
Aportan proteínas de buena calidad y se destacan por su contenido de hierro y vitaminas del complejo B
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Pequeños, de cáscara moteada y cada vez más presentes en ensaladas, entradas y distintas preparaciones, los huevos de codorniz pueden ser una alternativa para sumar variedad a la alimentación. Pero detrás de su tamaño diminuto también existe un perfil nutricional interesante: aportan proteínas de buena calidad, grasas, vitaminas y minerales y, en algunos micronutrientes, presentan concentraciones superiores a las del tradicional huevo de gallina.
Sin embargo, para compararlos correctamente, hay que tener en cuenta una diferencia fundamental: el tamaño. Un huevo de codorniz pesa en promedio unos 10 gramos, mientras que uno de gallina ronda los 50 gramos. Por eso, no resulta adecuado enfrentar nutricionalmente una unidad contra otra, sino comparar cantidades equivalentes de alimento, por ejemplo, 100 gramos.
“Al comparar porciones equivalentes, ambos presentan un perfil nutricional similar y aportan proteínas de excelente calidad, grasas, vitaminas y minerales”, explica la Lic. María Mercedes Burgos, jefa de Residentes e integrante de la Dirección de Alimentación del Hospital de Clínicas de la UBA (MN 11661).
En proteínas, de hecho, las diferencias son pequeñas: ambos aportan alrededor de 12 gramos cada 100 gramos de alimento. El contraste se vuelve más evidente al analizar algunos micronutrientes: en cantidades equivalentes, el huevo de codorniz presenta una mayor proporción de hierro, potasio, calcio, riboflavina —vitamina B2— y vitamina B12 que el huevo de gallina.
¿Es más nutritivo que el huevo de gallina?
La respuesta no es tan sencilla. Que determinados nutrientes aparezcan en mayor concentración no convierte al huevo de codorniz en un alimento necesariamente superior. Ambos huevos poseen una buena calidad nutricional y pueden formar parte de una alimentación equilibrada.

“Las diferencias más relevantes aparecen en la concentración de determinados micronutrientes. Sin embargo, debido al pequeño tamaño del huevo de codorniz, se necesitan varias unidades para alcanzar un aporte de nutrientes similar al de un huevo de gallina”, señala Burgos.
El tamaño también influye en el uso cotidiano. En muchas preparaciones se necesitan aproximadamente tres o cuatro huevos de codorniz para reemplazar uno de gallina. Mientras este último ofrece mayor rendimiento y versatilidad para tortillas, revueltos, panadería o repostería, los de codorniz suelen utilizarse enteros y resultan especialmente prácticos en ensaladas, aperitivos y platos en los que también importa la presentación.
Por eso, la elección entre uno y otro puede responder más al sabor, la preparación, la disponibilidad, el costo y el rendimiento que a la búsqueda de un alimento nutricionalmente “mejor”.
Cómo incorporarlos
No existe una cantidad de huevos de codorniz indicada para todos los adultos sanos. La porción y la frecuencia deben contemplarse dentro del patrón general de alimentación y de las necesidades individuales de cada persona.
Desde el punto de vista culinario, pueden utilizarse prácticamente de la misma manera que los huevos de gallina: hervidos, en ensaladas, como acompañamiento o como ingrediente de diferentes platos. Una opción sencilla es consumirlos hervidos. Por su tamaño necesitan menos tiempo de cocción: aproximadamente tres a cuatro minutos desde que el agua alcanza una ebullición moderada.
La seguridad alimentaria es un punto importante. Al igual que otros huevos, pueden ser portadores de salmonella, por lo que Burgos desaconseja consumirlos crudos o insuficientemente cocidos. Tanto la clara como la yema deberían quedar completamente cocidas, una precaución especialmente relevante en embarazadas, personas inmunocomprometidas y otros grupos con mayor riesgo de sufrir complicaciones por enfermedades transmitidas por alimentos.
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Qué dice la ciencia
Alrededor del huevo de codorniz también circulan afirmaciones que le atribuyen efectos sobre las defensas, las alergias y otras enfermedades. La evidencia disponible, sin embargo, obliga a ser prudentes.
Una revisión sistemática publicada en 2025 en la revista científica Nutrients analizó la investigación clínica disponible sobre suplementos elaborados a base de huevo de codorniz para la rinitis alérgica. De 294 trabajos inicialmente identificados, los autores incluyeron cinco reportes clínicos. Algunos observaron mejoras en síntomas como congestión nasal, estornudos, picazón y rinorrea. Pero existe una diferencia clave: los estudios evaluaron suplementos de derivados de huevo de codorniz combinados con zinc, y no el consumo habitual del huevo como alimento. Además, los propios autores señalan la necesidad de realizar investigaciones de mayor escala para confirmar los resultados.
“Por el momento, el huevo de codorniz puede considerarse un alimento nutritivo, pero no un alimento con propiedades terapéuticas demostradas”, advierte Burgos. La especialista señala que todavía hacen falta más estudios clínicos en seres humanos para determinar si algunos efectos observados experimentalmente se traducen en beneficios concretos para la salud.
En definitiva, no hace falta convertirlo en un superalimento para valorar sus cualidades. Nutritivo, versátil y diferente por su tamaño y presentación, el huevo de codorniz puede incorporarse como una alternativa más dentro de una alimentación variada y equilibrada.
BENEFICIOS
1. Proteínas de alta calidad
Aporta proteínas de muy buena calidad nutricional, necesarias para la formación y mantenimiento de tejidos. En cantidades equivalentes, su contenido proteico es similar al del huevo de gallina.
2. Buen aporte de hierro
Contiene aproximadamente 3,6 mg de hierro cada 100 gramos, una cantidad superior a la del huevo de gallina. Este mineral es fundamental para la formación de hemoglobina y el transporte de oxígeno en el organismo.
3. Vitaminas del complejo B
Se destaca por su aporte de vitamina B12 y riboflavina o vitamina B2, nutrientes que participan en el metabolismo energético, el funcionamiento del sistema nervioso y la formación de células sanguíneas.




