El grupo de tambores prolongará sus clásicos shows de los lunes hasta el amanecer del martes feriado
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El Carnaval, una celebración con raíces religiosas y derivas paganas, marca un tiempo excepcional dentro del verano, una pausa que habilita otra manera de transcurrir el presente. Con sus comparsas, máscaradas, desfiles, trajes de colores, música y brillos la fiesta llega para romper el piloto automático de la productividad, despojarse de los roles estancos y ensayar una identidad distinta, más libre y descontracturada. Con ese espíritu, el ritmo de los tambores, el baile y la energía que emerge cada lunes en Ciudad Cultural Konex con La Bomba de Tiempo se transportará a la fiesta de Carnaval, una propuesta del grupo de percusión para prolongar el fervor hasta el amanecer del martes feriado.

La cita es el lunes 16 de febrero a la medianoche, dos horas después de terminado el Lunes Bomba que se hace de 19 a 22 en el mismo predio. El ensamble abrirá la noche de Carnaval con su clásico encuentro de improvisación, en el que catorce músicos componen en vivo, guiados por un particular sistema de señas, mientras el público participa de la experiencia de la creación colectiva. “Lo que se da en nuestros shows se basa en un trinomio: el ritmo que sostiene, la danza como el movimiento y todo lo que implica estar en el momento en un lugar y las voces, que representan lo más sutil”, explica Luciano Larocca, integrante de la banda desde sus comienzos. “Todo sucede en el presente; es algo nuevo cada vez”, señala.
20 años de algo único
Luciano Larocca (güira y djembé) recuerda las primeras sesiones como instancias de exploración artística que un día comenzaron a convocar público. María Bergamaschi (tumbadora y chekeré) coincide en que la presencia de la gente se fue incorporando de manera gradual. Con los años, esas reuniones se afirmaron como los “Lunes Bomba”, una experiencia que hoy se vive como un ritual compartido entre los músicos y una audiencia fiel.
—Si miran hacia atrás, desde el primer ensayo hasta hoy, ¿qué cambió y qué se mantiene constante en La Bomba de Tiempo?
María Bergamaschi: Lo que cambió fue la comunicación, mejoró sustancialmente, y es algo que seguimos trabajando el día de hoy. Lo que se mantiene es la admiración entre nosotres al tocar, que también gracias a que mejoró la comunicación podemos expresarla mucho más, con gestos, con palabras, con aplausos, con abrazos.
Luciano Larocca: Empezamos haciendo ensayos abiertos donde probábamos todos los estilos, desde candombe a tango, y en un momento encontramos ciertos lugares comunes, dijimos “toquemos más pop, a ver qué onda”, en otro momento decíamos a la gente que se pare y se pusiera a bailar. Venían 200, 300 persona a vernos, probábamos nuestro sistema de señas, se sentaban a vernos, venía gente yogui, bailarines de contact improvisación, y con ellos fuimos afinando el sistema y nos volvimos especialistas en hacer bailar. Muchos dicen que es como una rave de tambores.
—¿En qué momento esa exploración musical se volvió un ritual semanal con identidad propia?
María Bergamaschi: Ya en los primeros meses del grupo cuando lo empezamos a sentir como una necesidad.
Algo de historia
La Bomba de Tiempo fue formada por Santiago Vázquez en 2006 con la idea de crear algo nuevo en la música: quería poner en práctica su propio lenguaje de “Ritmo y Percusión con Señas” para dirigir improvisaciones en tiempo real con un grupo seleccionado de percusionistas. En busca de un sonido potente, bailable que no necesitara amplificación externa, reunió a los músicos que aceptaron su idea y comenzaron a explorar distintos instrumentos y ritmos con influencias afrocubanas, afrouruguayas y africanas. El músico dejó la dirección de La Bomba de Tiempo en 2014 para enfocarse en nuevos proyectos musicales, de investigación y la divulgación de su sistema de señas. Ya consolidado como un referente de la percusión improvisada, el ensamble continuó su actividad y asumió en conjunto la dirección del grupo.
