Cómo piensa el cofundador y managing partner de Kaszek, el mayor fondo de inversión de América Latina; los consejos para emprender y tener éxito
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“Uno se hace millonario por accidente”, dice Hernán Kazah. De bajo perfil, llega relajado y bien dispuesto a la entrevista con LA NACION en Mónaco, en el marco del Mundial de Emprendedores organizado por EY. Este emprendedor, graduado magna cum laude en Economía en la Universidad de Buenos Aires, sabe muy bien de lo que habla.
Recién recibido del MBA en Stanford, California, se asoció con su amigo de la universidad Marcos Galperin para poner en marcha una idea disruptiva que les quitaba el sueño. Esa idea resultó ser nada más y nada menos que Mercado Libre, el primero de los unicornios argentinos.
A pesar del éxito indiscutible, asegura que su intención nunca fue hacerse rico. En 2011 se deshizo de su participación accionaria para cofundar Kazsek con Nicolás Szekasy, un fondo de inversión que hoy es el mayor de América Latina, con más de 2.000 millones de dólares de capital recaudado. La empresa invirtió en unas 120 startups, entre las que se destacan Nubank, QuintoAndar, Kavak, Creditas, NuvemShop, Bitso, Gympass, NotCo, Konfío, Technisys y Kushki.
Hernán vive entre Punta del Este, Buenos Aires y el resto del mundo buscando inversiones, pero siempre se hace un lugar para apoyar al ecosistema emprendedor. De hecho, fue dos años presidente del jurado del premio EY World Entrepreneur of the Year, 4 años miembro del jurado y en 2018 ganó el premio Master of the Year 2018 por Ernst & Young Argentina.
Si bien lleva una vida muy intensa, confiesa que organiza su agenda en función del deporte y después acomoda el resto de sus actividades. “Corro, voy al gimnasio y nado. Todos los días trato de dedicarle 45 minutos al ejercicio”, cuenta. Además, reconoce que mantiene hábitos saludables: “Como sano, prácticamente no tomo alcohol y duermo bien”.
-Un Mundial de Emprendedores debe ser una gran oportunidad para identificar nuevos casos de inversión. ¿Qué buscás en este premio?
-Me encanta estar en contacto con los emprendedores, con la gente que está tratando de hacer cosas interesantes. Me gusta fomentar el ecosistema emprendedor. Me divierte más ir a una universidad o dar una charla con chicos jóvenes que quieren aprender que reunirme con un político en Brasil para impulsar el entrepreneurship. Es, sin duda, lo que más disfruto de mi trabajo.
Y esta competencia reúne un poco eso. Por un lado, está muy buena la iniciativa de empujar y premiar a los emprendedores y ayudar a que crezcan. Por otro, me interesa aprender de ellos. Yo tengo un foco más tecnológico y latinoamericano, mientras que acá hay emprendedores de todo el mundo y de industrias muy diversas. Es muy enriquecedor compartir conversaciones con gente que tiene perspectivas tan distintas.
-¿Qué mirás a la hora de premiar y de invertir; usás los mismos parámetros?
-Son similares. No exactamente los mismos, porque a la hora de premiar lo que se busca es un emprendedor que tenga impacto en la sociedad. Eso es algo que implícitamente está en muchas de las compañías en las que invertimos, pero nuestro principal criterio es que exista un mercado grande y un potencial de crecimiento significativo.
En el caso del premio de EY, además, suele valorarse esa dimensión de give back, de devolverle a la sociedad parte de lo que logró. Muchos de los emprendedores en los que invertimos también tienen esa vocación, pero no es un requisito indispensable al momento de invertir.
Cuando invertimos en una compañía, analizamos las condiciones en las que estamos ingresando para proyectar en qué condiciones podremos salir en el futuro y obtener un retorno financiero atractivo. Esa ecuación no se mide a la hora de premiar.
Todo lo demás es bastante similar. Nos interesan emprendedores con una historia de vida interesante, que hayan demostrado una trayectoria sólida porque eso nos permite proyectar lo que pueden construir a futuro. También buscamos personas que estén construyendo algo con potencial de crecimiento sostenido que tenga ventajas competitivas defendibles en el tiempo.
Diría que el 80% de los criterios son los mismos. Hay un 20% que difiere sutilmente porque, en nuestro caso, el objetivo final es obtener un retorno financiero. Ellos, en cambio, buscan identificar y apoyar a grandes embajadores que sigan impulsando el emprendimiento en el mundo.
-¿Cómo identificás que un emprendedor es bueno?
-Es un proceso imperfecto. No solo porque es difícil saber si el emprendedor es el correcto o no, sino también si la idea que está intentando desarrollar va a terminar teniendo éxito. Siempre decimos que lo que hacemos es futurología. Por un lado, tratamos de anticipar cómo se va a comportar esa persona en el futuro. Del lado del negocio o de la tecnología que esté desarrollando, cómo terminará impactando en el mercado; si los consumidores realmente la van a demandar y si la tecnología va a funcionar como imaginamos.
También existe el riesgo de que aparezcan obstáculos inesperados o incluso una tecnología superior que termine desplazándola.
Lo que buscamos en los emprendedores es que sean más visionarios y misionarios que mercenarios. Que estén haciendo esto impulsados por un sueño, un deseo emocional y un compromiso genuino con lo que quieren construir; que los mueva el corazón más que una planilla de Excel.
No buscamos a quienes hacen un cálculo, identifican un mercado en desarrollo, proyectan tasas de expansión y concluyen que hay una buena oportunidad para invertir. Ese enfoque, por sí solo, no alcanza.
En todas las compañías en las que hemos invertido hubo momentos de crecimiento y momentos difíciles. Los emprendedores que toman decisiones únicamente desde el Excel suelen abandonar cuando llegan las caídas: sienten que el negocio dejó de ser atractivo y buscan otra oportunidad.
