La mujer del príncipe sigue recuperándose de una infección severa en la nariz, los oídos y la garganta en Sudáfrica, su tierra natal. Alberto fue anfitrión de un concierto a cielo abierto a beneficio de la Cruz Roja y, como en tantas oportunidades en el pasado, fue acompañado por su hermana mayor
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“Nada es para siempre”, dice una conocida canción argentina y el dicho, a esta altura de la soirée, bien vale para una pandemia. Ya pasó un año y medio desde que el mundo se cerró de un día para el otro a causa del coronavirus, pero el príncipe Alberto (63) dio el visto bueno para que los grandes acontecimientos regresen a Mónaco.
El viernes 16, por la noche, le llegó el turno a la gala de la Cruz Roja, uno de los charities más tradicionales del principado, junto al glamoroso Baile de la Rosa que instaló la princesa Grace. La velada, que el año pasado tuvo que ser cancelada por razones obvias, volvió reformateada como un concierto al aire libre. Por primera vez desde que fue creada en 1948, abandonó su histórica locación –la tradicional sala Des Etoiles del Sporting Club– y se mudó a la plaza del casino de Montecarlo, con aforo reducido.
Esta nueva edición, la número 72°, fue presidida por el príncipe Alberto, que ante la ausencia de su mujer, la princesa Charlene (43), contó con el apoyo de su hermana mayor, la princesa Carolina (64), y su familia.
AUSENCIAS NOTABLES
Carolina acompañó a Alberto en incontables acontecimientos hasta que el monarca encontró princesa y se casó con Charlene. Pero el “faltazo” de la sudafricana que le dio el sí hace diez años y dos herederos, los mellizos Jacques y Gabriella (6), no pasó desapercibida. Su Altísima Serenísima sigue varada en su país natal, adonde viajó hace más de dos meses para participar de una misión de rescate de rinocerontes, y aún está allá, recuperándose de una infección severa en la nariz, los oídos y la garganta por la que tuvo que ser operada.
Dimitri Rassam, el marido de Charlotte Casiraghi (34), y la princesa Alexandra de Hannover (22), la heredera menor de Carolina, también faltaron a esta importante cita, pero sus ausencias no tuvieron tanto eco como la de la ex nadadora olímpica. Días atrás, Charlene explicó, en una entrevista con la televisión sudafricana, que no puede volver a Mónaco aún porque sus oídos no soportarían la presión de un vuelo a más de seis mil metros de altura.

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