Un error frecuente después de la ducha puede disminuir la vida útil de las toallas y aumentar el riesgo de contaminación
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Antes de poner una toalla usada en el cesto de la ropa sucia, es conveniente asegurarse de que esté completamente seca. Muchas personas la tiran directamente tras ducharse, pero, según expertos en higiene, dejarla húmeda durante demasiado tiempo favorece la proliferación de bacterias y otros microorganismos.
Las toallas fueron diseñadas para absorber agua, pero precisamente esa capacidad las convierte en un entorno propicio para la acumulación de humedad. Según un artículo publicado por el diario español OkDiario, especialistas en higiene advierten que guardar estos textiles mojados o mezclarlos con otras prendas antes de que se sequen por completo puede favorecer la aparición de bacterias, hongos y malos olores.
El riesgo aumenta especialmente durante temporadas de calor, vacaciones o días de playa y piscina, cuando estos textiles suelen utilizarse con mayor frecuencia. En esos casos, es común que permanezcan húmedos durante varias horas, lo que incrementa la posibilidad de que aparezcan microorganismos no deseados.

Según explica el medio español, si no se utilizan y almacenan correctamente, pueden acumular suciedad, polvo, pelos, bacterias e incluso ácaros, elementos que podrían desencadenar alergias, irritaciones cutáneas u otras molestias.
Además del mantenimiento de las prendas, algunos especialistas también aconsejan sobre la forma apropiada de secarse después del baño. El doctor Kerry Lebenger aseguró que “lo correcto sería, después de una ducha o de un baño, secarnos siempre de arriba hacia abajo, empezando por la cabeza y terminando por los pies”. Según el especialista, este hábito ayudaría a evitar la dispersión de bacterias presentes en distintas zonas del cuerpo.
Otro aspecto relevante tiene que ver con la frecuencia de uso. De acuerdo con el experto, “lo recomendable sería intentar evitar secarnos dos veces seguidas con una misma toalla”. Por ello, sugirió disponer de al menos dos toallas para alternarlas.
Sin embargo, una de las advertencias más cruciales está relacionada con el momento del lavado. “Nunca, nunca, debemos dejarlas húmedas junto al resto de la ropa sucia”, Según explicó, esta práctica favorece la aparición de bacterias y gérmenes que pueden propagarse desde las toallas hacia otras prendas.
La recomendación es sencilla: antes de enviarlas al lavado, conviene colgarlas en un lugar ventilado hasta que pierdan toda la humedad. De esta manera se reduce el riesgo de contaminación cruzada y se evita que el cesto de la ropa se convierta en un foco de malos olores.
Finalmente, utilizar una secadora o dejarlas en un espacio bien ventilado contribuye a mantenerlas en mejores condiciones higiénicas, prolongar su vida útil y reducir la presencia de agentes que podrían afectar la salud de quienes las utilizan.

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