La berenjena, ese fruto de piel oscura y carne blanca (si bien hay otras variedades de distinto color exterior), con sabor apenas amargo y una plasticidad formidable a la hora de cocinarlas y utilizarlas. Se las puede hervir, hornear, freír, saltear y tostar; funcionan como recipiente para ser rellenadas y sirven también como relleno de pastas y de carnes, todo gracias a una textura que va de cremosa y blanda a firme y resistente. Más allá de unos pocos que las detestan, en Argentina las berenjenas son populares (están en la lista de las quince hortalizas más producidas en el país). Esta receta de berenjenas a la sarda es originaria de Sardegna en italiano o Cerdeña en español.
Lavar las berenjenas, quitarles los cabitos y abrirlas. Hacerles en la pulpa unos pequeños tajos con un cuchillo filoso sin dañar la cáscara.
Colocarlas en un escurridor, espolvorearlas con sal gruesa y dejar descansar durante 2 horas. Luego, lavarlas y escurrirlas.
Distribuir las berenjenas en una asadera con un poco de agua, la pulpa hacia arriba y llevar al horno hasta tiernizar. Pasarlas por pan rallado, distribuirlas en una asadera, mezclar el queso rallado con el tomate y bañar las berenjenas. Llevar al horno hasta gratinar.
Una idea para darles mas sabor a las berenjenas a la sarda es, en lugar de ponerlas en el agua con sal para quitarles lo amargo -las berenjenas ya no son como las de antes y no resultan tan amargas, por las técnicas de cultivo- rociarlas con aceto balsámico y un chorrito de miel antes de cocinar.
Las berenjenas a la sarda pueden hacerse con la forma que más te guste, no hace falta cortar las berenjenas a la mitad y a lo largo como uno se puede imaginar. Por ejemplo se pueden cortar en rodajas finitas y hacerlas intercalando con el queso y el tomate como si fuera una lasagna.