
Se trata de una disciplina que combina fuerza, movilidad y coordinación a través de movimientos inspirados en animales. Agus Carmuega estará el 24 y 25 de octubre en el Bienestar Fest
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¿Qué pasaría si por un rato dejamos de movernos como nos enseñaron y escuchamos un poco más al cuerpo? En el Animal Flow no hay máquinas, ni rutinas repetitivas ni movimientos que busquen verse perfectos. La propuesta es otra: bajar al piso, explorar, desplazarse y recuperar una forma de movimiento más instintiva.
La disciplina nació a partir de la observación de los movimientos de distintos animales y combina fuerza, movilidad, coordinación, equilibrio y control corporal. Sus secuencias pueden incluir posiciones inspiradas en un oso, un cangrejo, un mono o una bestia, pero no se trata simplemente de imitarlos. La idea es tomar esos patrones como punto de partida para explorar las posibilidades del propio cuerpo.
Todo sucede, además, sin elementos externos. El cuerpo es la herramienta de trabajo y el piso se convierte en el espacio para desplazarse, cambiar de dirección, sostener una postura, pasar de un movimiento a otro y encontrar nuevas formas de moverse. Una secuencia puede empezar con las manos apoyadas, continuar con un desplazamiento lateral y terminar con un movimiento que exige fuerza, equilibrio y coordinación. Cada parte tiene un propósito, pero también hay espacio para jugar.

Agustín Carmuega, referente de Animal Flow en la Argentina, conoce bien esa sensación. Fue parte de la primera edición del Bienestar Fest y este año vuelve al festival para compartir nuevamente esta experiencia de movimiento. El encuentro será el 24 y 25 de octubre en el Hipódromo Palermo, donde el público podrá acercarse a distintas propuestas vinculadas con el bienestar, el movimiento y la conexión con el cuerpo.
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En una clase de Animal Flow, una de las primeras cosas que cambia es la relación con el espacio. Estamos acostumbrados a entrenar parados, a repetir ejercicios determinados o a movernos siguiendo una máquina. Acá, en cambio, hay que bajar al piso, apoyar las manos, usar las piernas de otra manera, coordinar brazos y piernas, desplazarse hacia adelante, hacia atrás o de costado. Todo en una seguidilla de movimientos que, en la vida cotidiana, no solemos hacer.
Por eso, además del trabajo físico, la práctica propone recuperar algo que muchas veces queda afuera de los entrenamientos: la curiosidad. Probar un movimiento aunque no salga perfecto, encontrar una transición, descubrir que una postura que parecía imposible se vuelve accesible después de algunos intentos. En ese proceso, la fuerza convive con la movilidad y el control con la fluidez.
También aparece una dimensión más lúdica. Volver a una forma de movimiento menos estructurada, más cercana al juego y a la exploración. Dejar de pensar por un rato en cómo debería verse un ejercicio y concentrarse en cómo se siente. El cuerpo deja de ser algo que hay que llevar de un punto a otro y se convierte en el protagonista de la experiencia.
En la primera edición del Bienestar Fest, Carmuega invitó a los participantes a animarse a “sacar el animal” que llevaban adentro. La propuesta generó una escena bastante distinta a la de un entrenamiento tradicional: personas desplazándose por el piso, probando posturas, siguiendo secuencias y descubriendo que detrás de esos movimientos aparentemente simples había un desafío físico importante.

Una de las claves del Animal Flow recae en que no se trata solamente de hacer ejercicio, sino de volver a jugar con el cuerpo. De recuperar movimientos que alguna vez fueron naturales y que, con el tiempo, fuimos dejando de lado. De encontrar fuerza sin perder movilidad y coordinación sin resignar espontaneidad.
Este año, Agus Carmuega vuelve al Bienestar Fest para reencontrarse con quienes ya probaron la experiencia y para invitar a quienes todavía no se animaron. Durante el 24 y 25 de octubre, el Hipódromo Palermo volverá a convertirse en un espacio para descubrir distintas maneras de sentirse bien. Entre ellas, una que propone algo tan simple como volver al piso, escuchar al cuerpo y preguntarse qué pasa cuando dejamos de movernos siempre de la misma manera.



