
En un paisaje costero, se construyó una vivienda con materiales de la zona, tejas coloniales y granito; propone una armonía entre el ámbito íntimo y la inmensidad del océano que se vislumbra desde sus rincones
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En la costa oriental del Uruguay, al norte de Punta del Este y muy cerca de José Ignacio, se levanta una finca con una pronunciada pendiente hacia la costa en un lugar privilegiado por su vista abierta hacia el mar. Un paisaje sereno, árido y ventoso alberga una casa tradicional, proyectada por los arquitectos Mariano Clusellas, Sebastián Colle y Carolina Pedroni.
La casa fue construida artesanalmente con materiales de la zona: tejas coloniales en los techos; piedra caliza y diferentes granitos en los muros y pisos, y tirantería de maderas duras como el lapacho, todo se amalgama cuidadosamente en sintonía con el deslumbrante paisaje.
Se accede por la parte más alta del terreno. Desde allí, la vista del techo con tejas color arena, a contrapendiente del lote, se confunde con médanos vecinos y permite ver el mar más allá de la casa.
Delimitado por muros de piedra y galerías, se encuentra el patio de entrada, con una pileta a un lado y un espinillo en el centro.
El espinillo era el único árbol que había en el lugar y se trabajó para conservarlo más allá de lo imaginable. Valía la pena, no podía estar mejor ubicado, parecería que hiciera una reverencia a la pileta.
Una sucesión de espacios exteriores se articulan de diferente forma alrededor de la casa, según orientación, vientos y vistas. Patio de entrada, pileta, galerías, pérgolas, pasajes con escaleras y terrazas, rodean la casa, permiten recorrerla por el exterior y dejan entrever el mar entre muros y ventanas coincidentes.
La pendiente del techo desciende hacia las galerías, que cuentan con una escala acotada, siempre agradable para sentarse o recorrer. A su vez, estas galerías balconean y reparan la pileta de los fuertes vientos del Este.
En cambio, la pendiente de la cubierta acumula altura hacia la playa y genera altos muros de piedra con amplios y luminosos ventanales que se orientan hacia el mar.
La vista de la casa se completa con un deck con pérgola de lapacho que tamiza la luz del mediodía. Otra pérgola de lapacho cumple idéntica función en el comedor exterior, que enlaza las dos alas de la casa y cuenta con ventanas para aislarlo de las corrientes marinas.
Los interiores tienen estudiados detalles de diseño en líneas simples y austeras. Una escalera articula los diferentes niveles; una inmensa chimenea de piedra; una cocina con muebles de lapacho y mármol de Carrara. No sobra ni falta nada.
En suma, una arquitectura respetuosa del paisaje que rescata las construcciones y los materiales del lugar.
Datos
Estudio Clusellas/Pedroni/Colle
Humboldt 1510





