Arquitectos argentinos que triunfan en el mundo

Nacieron en la Argentina pero decidieron desplegar su talento en otras geografías; desde Sudáfrica y Singapur hasta Viena y Tailandia, los proyectos más emblemáticos en los que trabajaron
Nacieron en la Argentina pero decidieron desplegar su talento en otras geografías; desde Sudáfrica y Singapur hasta Viena y Tailandia, los proyectos más emblemáticos en los que trabajaron
Sofía Terrile
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31 de agosto de 2019  

Son los arquitectos que transmiten la marca país argentina por el mundo. En sus diseños, llevan la impronta local a las casas, oficinas y edificios que crean. Son los embajadores que continúan la tradición de un grande recientemente fallecido, César Pelli. Encontraron su vocación en el exterior y decidieron abandonar su tierra natal para probar suerte afuera.

El reconocimiento internacional está relacionado con la reputación del sector académico. La Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad (FADU) de la Universidad de Buenos Aires está ubicada entre las 100 mejores facultades a nivel mundial. En el ránking que elabora la consultora Quacquarelli Symonds (QS) anualmente sobre la base del análisis de 1222 universidades en el mundo, la carrera quedó entre el puesto 51 y 100 de las mejores en su rubro a nivel global.

Esta es la liga de los que, con un buen currículum vitae, pero también con mucho esfuerzo, probaron suerte en el extranjero y pueden contar historias desde puntos tan disímiles y alejados en el mundo como Viena, Austria, y Chiang Mai, Tailandia. Y todos, claro, a miles de kilómetros de Buenos Aires. Los representantes en el exterior del talento argentino dialogaron con LA NACION acerca de sus obras, sus estilos, sus historias y sus sueños en caso de regresar a la Argentina.

Doble ofensiva en Viena

Cuando era estudiante en la FADU, Laura Spinadel ya había participado en proyectos en Berlín y en Viena, pero en su trabajo en Buenos Aires sentía que no obtenía el reconocimiento que se merecía. Cuando terminó la carrera, fundó un estudio de arquitectura con un socio, Claudio Blazica. Juntos siguieron ganando premios en el exterior y tendiendo redes, hasta que finalmente decidieron probar suerte en Austria. En 1992 partieron: "No teníamos trabajo, pero contábamos con la ilusión de que si creíamos en lo que hacíamos y nos esforzábamos mucho, lo íbamos a lograr, y así fue", dice.

Para poder trabajar con su estudio en conjunto en Viena, BUSarchitektur, los arquitectos tuvieron que revalidar su título. Mientras tanto, los ayudaban amigos, que les firmaban los planos cuando recién empezaban en la capital europea. Siguió una historia de proyectos residenciales, corporativos y académicos.

En 2002, su socio falleció. Siguió trabajando sola, y en 2003 fundó una segunda empresa, llamada "BOA oficina para la ofensiva aleatórica", que se dedica a la comunicación multimedia y al diseño.

Sobre el lugar donde le tocó desarrollar su obra, dice: "Viena es una ciudad socialista desde hace un siglo a pesar de la interrupción de los nazis. Y es la 'smart city número uno' desde hace diez años consecutivos. Es decir, la ciudad con mejor calidad de vida del mundo. Eso hace que arquitectura no solo sea construir para los ricos o construir para la especulación inmobiliaria".

Entre sus proyectos, se encuentran el parque Wien Oberlaa, las viviendas Kaisermüllendamm, el campus de la Universidad de Economía y Negocios de Viena (Campus WU) y el business center STAR 22. Un dato no menor es que Spinadel fue la primera mujer condecorada por la Universidad de Ciencias Económicas de Viena con el Anillo de Oro de Honor por su trabajo como directora del masterplan del Campus WU, el proyecto en el que compitió con propuestas de Zaha Hadid, Hitoshi Abe, Peter Cook y Carme Pinós.

"Cada vez son más los clientes que me piden no solo el cálculo de las expensas y los costos de mantenimiento sino también los 'costos del ciclo de vida' a 25 años. No existe proyectar simplemente por gusto sin presentarle a un cliente un informe detallado de los materiales seleccionados y sus condiciones de reciclaje o autodegradación cumplido su tiempo útil", dice, sobre su labor en Austria. Respecto de su proyecto soñado en la Argentina responde: "Si regresara al país avanzaría con una red de emprendimientos inteligentes. La Argentina me enseñó a pensar en grande. La antroposofía me enseño que se debe hacer para crecer. Y Austria me enseñó que creyendo, los milagros son posibles".

Sudáfrica: House Jordaan, Thabazimbi, Limpopo, de Hamity
Sudáfrica: House Jordaan, Thabazimbi, Limpopo, de Hamity Fuente: LA NACION

De Jujuy a África

Hugo Hamity nació en Jujuy y llegó a Sudáfrica a los 22 años por la carrera profesional de sus padres, pero decidió quedarse y emprender un camino como arquitecto. Más de un cuarto de siglo después, ya estuvo a cargo de proyectos no solo en el país adonde emigró, sino también en Namibia, Ghana, Zambia, Madagascar, Zimbabwe.

Hamity había comenzado sus estudios en la Argentina y cuando emigró con su familia en 1991, completó sus estudios en la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. Cuatro años después fundó un estudio llamado Atelier Architects con un amigo del trabajo y con su pareja.

