Dejó Concordia, su ciudad natal en Entre Ríos, para ir detrás de sus sueños en Buenos Aires. Hizo de todo y sin renunciar a su cargo de director de Marketing de un hotel, se lanzó a la televisión y la radio
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Viajero incansable, además de coleccionar biografías y moños, en su departamento de Recoleta que decoró años atrás con su amiga Gloria César, los recuerdos de los periplos de Gabriel Oliveri por el mundo asoman por todos lados, como esas mamushkas que trajo alguna vez de Rusia, que un poco lo representan. Debajo de su traje de director de Marketing y Comunicación del Four Seasons Hotel, está el actor, el conductor, el panelista, el escritor, el hijo y hermano agradecido (”les debo todo a mis padres y a mi hermana Carolina, que es un ángel, dirá en un rato). “Menos yoga, hice de todo”, le dice a ¡HOLA! mientras lanza esa carcajada fresca y para empezar la entrevista, explica que prefiere no decir su edad. “La vida es trágica porque sabemos que termina mal, entonces me dedico a sacarle el jugo cada día. Me gusta desafiarme y cumplir mis sueños”.

–¿Tu libro, Una vida cinco estrellas, fue uno de esos sueños?
–Sí. Y me sirvió para hacer catarsis y me di cuenta de que quiero ayudar a la gente a liberarse, a ir detrás de sus sueños. Cuando las cosas no salen, sirve escribir qué te pasa, en qué momento de la vida estás. Casi nadie hace un plan de vida, hay que programarse y acompañar con trabajo y preparación.
–Aunque hace rato estás en la tele, tu presencia es cada vez más fuerte.
–Esto recién empieza. [Se ríe]. Es muy fuerte lo que me pasa frente a la cámara. Y desde el principio tuve grandes maestros, con mucha paciencia. Debuté disfrazado con una peluca y lentejuelas con Dr. Amor, gracias a Coco Fernández. Entrevistaba famosos disfrazado con una peluca y vestido de lentejuelas. Ahí la entrevisté a Pampita, a quien ya conocía, y me dijo que el día que tuviera un programa iba a trabajar con ella. Y hace ya cuatro años que la acompaño en Pampita Online (Net TV).
–¿Son amigos?
–Tenemos una relación excelente, nos divertimos y sé que le puedo preguntar lo que sea. Caro siempre llega con una sonrisa, saluda a todos y disfruta trabajando, como yo. [Piensa]. El año pasado yo no quería salir por la pandemia, pero me llamó Marcela Tinayre para ir al programa de Mirtha, con Juana Viale. De hecho, ahí estaba el Pelado (Guillermo) López, y al lunes siguiente me convocó para Santo Sábado (América), que me encanta. Y también estoy feliz en LN Brunch (LN +, con Carola Gil). Pero nunca usé mis contactos de la hotelería. Y me perdí de estar en una película con Adrián Suar y Valeria Bertucelli. Ellos filmaban en el hotel, y Adrián, que pagó todo, me ofreció que en una escena los recibiera. Dije que no porque alguien podría pensar que todo eso era para poder salir en la película.
–Tenés el don natural del humor…
–Estudié teatro durante un montón de años y también stand-up, con Julio Chávez, con el genio de Gandolfo, Agustoni, Catalán... Algún día me voy a subir a un escenario. Pablo Pérez Iglesia, que produce a Pilar Sordo, ya me lo ofreció pero nos agarró la pandemia. Estoy abierto a desafiarme y a probar. Tuve un gerente en el hotel, Tulio Hochkoeppler, que ahora está en México, que fue muy generoso y entendió que la interacción sumaba y beneficiaba mi trabajo. Lo más lindo que uno se puede regalar es tener una mente libre, soltar amarras para llegar a puertos desconocidos.
–¿También tenés humor para los temas personales?
–Aprendí a reírme de mis propias tragedias. Hoy soy feliz, la estoy pasando genial y si supiera dónde vive Dios le mandaría una caja de champagne. Pero no siempre fue así.
–¿Por ejemplo?
–Nací en Concordia, mis padres fueron dos trabajadores incansables. Mamá llegó en barco en los 50, desde España. Fueron a Concordia porque mi tío José ya estaba ahí y era la capital de la naranja, como Valencia. Vivían en un rancho de adobe y trabajaban día y noche para poder comprarse un campito. Mis abuelos paternos vinieron de Italia, tenían un almacén de ramos generales en la esquina de la Plaza España. Y justo frente a esa plaza fue a vivir mamá. Papá fue un tiempo camionero y ella lo ayudaba a cargar el camión, cocinaba, cosía, trabajaba y estaba llena de inquietudes. Ella nos enseñó sobre la porcelana de Limoges, el cristal de Baccarat, nos llenó de imágenes y de sueños. También me decía que yo era diferente y que iba a lograr cosas que otros no. Algo de eso había porque yo tenía una sensibilidad y una sexualidad diferente. Años más tarde, hablando con Sandra Mihanovich, le conté sobre el bullying sufrido y me lo relativizó y me lo alivianó. En esa época, en ese lugar, aunque me podría haber pasado en cualquier lado, no lo podía decir. Fue duro porque me tuve que inventar una vida que no era. Mucho tiempo después pude encajar las piezas. El mundo es de todos y uno no tiene que pedir permiso para ser de una manera o de otra. La pasé muy mal y a los 16 ya no quería vivir. Llamé a una psicóloga que habló con mamá y decidimos que lo mejor era que me viniera a Buenos Aires a buscar una luna que me iluminara como yo necesitaba. [Se ríe]. Partí en colectivo y Buenos Aires fue mi lugar en el mundo, donde me pude potenciar. Al principio mis padres me ayudaron mucho económicamente y fui a la residencia universitaria San José, en Belgrano, donde vivieron Guillermo Vilas, Miguel Galuccio, que fue presidente de YPF, y un montón de gente importantísima.
–¿Qué estudiabas?
–Derecho. Tenía buenas notas pero cuando murió papá me rebelé y dejé la carrera porque sólo quería darle un título. Y empecé a estudiar teatro y hotelería, y para pagarme las clases, arranqué como maletero y así aprendí, siempre yendo por más.


