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Para los amantes de la arquitectura y el diseño, en la provincia de Buenos Aires hay innumerables sitios para visitar, aunque uno tiene una historia especial: el castillo San Francisco, en Egaña. A poco más de 25 kilómetros de la ciudad de Rauch, la propiedad que estuvo en manos de Eustoquio Díaz Vélez, arquitecto y prócer de la Revolución de Mayo, y que luego perteneció a Eugenio, uno de sus hijos, también supo ser un orfanato y, entre mitos y verdades, el lugar encierra historias de misterio, muertes, y un proyecto turístico para el 2021.
La historia se remonta a principios del siglo XX. Sin un estilo bien definido, se construía y modificaba con innovaciones que realizaba el propio Eugenio, producto de los frecuentes viajes que le permitían traer los materiales de Europa, entre ellos, estufas labradas y mármoles de carrara. Los planos fueron elaborados por el propio Díaz Vélez y la construcción se realizó entre los años 1918 y 1930 por constructores y profesionales traídos de Buenos Aires y dirigidos personalmente por el arquitecto.

En 1930, al regreso de Eugenio Díaz Vélez luego de lo que había sido un largo viaje al Viejo Continente, su familia lo esperaba ansiosa con todos sus miembros, casi un centenar de personas pero algo ocurrió: “Todos se encontraban en el castillo para inaugurarlo, aguardando que llegue Eugenio, pero lo que llegó fue la noticia de su fallecimiento en Barracas. Su cochero lo fue a despertar y estaba muerto”, precisa Daniel Burg, que mantiene una relación especial con la propiedad, ya que fue su padre, Eduardo, que se hizo cargo del castillo en 1958 ya que formaba parte del Ministerio de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires, que tomó las riendas del lugar e instaló allí un hogar para jóvenes con problemas de conducta.
Todo estaba dispuesto y organizado para la llegada de Eugenio y la inauguración, sin embargo al conocerse la inesperada noticia de su muerte, los invitados tomaron el tren y abandonaron la residencia. “La mujer de Díaz Vélez, junto a sus dos hijas, ordenaron cerrar el castillo dejando hasta la mesa servida, quedó todo intacto por 30 años y cuando abrieron las ventanas, los manteles que habían quedado puestos, y se habían degradado con el tiempo, volaban como nieve adentro del castillo”, agrega Burg, en diálogo con LA NACIÓN.
Hoy en día la propiedad se distingue de todo lo que sucede alrededor del paraje Egaña, y también de lo que sucede en Rauch. Es que el sitio no es un lugar más. Fue una de las más grandes y lujosas mansiones rurales de la época con 77 ambientes, 14 baños, 2 cocinas, galerías, patios, taller de carpintería, terraza, mirador y balcones. Un dato curioso es su exterior: la propiedad no tiene un frente definido, sino que todos sus lados cumplen la función.
Tras lo sucedido con los Díaz Vélez, el castillo fue utilizado como orfanato, por lo que se le realizaron una serie de modificaciones para adecuar las instalaciones a la nueva función. Fue Eduardo Burg quien se constituyó como administrador y director suplente. Allí se enamoró del lugar y le tomó afectó, a tal punto que acompañó a uno de los jóvenes durante su crecimiento, aunque la situación no terminó como se esperaba. Al cumplir la mayoría de edad, debió abandonar la propiedad, y gracias a la ayuda del exdirector suplente consiguió trabajo en Rauch, aunque no le agradó y regresó al establecimiento para trabajar como celador de los menores. En el año 1974 tomó un arma y asesinó de siete disparos a Eduardo Burg. Tras el hecho la propiedad cerró sus puertas en poco tiempo.

Año a año, el castillo empezó a perder el brillo que solía tener, es por eso que algunos vecinos, comandado por Sergio Bilbao y Daniel Burg, se reunieron en 2010 y crearon el grupo “Por la reconstrucción del castillo Egaña” con el objetivo de que pueda mantener la estructura y hacer del lugar un sitio turístico.
En el año 2018 el Gobierno provincial firmó con el Municipio de Rauch un comodato por veinte años, y si bien la propiedad pertenece a la provincia de Buenos Aires, este acuerdo le da la posibilidad a los funcionarios municipales de elaborar un plan de acción para desarrollar y fomentar las visitas en el lugar.
“A comienzos del año pasado teníamos previsto realizar una convocatoria, intentando generar un Circuito Turístico que integre el Castillo de Egaña y la Comunidad de Egaña pero la situación de pandemia nos impidió avanzar en ese sentido. En la actualidad, estamos retomando, junto con la apertura de las actividades, ese proyecto que permitirá potenciar a los habitantes de esa zona rural”, confió Fermín Gándara Sica, Director de Turismo de Rauch.
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