"En 2001 les vendí mis acciones y me abrí por mi propia cuenta, ya que me quería concentrar en viviendas, y Atelier se estaba especializando en comercial y oficinas -relata-. El estudio había crecido mucho y yo ya no tenía mucho tiempo para dedicarme a la arquitectura y el diseño".

En el segundo estudio que fundó, Hugo Hamity Architects, se propuso como misión mantenerlo chico para dedicarse a diseñar casas. "Ahora hago todo yo, no empleo a nadie así puedo estar envuelto desde el principio hasta el final en todo aspecto del diseño y la obra", apunta. Hoy se enfoca en casas unifamiliares "con foco en lo contextual y la originalidad de diseño".

Como no trabajó en la Argentina, aprendió casi todo sobre su oficio en Sudáfrica, un país en el que se fusionan varias culturas de grupos étnicos africanos y de Europa. "Es un país con varias identidades arquitectónicas que conviven juntas en las mismas ciudades. Cada una de ellas tiene una historia arquitectónica diferente que contar, y a todo ello se suma el movimiento contemporáneo y modernista internacional de los últimos años, que también tiene su propia expresión con toques vernaculares", concluye, sobre el ambiente en el que trabaja.

Singapur. La Chancery Lane House, de Bedmar
Singapur. La Chancery Lane House, de Bedmar

De los huevos a los tableros

Ernesto Bedmar fue vendedor ambulante de huevos en Córdoba y hoy lidera uno de los principales estudios de arquitectura en Singapur. La historia incluye mucho esfuerzo de su parte, pero también la colaboración de un tutor y una socia clave en su vida que lo ayudaron a meterse en sociedades tan distintas de la argentina como la sudafricana y la singapurense.

"Cuando llegué a Singapur, su humedad, su cultura y la abundancia de verde me afectó de tal manera que gradualmente sentí que pertenecía a este lugar", admite Bedmar, arquitecto argentino radicado en el país asiático desde hace más de tres décadas. El profesional había dado sus primeros pasos en Córdoba, donde después de una infancia como vendedor ambulante llegó a la universidad y conoció a su tutor, Miguel Ángel Roca.

Primero, lo siguió a Sudáfrica, donde en pleno Apartheid diseñaron juntos el Centro Administrativo de Jabulani, un área en las afueras de Johannesburgo. Luego, fueron a Hong Kong, donde trabajó en el nuevo planeamiento de la ciudad de Macao. Finalmente, terminó en Singapur, donde permanece desde entonces. En 1986 fundó junto a su socia, Patti Shi, el estudio Bedmar & Shi. "Así me adapté a ellos y adopté sus formas de vida. Mi socia fue fundamental para hacerme conocer la filosofía y la forma de ser del asiático", relata el arquitecto.

En esos primeros años en Singapur, diseñaba hoteles, restaurantes y locales. Más adelante, se dedicó a proyectos residenciales más grandes como los condominios Residence 8 y Trevose House. En la actualidad, con su estudio Ernesto Bedmar Architects, se dedica principalmente a lo residencial. "A mi trabajo lo veo como 'contemporáneo tropical', y en su mayoría son viviendas unifamiliares y hoteles boutique", describe, y añade: "Por estar debajo del Ecuador, hacemos lo posible por crear una arquitectura verde y reducir el uso masivo de aire acondicionado".

Hotel Ad Lib ubicado en Bangkok, de Palleros
Hotel Ad Lib ubicado en Bangkok, de Palleros

Hermanos unidos por la misma pasión

Los hermanos Palleros representan los talentos de un arquitecto y de un ingeniero combinados. Así es la historia de Diego y Martín Palleros, dos hermanos de Buenos Aires que desde hace más de dos décadas viven y trabajan en Bangkok, Tailandia, con su estudio Tierra Design.

Martín Palleros es arquitecto por la Universidad de Belgrano con un master en arquitectura del paisaje, y Diego Palleros es ingeniero civil por la Universidad de Buenos Aires con un master en ingeniería de seguridad contra incendios. El hermano arquitecto comenzó su camino en el exterior cuando se fue a estudiar a Miami. Trabajó en Estados Unidos y en Singapur, donde fundó Tierra Design, el estudio que más adelante llevó a Australia y a Tailandia. En este último país tienen sus oficinas principales hoy. "Desde entonces trabajamos juntos realizando proyectos en Singapur, Australia, Tailandia, Malasia, India, China e Indonesia", relatan.

"Martín, como arquitecto tiene su mente orientada al diseño y la creatividad y yo como ingeniero una formación mental estructurada más orientada a la organización. Creo que eso nos permite mostrar un frente sólido de creatividad en el trabajo con un poco de disciplina y organización empresarial", dice Diego Palleros.

Sus proyectos están orientados a la industria del turismo -es decir, hoteles y resorts- y a lo residencial. Según los hermanos, en todo el sudeste asiático la arquitectura comenzó a tener relevancia cuando la región se desarrolló en lo cultural y lo económico. "Hoy es como una Meca de la arquitectura", relatan.

La estabilidad que les dio trabajar en esa región del mundo les permitió desarrollar proyectos que quizás en otras condiciones no existirían. Así lo explican: "Los proyectos de arquitectura llevan mucho tiempo y pueden llevar tres, cinco o más años, y requieren inversiones importantes que llevan mucho tiempo recuperar. Esa falta de previsibilidad en la Argentina, es lo que hace que nuestro mercado sea muy chico y de pequeña escala".

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