Se llama “The Promised Land” y refleja el sueño cumplido de la conductora: una residencia íntima y majestuosa, rodeada de jardines, arte y vistas al Pacífico
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A lo largo de su carrera, Oprah Winfrey no solo construyó un imperio mediático, sino también una imagen de superación y poder que trasciende generaciones. Desde niña se enfrentó a la desigualdad y la discriminación; sin embargo, a fuerza de talento, carisma y determinación, se convirtió en una de las mujeres más influyentes del mundo, forjando un camino propio en la televisión y los negocios.
Su historia personal está marcada por una transformación radical y sus propiedades son una extensión de ese recorrido. En especial, “The Promised Land”, como ella misma bautizó a su mansión principal en Montecito, California.
El nombre no es casual: representa el lugar de tranquilidad, éxito y estabilidad que soñó durante años y que finalmente logró construir. Ubicada en una exclusiva zona donde también residen celebridades como los duques de Sussex Harry y Meghan, Ellen DeGeneres y Gwyneth Paltrow, esta residencia no solo destaca por su lujo y dimensiones del terreno, sino por la visión personal que Oprah imprimió en cada rincón.

“The Promised Land”, la mansión en Montecito
Montecito es una comunidad costera del condado de Santa Bárbara, en California. Esta zona, enclavada entre las montañas y el océano Pacífico, se caracteriza por su clima templado, paisajes verdes y tranquilidad, lo que la convierte en un refugio predilecto para figuras del espectáculo, empresarios y miembros de la realeza moderna.
Rodeada de viñedos, senderos naturales y propiedades de alto perfil, combina lujo con discreción, y es el escenario perfecto para la paz que Oprah siempre buscó.


Con más de 28 hectáreas, la mansión fue adquirida en 2001 por US$52 millones, aunque hoy su valor es considerablemente mayor llegando a los US$90 millones. El acceso a la propiedad se da por un camino bordeado de robles y jardines perfectamente cuidados. La casa principal, de estilo georgiano con influencia neoclásica, está rodeada de terrazas, fuentes de piedra y vistas abiertas a los cerros de Santa Bárbara.
La ambientación de la residencia fue cuidadosamente diseñada, con la participación de profesionales del interiorismo y una selección minuciosa de materiales. Los espacios reflejan una estética clásica y elegante, donde predominan los tonos neutros, el mobiliario refinado y obras de arte distribuidas en distintos ambientes. El living principal cuenta con una chimenea de mármol tallado, grandes ventanales que favorecen la entrada de luz natural y una disposición pensada para generar una atmósfera serena y acogedora.
El comedor formal incluye una mesa para más de doce comensales, mientras que la biblioteca destaca por su amplitud y su diseño funcional. La cocina, equipada con electrodomésticos de última generación, combina elementos modernos con detalles rústicos, como grifería de cobre, una isla central y terminaciones en madera clara.
El dormitorio principal responde al concepto de retiro personal. Está orientado a generar calma y conexión con el entorno natural, con ventanales que abren hacia los jardines, una terraza privada, vestidor y baño en suite con bañera exenta. La decoración incluye fotografías personales y mensajes impresos que remiten a lo íntimo.



En el exterior, la propiedad incorpora un jardín botánico, invernadero, huerta orgánica y una pileta con vista panorámica al océano. También dispone de una casa para invitados y espacios destinados a la meditación o el descanso.
Según ha declarado su propietaria, la mansión fue concebida como un lugar de bienestar interior más que de ostentación. “Este lugar me sana, me recuerda de dónde vengo y hacia dónde voy”, afirmó en una entrevista con la revista Vogue.
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