Vancouver trabaja para convertirse en una ciudad con edificios sin emisiones

El gobierno puso en marcha un plan con el objetivo de reducir la contaminación; lo hará cambiando la práctica de la construcción en menos de 10 años
El gobierno puso en marcha un plan con el objetivo de reducir la contaminación; lo hará cambiando la práctica de la construcción en menos de 10 años
Sean Pander
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21 de diciembre de 2019  

En la mayoría de las ciudades del planeta, las casas y los edificios son la mayor fuente de contaminación. Vancouver no es la excepción. Allí casi el 60 por ciento de la contaminación por carbono proviene del gas natural utilizado para calentar los edificios. Un dato que no deja de preocupar a los especialistas.

Canadá, hace años que necesita una regulación audaz para frenar esas emisiones y hacer frente al cambio climático. Igual hay que tener en cuenta que las alianzas amplias y la consulta y aceptación de la industria son claves para el éxito de cualquier estrategia de reducción de emisiones de edificios. Es decir que, si hay que reducir las emisiones de carbono rápidamente, hay que cambiar fundamentalmente la práctica de la construcción en menos de 10 años.

Y se hizo. El Fondo de Innovación de "Carbon Neutral Cities Alliance" junto con la industria de la construcción y el Ayuntamiento de Vancouver dio forma a un plan de Edificio de Emisiones Cero (ZEB), que se aprobó en 2016. Desde ese momento, los distintos actores del sector se comprometieron para hacer viviendas y edificios con emisiones cercanas a cero con el objetivo de que esta sea la norma reinante en esa ciudad de cara al 2030. El primer paso del plan ZEB establecía requisitos para reducir las emisiones de carbono de los nuevos edificios en un 60%. Era necesario realizar cambios significativos en cómo se deben diseñar, construir y operar los nuevos edificios. Sin embargo, la introducción de esta norma completamente nueva, y el establecimiento de límites ambiciosos sobre las emisiones, la pérdida de calor y la intensidad del uso de energía, no fue una tarea fácil. Los primeros socios para dar forma a este cambio fueron los líderes de la industria en Vancouver que ya estaban diseñando y construyendo edificios súper eficientes energéticamente. Se aprovechó su experiencia para aprender lo que era más efectivo. Se confió en los innovadores locales, y se trabajó estrechamente con profesionales de la construcción, desarrolladores y empresas de servicios públicos. Además, se sumó la Provincia de Columbia Británica y otros municipios de la región. Incluso se realizó un viaje de investigación a Europa para seguir sumando experiencias y conocimientos.

La segunda etapa implicó el compromiso por parte de las autoridades de Vancouver de liderar con el ejemplo, construyendo todas las nuevas instalaciones de la ciudad según el estándar de la Casa Pasiva (el estándar más agresivo del mundo para edificios súper eficientes) o equivalente y utilizar fuentes de combustible de cero emisiones cuando fuese posible.

Los diseñadores y constructores locales de casas pasivas aportaron su experiencia y ayudaron a identificar obstáculos regulatorios que estaban disminuyendo la cantidad de construcciones de ese tipo en la ciudad. Esto agilizó el proceso administrativo y liberaron una serie de barreras regulatorias, como la zonificación y la relajación del espacio del piso para acomodar paredes y techos más gruesos. En solo cuatro años, se pasó de una casa certificada de Passive House, en 2015, a 2800 unidades construidas o permitidas en 2019. Lo que representó un progreso. A lo largo de este proceso, se incentivó a los fabricantes de ventanas de alto rendimiento, aislamiento y roturas térmicas. Al mismo tiempo se creó un Código de Energía de BC. Hoy, Vancouver está en camino de ser la ciudad con las facturas de calefacción más bajas, con la mejor calidad de aire para los habitantes y con los edificios más fáciles de mantener. A pesar de este éxito, los referentes del sector saben que aún queda mucho por hacer. Por ejemplo, están analizando las emisiones asociadas con los materiales de construcción, como el hormigón, el acero y el aislamiento de espuma en aerosol. Ahora requieren que los desarrolladores reporten el "carbono incorporado" para que pueda ser medido y reemplazado por mezclas de concreto con bajo contenido de carbono y edificios altos de madera (madera maciza). El nuevo objetivo: reducir el carbono incorporado en los proyectos de construcción en un 40% desde hoy hasta 2030.

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