Bajo mantenimiento y la flexibilidad, los dos pilares sobre los que se apoya esta casa sobre la primera línea de playa
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“Hicimos una casa que realmente se puede usar todo el año. Tiene salida al mar y vemos el amanecer desde la terraza; pero, también, hay chimeneas, un quincho que se puede cerrar y un patio interno para los días de mucho viento”. Tras años de ser habitués de Costa Esmeralda, donde tenían una casa que habían comprado ya construida, Sol Palou (creadora de la marca deco que lleva su nombre) y el arquitecto Christian Boix Mansilla (fundador de Grupo Pauta Arquitectura) decidieron proyectar su lugar ideal.
No bien se entra, están en fila y con salida al patio los cuartos de los hijos adolescentes y el sector de huéspedes. A todos ellos el acceso desde la calle, alejado de la nave central, les da mayor independencia.
“Pensé mucho qué quería ver al entrar, y era este patio. Cuando no hay playa, es el paraíso. Tiene sol, sombra, pileta… Le da intimidad a la familia y nos une. Hace de jardín y, también, de conexión entre los diferentes sectores”.

En la planta baja, los ambientes se abren según cuántos miembros de la familia vayan (y con cuántos amigos).
Rutinas distintas
“Queríamos que fuera esta casa fuera el punto de encuentro para las vacaciones y que se ajustara al formato de la familia: nuestros cuatro hijos tienen entre 7 y 19 años, con una lógica diferencia de rutinas; y, a veces, nosotros también vamos solos. La idea es que acá todos nos sintamos de vacaciones, cada uno a su ritmo, a la vez que compartimos experiencias”, reflexiona Sol.
Desde el patio central se accede al quincho, concectado con un estar informal con TV. Amplios y flexibles están pensados para recibir invitados y combinar playa con vida social.
El este espacio aterrazado funciona como cocina y quincho. Da hacia la vegetación del médano y, también, es salida privada a la playa. “Los chicos y los invitados lo usan muchísimo. Por otro lado, es un espacio de transición para todos, donde nos cruzamos durante el día”.
Arriba, otro mundo
“Cuando subo, siento que estoy en nuestro lugar. Cuando vamos nosotros dos solos, o con los más chicos, la casa no nos queda grande, porque allí tenemos una cocina integrada a un living. La pensamos con esas dos dinámicas, y nos funciona muy bien”, comparte Sol.
“Uno de los desafíos de la obra fue hacer este espacio bien amplio, pero sin columnas que interrumpieran la vista al mar”. Para reforzar la losa, colocaron vigas que luego revistieron con madera.
“Buscamos que la cocina estuviera integrada al living, pero sin que quedara tan evidente”, explican. Lo lograron muy bien con el mueble a medida pintado de negro que ocupa toda la pared.

La suite
“Estoy fascinada con nuestro ‘departamento’. Repetiría todo el sector de dormitorio y baño en mi casa de Buenos Aires. Cada vez que entro, me vuelve a impactar”.


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