Acompañada por amigas, la soberana de los Países Bajos disfrutó de una jornada flotante tras días agitados en Nueva York y Río de Janeiro
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Amigas, sol y lo mejor del mar Mediterráneo. Una fórmula perfecta para hacer un impasse en una agenda cargada de actividades. El domingo 29 de septiembre y junto con tres amigas, la reina de los Países Bajos desembarcó en la glamorosa localidad francesa de Saint-Tropez, en la Costa Azul, para hacer un recreo después de haber viajado a Estados Unidos y a Brasil. En Nueva York y en el marco de la 79ª Asamblea General de las Naciones Unidas, disertó en el panel de “Finanzas Inclusivas para el Desarrollo, 15 años de impacto” junto con el primer ministro de Tanzania Kassim Majaliwa, el ministro de Relaciones Exteriores filipino Enrique Manalo, el presidente del Banco Mundial Ajay Banga y Bill Gates.

En la ONU, Máxima recibió un reconocimiento por el trabajo que viene realizando desde hace años y estrenó cargo: desde el miércoles y por decisión del secretario general de la ONU, António Guterres, asumió como nueva Defensora Especial para la Salud Financiera. Horas más tarde y tras despedirse en el aeropuerto de su marido, el rey Guillermo Alejandro –viajó con ella y la acompañó en este primer tramo para después retomar sus actividades en Países Bajos–, Máxima viajó a Río de Janeiro para asistir a la Cumbre del G20, donde su exposición en el panel “Acelerando el progreso en la última milla de la inclusión financiera para el bienestar financiero”, un foro de la Alianza Global para la Inclusión Financiera (GPFI), fue recibida con aplausos.


OH LÀ LÀ, SAINT-TROPEZ
Con anteojos de sol, grandes bolsos, sombreros y vestidos tipo túnicas de verano, la presencia de Máxima y su troupe no logró pasar inadvertida en Saint-Tropez, una exclusiva localidad que la icónica Brigitte Bardot ya frecuentaba en los años 50. Y desde entonces es el reducto elegido de celebridades y millonarios. En su citadelle, el casco histórico, están todas las tiendas de lujo: Hermès, Louis Vuitton, Dior, Armani, Celine, Bvlgari... Después de hacer compras en Domino, una boutique ubicada en una galería (Traverse de la Garonne), la soberana y sus tres amigas, una más canchera que la otra, se dirigieron al otro extremo de la localidad; más precisamente a la playa de Pampelonne, donde se encuentra el Club 55, el parador más top.

Si hay un sitio mítico en el Mediterráneo, ese es Le Club: se hizo famoso porque ahí hizo base el equipo que filmó en 1956 Y Dios creó a la mujer con la legendaria Brigitte Bardot. Tras el almuerzo y como broche de oro de ese domingo soleado, se dirigieron al puerto, donde se embarcaron en el Laffin, un lujoso yacht de bandera del Reino Unido que es propiedad de un multimillonario canadiense. Horas más tarde y después de este relajante paréntesis, Máxima regresó a Países Bajos, donde, incansable y siempre sonriente, dijo presente en la inauguración del nuevo edificio de la Academia Nacional de Ballet, en Ámsterdam.





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