Carlos Ott: "Estoy a favor de las torres porque abarcan varias funciones"

El arquitecto uruguayo desembarcó unos días en el país para recorrer la obra que construye en Puerto Madero y confesó sus secretos a la hora de concebir sus emprendimientos
El arquitecto uruguayo desembarcó unos días en el país para recorrer la obra que construye en Puerto Madero y confesó sus secretos a la hora de concebir sus emprendimientos Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal / AFV
Marysol Antón
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10 de agosto de 2019  

"Soy un millennial", dice todo serio, y muestra su agenda en papel altamente customizada: la que no sigue los patrones tradicionales preimpresos. Los itinerarios del arquitecto Carlos Ott están escritos en cuadernos con su propia lógica. Más aún, están en su memoria, la que permite recitar casi como un mantra todos los destinos que visitará en los próximos cuatro meses: "Montevideo, Miami, Nueva York, Hong Kong, Bombay, Chennai, Manila, Shangái, Pekín, Honshu, vuelvo a Toronto (vive en Canadá), París, Nueva York nuevamente y retorno a Montevideo en noviembre". Ott tiene en marcha un proyecto, uno que visualizó y trasladó a mano alzada a las hojas de esos mismos cuadernos en los que organiza sus días. "Era muy buen estudiante en jardín de infantes, pero pasé a primero y ya no, entonces seguí con los garabatos", bromea, una constante que se mantendrá mientras dure la entrevista. Su paso por Buenos Aires no es casual, vino a trabajar, claro está. Actualmente está tras el diseño del nuevo hotel W Buenos Aires y Harbour Tower, ambos proyectos son parte del emprendimiento Madero Harbour que desarrolla GNV Group, en el dique 1 de Puerto Madero.

-¿Cómo nace la idea de estas dos torres?

-Con Alejandro Ginevra -presidente del GNV- somos amigos hace mucho tiempo, y me propuso pensar un proyecto para este espacio en Puerto Madero. Primero diseñamos Harbour Tower, unos tres años atrás. La idea era que fuera diferente al resto de las torres. Y después pensamos en un hotel, y esta es la última propuesta -dice señalando el render del edificio donde funcionará la marca W Hotels Worldwide, de Marriott International, aunque quienes trabajan con él saben que los retoques son hasta último momento-. Lo fantástico es que en esta manzana tenés de todo: un centro comercial, oficinas, un supermercado, torres residenciales, hotel y hasta un helipuerto.

Desde su mirada, para Ott la famosa Carta de Atenas, que dispone el orden urbanístico separado por funcionalidades "es un disparate". En cambio, el arquitecto, va más por la visión de Jane Jacobs, autora de La muerte y la vida de las grandes ciudades americanas, quien defiende el estilo de las ciudades europeas, que amalgaman en la misma zona diferentes actividades: las tiendas, las oficinas y las residencias. Y esto es lo que reproducen en estos nuevos proyectos polifuncionales de GNV. "Harbour Tower es un edificio icónico, sin fachada principal ni laterales. Las vistas son de 360º: mirás al río, la Casa Rosada, el Dique 4, La Boca. Una torre esbelta era clave y se la puede usar como pivote para la manzana. El otro tema es que tiene toda la piel de vidrio, un material noble, autolavable. Queríamos maximizar justamente esas vistas, por eso tenemos vidrio de piso a techo, de muro a muro, y son departamentos de tres metros libres de altura, y los de arriba son de cuatro metros", relata en la charla que mantuvo con la nacion

-¿ Cómo se logra que el proyecto se amalgame con la cultura del lugar?

-¡Si te digo eso me quedo sin trabajo! Es clave reconocer las particularidades de cada lugar y, para mi es capital, es asociarme con arquitectos locales. No puedo pretender ir a Timbuktu y saber más que mis colegas de allí, porque ellos han estudiado, han trabajado, han pasado varias experiencias. Ellos me pasan las nociones que tienen y yo traigo ideas de afuera, porque me toca visitar muchos lugares. Por ejemplo, un apartamento que le hacés a la misma persona en Buenos Aires es diferente al que le hacés en Miami o en Singapur. Por ejemplo en Miami quiere que la cocina sea abierta porque no tiene servicio doméstico, acá es imposible. En Singapur hay dos cocinas, la linda donde hacen los sándwiches y atrás donde hacen los platos hervidos y fritos, entonces tiene que estar todo cerrado. Allí también te obligan a tener un refugio antinuclear, el que lo controlan todos los meses.

-¿Y en Buenos Aires, cómo se piensan?

-Es una ciudad muy particular, a veces no parece latinoamericana. No se asemeja a México, Río o Lima, es muy europea, sobre todo ciertas zonas. Además, la cultura argentina no tiene la impronta precolombina de los otros países, eso nos obliga a una arquitectura más europeizante que en Caracas o Bogotá, por ejemplo. Argentina se desarrolló muy rápidamente a principios del siglo XX pero sin historia, entonces la compró e hizo edificios neoclásicos españoles, pero hoy tenemos que hacer una arquitectura muy argentina. Los proyectos que estamos haciendo son porteños. También, deberíamos poner en algunos una cúpula, esta es una ciudad de cúpulas.

-Usted habla de la ética de la arquitectura, ¿cuál debería ser ese proceder hoy?

-Uno de los elementos más importantes es minimizar el impacto negativo al medio ambiente. No podemos hacer edificios reflejantes que aumenten el calor de nuestros vecinos, tenemos que usar al máximo la energía solar, reusar el agua de la lluvia. Tampoco podemos hacer asfalto por todos, debemos hacer espacios absorbentes, sobre todo en esta época que tenemos problemas con el calentamiento global.

-¿Qué opina de los edificios en torre?

-Estoy a favor de ellos. Antes las ciudades se hacían en la roca, en la parte donde no se podía plantar, y el valle fértil se dejaba para cultivar. A nadie se le ocurría construir ahí. La alta densidad es clave, y hay que mantenerla.

-¿Está de acuerdo con construir edificios de 600 metros de altura?

-Así, sin límites, no. Al lado de mi departamento, en Nueva York, están haciendo un edificio de 150 pisos, de 600 metros cuadrados por piso, son agujas, les dicen pencil tower. Eso es lógico cuando tenés un jeque árabe que te paga lo que vale: US$ 70.000 el metro. Es una construcción cara, porque la relación volumen a fachada exterior es altísima, la piel es lo más caro de la torre.

-Está encarando el diseño de dos ciudades en Filipinas, ¿cómo y qué abarca?

-No lo sé, después te cuento. Hoy son zonas rurales en Manila, Filipinas, que se convierten en urbanas. Hay que hacer el masterplan, algunos edificios, trazado de calles, los servicios, dónde va la municipalidad. Son ciudades donde pueden llegar a vivir desde 50.000 hasta 100.000 personas. Ya empezamos algunas torres de siete pisos, los shoppings, que son de 4 pisos con torres de más de 50 pisos arriba.

Inquieto, con la virtud de atender el teléfono siempre -así lo aseguran sus clientes- este referente mira a la arquitectura del futuro y se anima a crearla con sus garabatos.

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