Escribe su propio guion en el mundo del cine y la moda, lejos de sus reconocidos padres
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Maximilian Paul Diarmuid Irons nació el 17 de octubre de 1985 en Camden, Londres, hijo del renombrado Jeremy Irons y la actriz irlandesa Sinéad Cusack. Creció rodeado de un linaje artístico –incluyendo a su abuelo Cyril Cusack y las actrices Sorcha y Niamh Cusack–, y desde muy joven supo que quería dedicarse a la actuación. “Creo que tenía 16 años cuando me di cuenta de que quería ser actor. Antes quería ser piloto de caza, pero no estaba dispuesto a matar a nadie”, dijo en una entrevista con IndieLondon.


Sin embargo, la dislexia le representó un desafío: “Me costaba leer, pero eso nunca apagó mis ganas de contar historias”, declaró en una entrevista con Young Hollywood. Para encarar ese trastorno, adoptó una técnica: “Memorizo los guiones completos antes de la audición… Aprendo las líneas de todos los personajes para poder leer en público sin sentirme expuesto”, confesó al New York Post. Sobre el apoyo de sus padres con respecto a la actuación, alguna vez recordó las palabras de su mamá: “Habrá desempleo, desilusión, envidia, duda; pero si estás en paz con eso, estamos detrás tuyo”. Y su papá le aconsejó: “Presta atención a todo lo que estás haciendo… Nada debería importarte más que la interpretación. Disfruta y no te tomes a vos mismo demasiado en serio”. Sobre su famoso apellido, admitió con franqueza: “Me ha abierto algunas puertas… y también me ha cerrado otras”.

SUS COMIENZOS
Después de graduarse en 2008 y trabajar como camarero, debutó en la película Being Julia, en 2004, protagonizada por su padre y Annette Bening. Más tarde, se consolidó con papeles en el film The Host y las series The White Queen y Condor. También hizo lo suyo en el mundo del fashion. Fue descubierto por Mario Testino y posó para Burberry, Mango y Macy’s. “La moda me divierte, pero mi verdadera pasión siempre será la interpretación”, dijo a Country & Town House.

UN AMOR DISCRETO QUE CAMINA A SU LADO
Desde su primer encuentro en 2013, en una gala benéfica en Londres, la relación entre Max y la editora de moda Sophie Pera fue un delicado equilibrio entre el brillo del mundo creativo y la intimidad de un vínculo auténtico.

Tras seis años de novios, Max le propuso matrimonio. La boda se celebró el 30 de noviembre de 2019 en Oxfordshire, en una ceremonia sólo para familiares y amigos cercanos. Max y Sophie tienen una hija, que nació en 2023, cuyo nombre –por ahora– no salió a la luz.
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