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Los hongos frescos se conservan en la heladera o lugares frescos, en recipientes (no de metal) cubiertos por una toalla de papel o lienzo limpio. Limpieza: frotarlos para retirar impurezas con una tela apenas humedecida o con un cepillo de cerda fina. No hay que sumergirlos en agua ya que absorben más humedad de lo necesario y diluyen su sabor natural. Se consume todo, incluyendo el tronco o tallo.




