
El Airelles Château de Versailles, Le Grand Contrôle, es el único hotel situado dentro del palacio
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Hace 20 años, Sofia Coppola fue la primera cineasta autorizada por el Palacio de Versalles para entrar, cámara en mano. Filmó a Kirsten Dunst como María Antonieta entre torres de macarons y copas de champán, probándose zapatos con un par de Converse escondidas bajo la seda y transformó a la reina más odiada de Francia en una adolescente pop melancólica y deslumbrante, al son de New Order y The Cure.
Del 22 de septiembre de 2026 al 24 de enero de 2027, el palacio celebra estos 20 años con una exposición en el propio Petit Trianon, escenas en las habitaciones donde se filmaron y el vestuario de Milena Canonero, la diseñadora que ganó un Oscar por crearlo.
Las filmaciones se realizaron en el mismo lugar donde ahora se encuentra el hotel Airelles Château de Versailles, Le Grand Contrôle, el único alojamiento dentro de la extensa finca palaciega, una teletransportación al siglo XVIII diseñada por Christophe Tollemer, director artístico, quien recreó cada detalle al estilo de 1788. Todo está pensado: desde las telas de las paredes hasta los uniformes de brocado que viste todo el personal, desde el mayordomo hasta el sumiller.

Los 10 millones de visitantes que cruzan las puertas cada año llegan durante el día y se marchan al anochecer; el huésped se queda para ver cómo la finca se vacía y, durante unas horas, los jardines de André Le Nôtre, las fuentes y los bosques cuidados pertenecen a un pequeño grupo de personas. Desde la fachada del hotel, la vista se pierde entre los parterres, los rosales y los invernaderos que se extienden hasta donde alcanza la vista, y la noche se prolonga con un cóctel en la terraza.
La residencia de los ministros del reino
Luis XIII mandó construir un pabellón de caza en 1623, y su hijo Luis XIV lo transformó en el palacio más célebre del mundo. En 1681, encargó a su arquitecto predilecto, Jules Hardouin-Mansart, el mismo arquitecto de la Galería de los Espejos, la construcción, junto a los Cien Escalones, del edificio que se convertiría en el Gran Contrôle, residencia de embajadores, músicos y filósofos.
Cuatro décadas después, se convirtió en el Ministerio de Hacienda, residencia del Contralor General, cargo que muchos consideraban el segundo más poderoso de Francia. Allí vivieron Jacques Necker, el último ministro de Luis XVI, junto a su esposa, Suzanne Curchod, cuyo salón reunía a las figuras más brillantes de Francia, y su hija, Germaine, criada en este círculo de intelectuales, lectora de Rousseau y, más tarde, como Madame de Staël, una de las grandes escritoras de su tiempo.
Fue desde estas ventanas que la joven Germaine se enteró de la invasión del palacio la mañana de octubre de 1789. Tras la Revolución, el edificio sirvió al ejército francés hasta que, siglos después, el gobierno abrió un proceso de licitación y el grupo Airelles ganó, llevando a cabo la renovación completa de los edificios que hoy albergan uno de los hoteles más lujosos del mundo; el chef Alain Ducasse obtuvo la concesión gastronómica del restaurante Ore, dentro del palacio, y de los restaurantes del hotel.

Alojamiento exclusivo en medio de los jardines de Versalles
La restauración, finalizada en 2021, devolvió al edificio su antiguo esplendor. Tollemer se adentró en el inventario de 1788, recuperó casi el 90% del mobiliario original del siglo XVIII en subastas, adquirió chimeneas del propio palacio y colocó suelos con piedra de la misma cantera que se utilizó para construir Versalles, mientras que Maison Pierre Frey recreó telas y papeles pintados inspirados en los diseños del Petit Trianon. Solo hay 15 habitaciones, cada una con el nombre de una figura que se alojó allí, y cuentan con bañeras antiguas y camas con dosel al estilo de María Antonieta.
Imagínese paseando con la encantadora Agathe por los pasillos, escaleras, spa y sauna hasta el Bar de la Chapelle, la antigua capilla del edificio, transformada en un bar único, descubriendo cada detalle de este espacio palaciego; o entrando, con Elsa, en la cúpula, la Suite Le Nôtre, la Suite Necker, abierta a los Cien Escalones, y la Suite Madame de Fouquet, con su baño secreto tras una puerta oculta.