Actualmente La Bomba de Tiempo está integrada por María Bergamaschi (tumbadora y chekeré), Nacho Alvarez (tambor repique y tumbadora), Mariano “Tiki” Cantero (tambor chico), Lucas Helguero (quinto, accesorios y dirección), Juampi Francisconi (tambor piano, chekeré, dum dum y dirección), Mario Gusso (conga y campana), Andy Inchausti (surdo, djembé y dirección), Alejandro Oliva (surdo, conga y dirección), Richard Nant (surdo, trompeta y dirección), Gabriel Spiller (campanas, tronco y dirección), Pablo Palleiro (tumbadora y tambor repique), Luciano Larocca (guira y djembé), Diego Sánchez (djembé, quinto y dirección) y Carto Brandán (semillas y surdo).
—¿Cómo funciona y cómo evolucionó el sistema de señas arriba del escenario en estos casi 20 años?
María Bergamaschi: Siempre buscamos simplificar lo que más se pueda el sistema de señas. Para que haya una nueva tiene que ser realmente necesario. Y surgen por necesidad de resolver cómo podemos comunicarnos con las manos para poder pedir alguna idea musical al grupo. Hay veces que inventamos una nueva seña y luego nos damos cuenta que ya había otra que expresaba lo mismo. Entonces la desechamos.
—Después de tanto tiempo tocando juntos, ¿sigue existiendo el riesgo o ya es otra clase de desafío?
María Bergamaschi: El riesgo de la improvisación siempre está, por suerte. Es una de las llamas que nos mantienen vitales arriba del escenario. Desafíos, creo que existieron desde siempre, y como grupo independiente que somos, van a seguir existiendo, sobre todo en estos momentos políticos tan complejos.
Luciano Larocca: Tomamos todas nuestras decisiones por unanimidad. Desde que Santi (Santiago Vázquez) dejó el grupo, nos preguntamos qué hacemos ahora y entonces hicimos una asamblea para ver qué hacer y desde entonces empezamos a tener una dinámica de reuniones que a veces son muchas y otras pocas para definir cada próximo paso. En España estuvimos en una capacitación con una persona que daba capacitaciones para cooperativas y él nos dijo: “Cuando hay una sociedad chica las decisiones se toman rápido, cuando hay una sociedad de muchas personas, para que sea rápido, tienen que estar todos de acuerdo”. Nosotros estábamos con muchos desacuerdo, algunos no se hablaban entre sí. Pero el flaco nos insistió: “Todos adentro”. Y ahí empezamos una campaña para llegar a acuerdos entre los 18 que formamos el grupo y hasta el día de hoy seguimos con la campaña del amor.
—¿Así la llamaron: “La campaña del amor”?
Luciano Larocca: No, lo acabo de inventar, pero re va el nombre, porque hay que hablar con todos, unos tienen más onda con uno, otro con otro, pero tenemos que estar todos en una misma sintonía. Todos conocemos las historias familiares de todos, los problemas económicos, los deseos, los sueños tapados de otros y es importantísimo eso, porque en definitiva una decisión colectiva es la suma de las ganas de cada una de las personas que forma parte. Y después, cuando se dice que sí, es una manada de elefantes, no nos para nadie.
—Aparte de sus roles artísticos, asumen funciones de gestión propia, no tienen representante, ¿es así?
Luciano Larocca: Sí, porque en un momento nos dimos cuenta de que esa dinámica de comunicación que armamos arriba del escenario nos podía enseñar mucho sobre la comunicación abajo del escenario. Empezamos a trabajar con un coach, a vernos en las reuniones, los tiempos, donde quedarse, donde frenarse y cada uno empezó a ocupar otros lugares para entender cómo se maneja todo. Para cada puesto técnico tenemos un referente artístico. En el escenario hay un jefe de escenario que es el técnico y un músico que está viendo todo, en el sonido están los directores musicales dialogando con los sonidistas, y lo mismo hacemos en el management, las finanzas, la comunicación y las giras.
—¿Hubo momentos de inflexión que marcaran un antes y un después en la historia del grupo?
María Bergamaschi: Hubo tres puntos de inflexión muy importantes en la historia del grupo en estos 20 años. Primero, cuando se retiró del grupo Santiago Vazquez, su creador; el segundo fue en pandemia cuando falleció nuestro compañero Cheikh Gueye y la pandemia propiamente dicha también marcó un antes y un después en el grupo.
