La hija menor de Alfredo Casero y de la artista Marisa Rogel habla de su gran presente y de los planes con su novio misterioso
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Una mudanza inminente; el estreno de Anastasia, el musical el 5 de mayo; su cumpleaños número 27 el día 10; los ensayos para Viudas negras… Los días de Minerva Casero están en ebullición. “Me pasa todo junto, pero es un gran momento de crecimiento. Un terapeuta me dijo que alcancé el 100 en la escala de estrés; por suerte, lo estoy atravesando”, dice ella a ¡HOLA! Argentina, feliz de este presente. Muchos de los logros de hoy surgieron tras un quiebre –un susto médico– que la llevó a replantearse sus prioridades: “Me di cuenta de que no debía dar por sentada ni la juventud ni la salud. Y, si bien yo siempre he estado alineada conmigo, sentí la necesidad de reafirmar mis deseos. Me comprometí fervientemente con lo que quería construir. Fui ganando confianza: antes, algunas cosas que me encantaban me asustaban mucho. Hoy gana la alegría por animarme a hacer las cosas. ¡Y acá estoy!”.

-¿Cómo atravesás este momento de tanta exigencia?
–Mi vida es un equilibrio entre el ruido y el silencio. Antes era más ermitaña; hoy, para bajar la ansiedad, elijo algo así como una meditación activa: pinto, escribo o leo [es una ávida lectora y, en sus redes, suele hacer recomendaciones de libros]; miro tele o tejo [su mamá y su hermana Guillermina le enseñaron; hace chalecos y bufandas], me pinto las uñas, voy al gimnasio… o hago las actividades que me propone mi papá. Él, que es como un hombre del Renacimiento, es mecánico; cuando lo visito, me pide que lo ayude a pintar, masillar o lijar. Puedo estar horas así.
–¿Sabés de mecánica?
–¡No! [Se ríe]. Soy un soldado: él me da órdenes y yo cumplo. No tengo el conocimiento, pero sí me presto a aprender. Hace poco estuvimos pintando un camión viejo, un Dodge M37, y me pasé días con el aerógrafo y el pincel. Mi papá tiene esa cosa desbolada del artista, pero con sus autos es un cirujano. Me hace preparar la pintura, se queda al lado mío y me marca cómo mejorar. De chica, estas actividades me resultaban aburridas, pero al crecer se transformaron en algo meditativo y de mucha conexión con él. Al igual que la música, nos vincula a través del intercambio de saberes.

–¿Qué tenés de él?
–El tesón. Soy una persona muy voluntariosa. Siento que heredé de mi papá esa voluntad de ir para adelante, de ir lento, pero seguro. Él, además, es un hombre muy cordial: conecta genuinamente con todo el mundo, desde el panadero hasta cualquier persona que se cruce. Y tiene esa pulsión vital de siempre estar mirando al futuro, de reciclarse y seguir construyendo. Yo trato de dar mi mejor versión conmigo y con los demás.
–¿Qué tenés de tu mamá?
–La disposición a mejorar. Siempre dice: “Es la primera vez que soy madre; puedo equivocarme. Decime y lo mejoro”. Ella escucha desde el corazón y sonríe un montón.

–Como hija menor, ¿sos la más mimada?
–Sí, pero no soy para nada caprichosa. Con Guillermina y Nazareno [sus hermanos mayores son hijos del matrimonio de Casero con Claudia Galar], tengo un vínculo muy lindo; mi papá incentivó mucho nuestra unión: somos hermanos, nos queremos, nos cuidamos. Son parte fundamental de mi vida. No hay competencia entre nosotros. Durante mucho tiempo, nos juntábamos los fines de semana; ahora es difícil coordinar, pero hoy nadie se lo toma mal ni reclama. Con Nazareno, ahora nos acompañamos mucho con el estudio de los guiones: yo con Viudas y él, con Bebé Reno.
–¿Qué sentís al verte en esas gráficas inmensas en las avenidas más importantes de la ciudad? [Desde 2023, es embajadora de Cher Beauty y protagoniza las campañas de Dieciocho]. ¿Cómo te llevás con el cuerpo?
–Verse en lugares como la avenida Lugones impacta, aunque lleve tiempo haciendo campañas. Cuando te ves así, en una gigantografía o en un primer plano en el cine, empezás a preguntarte: ¿salí bien?, ¿no había una foto mejor? Tu presencia acapara miradas y no tener algún tipo de reflexión sobre eso sería medio loco. Este medio es muy exigente con lo físico y entendés lo desestructurante que puede ser para alguien verse tan expuesto. Nunca desarrollé un trastorno alimenticio ni planeo cirugías en los próximos 35 años. Los preceptos de mi mamá fueron clave para distinguir lo que viene de afuera y protegerme.