DE ESTRELLAS Y AMORES
–De todas las estrellas que conociste, ¿cuáles te impactaron más?
–Madonna se levanta a las 7 de la mañana y entrena tres horas diarias. Mick Jagger siempre pregunta tu nombre, te da una identidad. Y me pidió que le contara la historia de La Mansión, igual que Luis Miguel. También me sorprendió que la hija de Keith Richards le cocinaba su propia comida, y que Rod Stewart le organizó una cena romántica y sorpresa a su mujer. A Mario Vargas Llosa me atreví a pedirle que me recomendara un taller literario. Y me dijo: “Para escribir bien tenés que leer mucho, sentarte a escribir y pedirles a los dioses que te ayuden. No hay taller literario que pueda enseñarte”. Yo soy católico de momentos difíciles, de cuando se mueven aviones, pero el día que arranqué con mi libro, me persigné. Y de acá, cada vez que veo a Mirtha Legrand le digo que no puedo creer estar con ella y que la quiero. Lo mismo a Susana. Mantengo esa mirada provinciana de decir maravillado “¿qué hago acá?”.
–¿Algún sueño pendiente?
–Seguir escribiendo, tener mi propio programa de televisión, hacer cine y teatro, seguir dando charlas motivacionales (en agosto va a estar en Pinamar), seguir viajando y comiendo rico… Y además tengo la felicidad de estar hace veintitrés años con Miguel, que la pasamos tan bien y es mi gran pilar. Él trabaja y vive en el campo y es muy discreto. Le divierte que yo sea mediático, pero él es bajo perfil de verdad. Nos vemos cuando se puede pero hablamos tres o cuatro veces por día, lo amo. Amar y ser amado hace tanto bien, uno va más feliz por la vida cuando sabe que alguien lo piensa.
–¿Te gustaría ser padre?
–Hoy no. Pero la vida es un misterio.
Agradecimientos: @laorquideashop.lamejorflor; @sastreriagonzalez1920; @mcoptica; @alejandroliberte para @Cerininet (pelo); @todoxunmonio






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