Tiene 31 años e hizo historia en con un espectáculo único y cargado de mensajes
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El mundo entero puede no saber quiénes son Kenneth Walker III o Drake Maye. El mundo puede no saber que son jugadores estrella de los Seattle Seahawks y de New England Patriots, respectivamente. El mundo puede no saber que el 8 de febrero de 2026, en el Estadio Levi’s, en Santa Clara, California, en el Super Bowl –el partido final de la tempo rada de la National Football League (NFL)– los Seattle Seahawks vencieron por 29 a 13 a los New England Patriots. Pero hay algo que el mundo sí sabe y es que Bad Bunny es quien verdaderamente conquistó el halftime, un espacio que poco tiene que ver con el fútbol americano: desde hace tiempo, es, más bien, un escenario de impacto masivo para el arte, la música y la cultura.

En el entretiempo más visto de la historia de los Super Bowls –se calcula que, al halftime del 8 de febrero, lo vieron más de 70 mil personas en el estadio y, desde sus casas, más de 220 millones en todo el mundo, una cifra que superó las presentaciones de Madonna, Coldplay o Beyoncé–, el puertorriqueño montó una fiesta que hizo vibrar, bailar, conmover y pensar a nivel planetario y que, en 13 minutos, dejó en claro por qué es considerado el artista latino más importante del siglo XXI.

Decir que tiene 70 millones de oyentes en Spotify, más de 50 millones de suscriptores en Youtube y más de 50 millones de seguidores en Instagram [después del evento del Super Bowl, cerró su cuenta] podría explicar algo del fenómeno de Bad Bunny. Ganador de 6 Grammy anglosajones y varios Grammy latinos, no sólo es hombre de los récords –hizo historia al convertirse en el primer artista latino en ganar el Grammy al Álbum del Año, con un disco en español; y en España, agotó 12 conciertos y 600 mil entradas en tan sólo 24 horas–, es una leyenda que tiene tan solo 31 años.
SAN BENITO DEL SUPERTAZÓN
Suena el tema “Tití me preguntó” y ahí aparece Bad Bunny, vestido todo de blanco, abriéndose paso por una escenografía única en la historia de los Super Bowl (o, como le dijo el artista, el “Supertazón”): una geografía con campos de caña y que evocaba su infancia en Vega Baja, un municipio con montañas y mar ubicado en la parte central de la costa norte de la isla de Puerto Rico. Y entonces, Bad Bunny se acerca bien cerquita a la cámara y, en español, dice: “Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio, si estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí, así que tú también tienes que creer en ti”.

Nacido en 1994, Benito Antonio es el hijo mayor de Tito Mar tínez y Lysaurie Ocasio, un camionero y una maestra que además tuvieron a otros dos hijos: Bysael y Bernie. “Sólo tenía un par de zapatos, había necesidades, pero en mi casa nunca faltó cariño”, ha dicho él en algunas entrevis tas sobre su infancia humilde, en el barrio Almirante Sur. El cuento sobre su nombre artístico –Bad Bunny– surgió por una foto escolar en la que aparecía disfrazado de conejo y con cara enojada: traducido al inglés, el apodo se convertiría en su nombre artístico. Pero debieron pasar varios años para que Bad Bunny –quien desde chico era fan de Daddy Yankee, uno de los padres del reggaeton y, además, puertorriqueño– saltara a fama.

![El cantante y compositor, en One Voice: Somos Live!, un concierto para recaudar fondos para desastres, en Marlins Park, en octubre de 2017, en Miami. Cuando le preguntaron por el significado de la remera que luce en esta foto, él dijo: “No necesita una explicación, pero él [en referencia a Donald Trump] necesitará un puertorriqueño o mexicano para
entender el significado”](https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/el-cantante-y-compositor-en-one-voice-somos-live-CRW5SXSQ6NEKDM4UATKYX3IDQM.jpg?auth=03b498090a697ccf48523ef0528d96283dda87548838eae4a0621ee869b924af&width=420&height=630&quality=70&smart=true)
Antes de que “Diles” –el tema que compartió con Ozuna, Farruko, Arcángel y Ñengo Flow– marcara un punto de inflexión en su vida artística, intentó estudiar Comunicación Audiovisual y se ganaba la vida trabajando como repositor y cajero en Econo, un supermercado de Vega Baja [la caja 10, hoy, está cerrada en su honor]. Cuando le preguntan quién fue la persona que más lo apoyó, él dice: “Mi mamá (…). Ella creía en mí, en mis decisiones, en mis opiniones, en mis gustos, en mis elecciones. Cree en mí como persona y creo que eso es lo que me ha traído hasta aquí”.

Además de Lysaurie Ocasio, su madre, otras mujeres han pasado por su vida. Después de Carliz De La Cruz, una compañera suya en el supermercado Econo, tuvo una relación con la puertorriqueña Gabriela Berlingeri [el romance con la modelo y diseñadora de joyas, de 32 años, terminó en 2022, después de cinco años].

Con la modelo Kendall Jenner (30), tuvo un romance que culminó en 2024: el 8 de febrero, ella estuvo en el Estadio Levi’s, acompañando a su ex, con quien mantiene una buena relación.


EN ESPAÑOL PARA EL MUNDO
El español, el reggaeton, el béisbol, el rap, la lucha libre, la salsa, los anteojos, el ajedrez, el espíritu caribeño, el básquet –y, por sobre todo, los Lakers y Kobe Bryant, el deportista que murió en 2020–, los perfumes, las zapatillas, la ropa… con su fuerte identidad, su carisma imbatible y su estética camaleónica, Bad Bunny se ha vuelto en estos últimos años un ícono de moda.

En 2023, asistió a la Met Gala con un traje blanco con escote en la espalda diseñado por Simone Porte Jacquemus, con gran ojo para detectar tendencias: ya lo había fichado a Bad Bunny para protagonizar Le Splash, su colección de 2022. Para METGala de 2025, Prada le confeccionó un traje a medida y un sombrero con la forma de la emblemática pava boricua utilizada por los jíbaros, el nombre con el que se conoce a los campesinos puertorriqueños. En los últimos Grammy, donde se convirtió en el primer artista latino con un álbum en español que gana en la categoría de Álbum del Año, lució el primer traje de hombre de Schiaparelli: el smoking con cordones de corsetería en la espalda inspirado en un frasco de perfume.




En el polo opuesto del antiguo estereotipo del reggaetonero viril y agresivo, Bad Bunny –habitualmente usa prendas de género neutro– denuncia el racismo, la transfobia, los femicidios, las deportaciones de inmigrantes, el calentamiento global a través de su arte: con canciones que son himnos a la identidad y la comunión; y con el baile, como gesto genial de resistencia.

En este Super Bowl, apostó a más. Arriba de unas zapatillas inéditas de Adidas (las BadBo 1.0 Resilience) y vestido simbólicamente con un outfit blanco by Zara –la marca española, símbolo de democratización de la moda–, lanzó como un mantra “Juntos somos América” y “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, el touchdown más potente de estos tiempos.


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