–¿De dónde viene tu pasión por la moda?
–Me encanta la moda. Mi mamá fue vestuarista y mi abuela Sarita era muy coqueta y espléndida. Mi papá también tiene mucho ojo. Tiene un lado femenino muy desarrollado: a pesar de ser tan masculino, está muy conectado con el universo fashion. Me hacía ver a las divas de antes: Sofía Loren, Brigitte Bardot u Ornella Muti. Me decía: “Mirá cómo se maquillan”. Hoy, a veces, me comenta “Qué linda tela” o “Qué lindo bordado”. Hace poco se compró una auténtica kilt escocesa y la usa con una campera de cuero. Le presta atención a lo bello como concepto.
–¿Estás de novia?
–Sí, es un novio misterioso. [Se ríe]. No quiero decir su nombre porque no es del medio. Es ingeniero y tiene mi edad. Lo conocí a través de la hija de una amiga de mi mamá. Muchos dicen que no saben qué lo enamoró del otro; bueno, yo sí sé: es una persona increíble y de corazón noble; tiene gran sensibilidad, dibuja muy lindo y disfruta mucho del aire libre y de la comida rica. Ha visto mi crecimiento y yo, el de él. Nos hemos acompañado en las carreras de ambos. Y nos fuimos complementando sin querer cambiar cosas del otro.

–¿El casamiento está en los planes?
–Llevamos casi cuatro años juntos y por ahora no. Sus padres están casados; los míos no se casaron. No tengo mandatos ni me desespera. En este momento, estoy como mucha gente de mi generación: ¡a ocho manos! Y tengo ganas de hacer muchas cosas más. Lo que sí tengo en claro es que quiero ser madre.
–¿Es un sueño a corto o largo plazo?
–Tal vez después de los 30. Quiero pasar por la experiencia del embarazo: pienso que tener un propósito y trascender hace que la vida sea mejor y más linda para los que vienen. En mi caso, al crecer tomé conciencia de todo lo que mis padres hicieron por mí: me dieron amor, acompañamiento con honestidad y las herramientas para que me desarrollara. Fui una privilegiada.

–La palabra “privilegio” hoy tiene una connotación negativa.
–Sí, es cierto, pero no encuentro mejor palabra para la cantidad de estímulos que recibí. Nací en una casa con un montón de puertas que antes no estaban abiertas; fueron mis padres quienes las abrieron. Acceder a sets de filmación, conocer gente y que la gente me preste atención –para bien o para mal– por cómo me llamo es una de ellas. No me hice de cero y eso no me hace sentir mal. Negar eso sería invisibilizar el esfuerzo de ellos, de mis abuelos y de una cadena de gente que pudo darme una vida con posibilidades. ¿Por qué criticar que un padre le facilite a su hijo esas posibilidades? Para mí, crecer pudiendo dibujar, pintar y estar al lado de grandes artistas fue superformativo. No puedo más que agradecer.


Producción: Paola Reyes Andaur
Maquillaje y peinado: Estefanía D’ Angelis para Sebastián Correa Estudio @sebastiancorreaestudio
Agradecimientos: Fabián Zitta @fabianzittaofficial y Joti Harriague @jotio.harriague, Rubi Rubi @rubirubioficial y Oggi zapatos @oggizapatos y Costa 7070 @costa7070.ba

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