra los ex comandantes del Proceso.
"Sajón, vestido con pantalón y camisa, fue amarrado con sogas de colgar cortinas sobre la mesa de billar y uno de los terminales del cable eléctrico fue atado al dedo meñique de uno de sus pies y el otro introducido en su boca", describió.
En el crudo relato de Hours -reproducido por La Nación el 11 de mayo de 1985-, aquél situó la escena en el casino de oficiales de la Escuela de Policía Juan Vucetich y consignó que el cadáver de Sajón había sido enterrado en terrenos de la misma institución.
Su testimonio se convertía en el primero que daba precisiones acerca de la suerte final del periodista, hecho que además de alcanzar fuerte repercusión -pese a la habitualidad de episodios similares en los "años de plomo"- sumó un progresivo cúmulo de hipotéticos responsables y explicaciones sobre los motivos que los habían alentado, con frecuencia de signo contrapuesto.
En un comienzo, el pronunciamiento oficial (gobierno de Jorge Videla) se había limitado a escasos datos: el 2 de abril de 1977 fue emitido un comunicado señalando que desde el día anterior se carecía de información sobre el paradero del ex funcionario, tras abandonar su domicilio, en San Isidro, rumbo al diario La Opinión, en Barracas.
La relación entre Lanusse y Sajón se había estrechado a partir del nombramiento de éste al frente de la Secretaría de Prensa y Difusión y se prolongó aun más allá del retiro de ambos de la función gubernamental.
Una relación que no puede sino calificarse de sólida entre el alto jefe militar y el periodista, desde el sostenido compromiso que asume Lanusse ante la desaparición de Sajón, traducida en sus múltiples gestiones ante la cúpula del nuevo gobierno militar y sus más que francas acusaciones que abarcaron desde el ya mencionado Camps, hasta los generales Roberto Viola, Carlos Suárez Mason e Ibérico Saint-Jean (entonces, gobernador de Buenos Aires) y el ex jefe de la Unidad Regional Norte de la policía bonaerense, Miguel Osvaldo Etchecolatz.
Si en esos días algo habrá enardecido aún más a este hombre empeñado en dar con los responsables del secuestro, debe haber sido la opinión de otro camarada, el general Antonio Bussi, vertida desde el frente antiguerrillero en Tucumán: "Es una lástima que Lanusse esté dando la cara por Sajón, que es el correo de los montoneros para sacar divisas al extranjero".
Y hoy, a la luz de la sorpresiva confesión de Astiz, podría haber evaluado en forma no menos inquietante una expresión de otro significativo protagonista de aquellas épocas, el almirante Eduardo Emilio Massera, al comunicarle su "angustia y preocupación por la suerte de Edgardo Sajón". Los amigos del periodista, en tanto, lo recuerdan cálidamente. Uno de sus más allegados, el colega Enrique Bugatti -con quien Sajón se había citado en la confitería Richmond de Florida el día de su desaparición-, pondera su excelencia humana y profesional, y su marcada orientación democrática.
"Ese fue el motivo por el que aceptó la propuesta de Lanusse, porque representaba una oportunidad de reemplazar los gobiernos militares mediante el voto", dice Bugatti. El periodista no oculta su asombro por las declaraciones de Astiz. "Siempre se tuvo por responsable a la policía bonaerense. Es una novedad que habrá que investigar".
Firmenich
Durante la entrevista con "trespuntos", Alfredo Astiz aseguró tener un "único odio en serio": Mario Eduardo Firmenich, ex jefe de Montoneros.
La Nación se comunicó con la casa del ex guerrillero, pero allí aseguraron que Firmenich no se encuentra en el país.
"Está terminando la tesis de su doctorado en economía en una universidad de Barcelona", aseguró una "compañera" de Firmenich que reside en el oeste del Gran Buenos Aires.
La amiga del ex montonero dijo que, en la mañana de ayer, habló con la mujer de Firmenich, María, y le contó acerca de los dichos de Astiz.
Este iba a leer la información a través de Internet y después decidiría si le contestará o no al marino.






