“Cada alfombra es única e irrepetible; cada artesano -como buen artista-deja su propio sello”, dice Glenda Saintotte, fundadora de la marca
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“En cada viaje al norte argentino, quedaba fascinada con la labor artesanal de las mujeres tejedoras del monte”, recuerda la diseñadora de interiores Glenda Saintotte. Por sus años de trabajo como tripulante de cabina, recorría con frecuencia destinos como Salta, Jujuy o Tucumán, y aprovechaba cada escala para descubrir pueblos encantadores como Cachi o Tilcara.

De aquellas experiencias nació Maki Warmi —que en quichua significa manos de mujer—, un proyecto dedicado a la creación de alfombras artesanales que busca rendir homenaje a las tejedoras del norte argentino que mantienen vivo un oficio ancestral.
“Ver a los artesanos tejiendo bajo los árboles, a cielo abierto, me hizo pensar: 'Esto es una obra de arte, ¿cómo podemos llevarlo a Buenos Aires?'”, recuerda Glenda. Aquella escena la conmovió tanto como la invisibilidad que pesaba sobre esos artistas. Poco a poco, comenzó a acercarse, a compartir sus días al aire libre con ellos, y a transformar ese oficio heredado de abuelas en una oportunidad de trabajo y reconocimiento.

Quiero que ellas vean que la tradición que heredaron de sus abuelas sigue viva, porque cada pieza es única e irrepetible.”
— Glenda Saintotte, diseñadora de interiores y dueña de Maki Warmi
Los inicios
Maki Warmi comenzó de manera tímida en los meses previos a la pandemia, pero fue durante la cuarentena cuando realmente despegó. "En ese tiempo, mientras muchos buscaban renovar sus hogares, el boca a boca nos instaló en el panorama de las alfombras artesanales" recuerda Glenda, que pasó su infancia en General Alvear, un pequeño pueblo correntino de apenas 9.000 habitantes.

Hoy, su propuesta también se distingue por el respeto por los tiempos del telar. “En esta época de inmediatez, nosotros proponemos volver a valorar lo que lleva tiempo. Nuestras alfombras pueden tardar entre cuatro y ocho semanas en producirse”, explica.

“Este proyecto busca mostrar quién está detrás de cada alfombra: las manos, el tiempo y la historia que lleva consigo. Cada artesano -como buen artista- deja su propio sello”.

Las alfombras, confeccionadas íntegramente en lana —principalmente de oveja—, no buscan la perfección ni la producción en serie. Cada una es única y se tiñe con pigmentos naturales: del lloro del algarrobo surgen los distintos matices de marrón; del hollín, los tonos mostaza; del jume, los grises; de las raíces de ciertos árboles, el rosa viejo; y de la yerba mate, el verde.


“Nos propusimos el desafío de transformar un producto ancestral, elaborado con técnicas tradicionales, en piezas contemporáneas que puedan convivir en los hogares de hoy. Por eso presento distintas colecciones, que varían según el tamaño, la técnica y el diseño: desde motivos simples, como rayas o lisos, hasta dibujos más complejos que requieren mayor tiempo de trabajo”, concluyó Glenda. Showroom de Maki Warmi: España 837, San Isidro.
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