Las camas son altas, vestidas con telas de brocado y sábanas de algodón puro con monogramas; cuesta levantarse de ellas por la mañana. Por todas partes, se reponen constantemente libros antiguos, flores y fruta fresca, y se colocan bandejas de macarons de Ladurée sobre las mesas, mientras el verde de los jardines entra a raudales por las ventanas.
El Pabellón de Jardineros
Como novedad para esta temporada, el pabellón es un ala restaurada dedicada a los jardineros de Luis XIV, entre ellos André Le Nôtre. Cuenta con tres suites distribuidas en dos plantas, reservadas exclusivamente para una escapada de fin de semana con amigos o familiares, en un ambiente que recuerda al refugio de María Antonieta en el Petit Trianon. La más grande, de más de 250 m², tiene vistas a la Orangerie.
También alberga La Table des Jardiniers, el segundo restaurante del hotel, que ofrece una versión más relajada de la cocina francesa de la mano de Alain Ducasse. En verano, todo se traslada a la terraza, donde los picnics reviven un antiguo ritual: la cesta, la manta extendida sobre el césped y el Palacio de Versalles como telón de fondo en el horizonte.
Un banquete a la luz de las velas por Alain Ducasse
La alta cocina se encuentra en el restaurante con estrella Michelin que Ducasse dirige desde 2021, año en que obtuvo su estrella bajo la dirección diaria del chef ejecutivo Stéphane Duchiron. Ocupa dos salas sobre la Orangerie, una azul y otra dorada, y junto a ella se encuentra una de las bodegas con vinos de etiquetas exclusivas, que Louis, el somelier, muestra a los comensales.
Al mediodía, bajo el sol, el ritmo es pausado; por la noche, todo se transforma en un festín para el rey. Comienza con aperitivos en el Salón de Audiencias y continúa a la luz de las velas; el menú, impreso en un abanico semicircular que se abre como una brújula, está dividido en platos: el Festín Real de Temporada, Entrantes, Gran Entremet, Relevé, Rôti, Queso y Postres. El personal viste brocados del siglo XVIII; la porcelana es una fiel reedición de la Antigua Manufactura Real de Limoges, y los vinos fluyen en copas de cristal Cartier y Baccarat servidas en un cáliz rosa facetado.
Al estilo de María Antonieta
Al final de la tarde, se sirve en el histórico Salón Rojo el té Les Délices de Marie-Antoinette, una creación de Alain Ducasse y elaborada por el pastelero Aymeric Pinard. El menú narra la historia de Versalles a través de dulces clásicos y reinterpretaciones inspiradas en los gustos de la reina. Entre ellos, destaca el chocolate caliente con aroma a azahar, su bebida favorita. Desde mayo, se ofrece Le Goûter des Jardiniers, servido en la terraza con vistas a la Escalera de los Cien Escalones, con fruta recién recolectada, magdalenas calientes, pudín de caramelo, helado de leche con frambuesa y caléndula, y galletas de manteca.

Los banquetes del Rey Sol
También en el Salón Rojo, durante el té de la tarde, Julien Revah, director general de Le Grand Contrôle, l’Hôtel du Château de Versailles, muestra el libro de época Louis XV et la Famille Royale, con planos circulares de banquetes reales dibujados como diagramas de mesa. “Los grandes festines gastronómicos de Versalles renacen en nuestro Gran Banquete”, dice, y cuatro veces al año, esta velada adquiere proporciones de espectáculo, con actuaciones en vivo y vestimenta más ceremonial. Más tarde, el Bar de la Chapelle se ilumina con 1000 velas para un último trago preparado por el barman.
Cada detalle importa
El mayor lujo reside en lo que se recibe sin pedirlo. El minibar con todo incluido se repone diariamente con dulces, aperitivos, chocolates, vinos y otras delicias de los mejores proveedores de Francia, con etiquetas de Château d’Estoublon siempre disponibles. La finca de Airelles en Les Baux-de-Provence, desde 1489, produce aceites de oliva de más de 40 variedades de aceitunas y vinos ecológicos. En el baño, los productos provienen de Jardins de Baulieu, del laboratorio provenzal de la finca hermana, que forma parte del grupo. El desayuno de Ducasse se sirve en la habitación o en el salón con vistas a la Orangerie, con zumos, champán, embutidos, menús a la carta y bollería con exquisiteces como el pain perdu de caramelo salado. Luego, el palacio abre sus puertas en privado: guías historiadores ofrecen visitas guiadas cuando Versalles cierra al público, y antes de la apertura del Petit Trianon, también se pueden visitar la Galerie des Glaces, el Domaine de Trianon y la Orangerie, sin que haya nadie más alrededor. Si desea explorar por su cuenta, el hotel le proporciona entradas para el Petit y el Grand Trianon, además de un mapa. El recorrido se realiza en un carrito eléctrico con GPS y música clásica. Y hay más: picnics junto al agua, paseos a caballo al amanecer, cetrería.
Cada día comienza con un despertar real: el mayordomo entra a la luz de un farol, al son de música del siglo XVIII, abre las cortinas, sirve leche de almendras perfumada con naranja y prepara un baño esparcido con pétalos. Los niños tienen su propio reino en el Campamento Real de Airelles, entre barcos, ponis, clases de esgrima y té al estilo de María Antonieta, e incluso hay espacio para un palco en la Ópera Real, las cartas de la Reina en la Biblioteca de Versalles y una cena para dos con un cuarteto de cuerda en la Sala de los Hoquetones.
El placer continúa en el Spa Valmont, bajo bóvedas de piedra, con una piscina de 15 metros iluminada por frescos pintados a mano, un hammam, una sauna de piedra, madera y mármol, y tratamientos de los Laboratoires Botanique Avancée.