Luciano Larocca: También hubo momentos artísticos muy arriba, como cuando tocamos con Coldplay que nos invitaron a subirnos al escenario con ellos para el show de cierre de su gira. Nos dijeron “si les gusta se quedan arriba, si no se bajan” y nos quedamos cuatro temas. También fue un momentazo el año pasado cuando tocamos en una fiesta electrónica en Berlín y ahora disfrutamos de que empiecen a sumarse nuestros hijos. La primera vez fue en 2019 cuando Wos hizo su primer estadio y volvimos a subirnos con el también en Berlín. Son momentos zarpados a nivel energético para el grupo.
Algunos de estos hitos y los comienzos del grupo releva en su libro Humphrey Inzillo quien en 2017 junto con Gabriel Plaza se propusieron seguir de cerca a este grupo de artistas que admiraban cuando el proyecto todavía estaba lejos de convertirse en el fenómeno cultural que es hoy. La publicación apareció en 2017 y funciona como un registro cercano y sensible de una experiencia que Inzillo conoció desde su etapa más temprana, como recuerda: “Yo acompañé todo ese proceso desde lo que llamo la prehistoria de La Bomba de Tiempo. Estuve presente en encuentros fundacionales, en viajes y en charlas clave, como las que se dieron en Punta Ballena o en la casa de los padres de Leandro Quiroga, el dueño de Medio y Medio en Uruguay. Recuerdo especialmente cuando me contó la idea que tenía para La Bomba, cómo imaginaba un ensamble de percusión guiado por señas, basado en la improvisación y en una relación muy activa con el público. En ese momento era casi un boceto verbal, pero con el tiempo todo eso se fue concretando”.
—Cuando les proponen sumar voces y/o bailarines a los shows ¿en qué se basan para aceptar?
María Bergamaschi: Nos llegan propuestas continuamente, nos proponen diferentes artistas. Y, bueno, se analiza cada caso, se evalúa, y nuestra comisión, que se encarga de manejar la agenda de artistas de invitades, selecciona las diferentes propuestas. Bailarines es un poco más complicado por una cuestión de espacio, pero sí hemos tenido y seguimos teniendo cada tanto participaciones de acróbatas, bailarines o artistas plásticos en vivo.

—¿Qué devuelve el público y cómo influye en el show?
Marina Bergamaschi: El público siempre devuelve la mejor de las ondas. Ya sea aquellos públicos que bailan todo el show sin parar, aquellos públicos que escuchan con mucha tensión. Hemos tenido público infantil, si se ven las caritas de admiración, de sorpresa, de asombro, hemos aprendido a tocar para diferentes públicos durante estos veinte años, y eso creo que también nos ha fortalecido y nos ha enseñado que la música que hacemos es nuestra guía, y siempre tenemos que hacer lo mejor posible arriba del escenario.
Luciano Larocca: Hay un ida y vuelta permanente, vamos armando como una salsa con ellos, entrando de a poco en lo que ocurre en cada encuentro. Es muy difícil el lenguaje de los tambores, te puede dejar afuera. Entonces, vamos trabajando la energía de a poquito y en momento llegamos a un clímax. Y cuando llega ese momento suele ocurrir que cuando Richard toca la trompeta o arranca Tiki y la gente se pone a cantar.
—Consejos y recomendaciones al público para que disfruten de la experiencia de los lunes y del carnaval que se viene.
María Bergamaschi: Que apague su celular, que trate de conectar con su deseo, que confíe que la va a pasar bien.
Luciano Larocca: Pueden venir en bici, hay espacio adentro del Konex para guardarla. Ropa cómoda, relajados.
Marina Belinco (prensa y comunicación): Y compren las entradas con anticipación porque se agotan. Viene Gaspar Benegas, que es el baterista de Los fundamentalistas del aire acondicionado y, a cargo del cierre, Los Charros; además, en la pista B sonará música electrónica en simultáneo durante toda la noche con la la fiesta Electra, creada por las DJ’s: María de las Mercedes, Micaela Garcia y Sol Bast
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