En cambio, los que están verdaderamente involucrados sienten que es una pasión, una misión que tienen en su vida y que no pueden hacer otra cosa.
Nosotros tenemos que sentir al emprendedor como alguien que no está pensando: “A ver si hago esto o aquello, o esto otro”. No es alguien que va ajustando su velocidad según las circunstancias: si consigo capital, avanzo más rápido; si no, voy más lento; empiezo más tarde.
Es más bien un impulso profundo. En inglés dirían un calling, una vocación. Algo que te atraviesa, que no podés evitar hacer.
-¿Podés mencionar algunas habilidades concretas?
-Tiene que tener una visión bastante clara en el largo plazo de dónde quiere ir y a la vez una capacidad de elegir bien qué es lo próximo importante que tiene que hacer para acercarse a esa visión de largo plazo.
Otra cosa fundamental es la capacidad de atraer a otros, liderazgo para que el proyecto funcione. Va a necesitar que otras personas se sumen a su equipo. Y especialmente los primeros en hacerlo tienen que convencerse de esa misión casi tanto como él, porque no se suman por el sueldo.
Son personas a las que tenés que evangelizar, conquistar con una visión atractiva, convencerlas de que lo que están construyendo juntos vale la pena. Tenés que atraer talento a tu equipo y también inversores. Al final, cuando escucho a un emprendedor, siento que de alguna manera se está vendiendo a sí mismo y a su proyecto. Me está contando una historia. Si no logra transmitirla de una forma interesante y convincente, difícilmente me motive a invertir en su compañía.
Y lo mismo ocurre con los clientes. Un emprendedor también tiene que ser capaz de atraer compradores, consumidores y usuarios. En definitiva, tiene que tener la capacidad de sumar personas a su proyecto en distintos roles: compañeros de equipo, inversores, clientes o socios.
-¿Sentís que te equivocaste muchas veces?
-Es una industria en la que te equivocás muchas más veces de las que acertás. Lo que pasa es que cuando acertás, el acierto es tan grande que sobrecompensa los errores. Pero sí, es una de las cosas que tuve que aprender cuando pasé de emprendedor a inversor.
Cuando uno es emprendedor, trata de dar cada batalla, porque siente que cada una es la próxima cosa más importante que tiene que resolver.
En cambio, del lado del inversor, entiende que un fondo construye un portafolio de compañías. Nosotros, por ejemplo, solemos invertir en unas 25 empresas por fondo.
Ahora bien, ¿cuántas de esas compañías realmente funcionan de manera extraordinaria? Tal vez una, dos o tres. Después, hay otras que funcionan razonablemente bien, pero no generan grandes resultados, y también hay otras que terminan fracasando.
La mayoría de las veces no es porque los emprendedores sean malos. Lo que ocurre es que crear algo que no existe, lograr que la gente lo quiera, que tenga demanda y que además sea económicamente viable, es muy difícil.
Por eso sí, nos equivocamos mucho, muchísimo. Es parte natural de esta industria.
Hay dos tipos de errores: el error de invertir en una compañía que no funciona y el error de no invertir en una compañía que sí termina funcionando. Y ese último es el que más duele. Porque cuando una compañía funciona, puede devolverte muchas veces el capital invertido.
En cambio, cuando no funciona, lo máximo que perdés es el capital que pusiste. Si yo invierto un dólar en una empresa que fracasa, pierdo un dólar. Pero si dejo de invertir un dólar en una empresa que termina siendo un éxito, pierdo de ganar 100 dólares.
Esa asimetría de retornos en la industria se conoce como power law. Al final del día, la mayor parte del retorno de un fondo suele venir de una o dos compañías extraordinarias. Y te aseguro que tenés que aceptar el error más que rechazarlo, porque lo que no querés hacer es equivocarte y dejar pasar una oportunidad.
-¿Podés nombrar alguna que te haya pasado?
-No hay tantas. Hubo una compañía llamada Auth0, fundada por dos emprendedores argentinos que conocíamos. Estaban desarrollando algo para el mercado global. En ese momento nosotros estábamos más enfocados en Latinoamérica y pensábamos que era una apuesta demasiado global. No terminaba de encajar. Sin embargo, la compañía tuvo muchísimo éxito. Finalmente, fue adquirida por Okta, una empresa global muy importante del sector. Nosotros podríamos haber invertido, pero no lo hicimos. Simplemente nos equivocamos.
-Después de más de una década construyendo Kaszek, ¿cómo describirías hoy el estado del ecosistema emprendedor latinoamericano?
-El ecosistema emprendedor y el mercado avanzaron muchísimo. Nosotros empezamos en 1999, cuando prácticamente no existía un ecosistema emprendedor en la región. Y cuando lanzamos nuestro fondo, en 2011, todavía era algo muy incipiente. Hoy, si un emprendedor arranca una compañía, tiene muchas más opciones para conseguir financiamiento, desde inversores ángeles hasta fondos especializados.

—¿Vos eras amigo de Marcos Galperin?
—Sí, sí. Éramos compañeros en el MBA de Stanford. Justo estábamos en Stanford durante el auge de internet, en plena burbuja puntocom. Todo el mundo hablaba de tecnología y de crear empresas. Marcos empezó a desarrollar la idea de un eBay para Latinoamérica y yo estaba trabajando en otro proyecto. Éramos amigos, hablábamos muchísimo y los dos estábamos emprendiendo.
Por suerte, Marcos me convenció de que su proyecto era mejor que el mío, así que me sumé a Mercado Libre. Nos graduamos unos meses después y empezamos.
-Qué historia...
—En ese momento no había absolutamente nada. Y cuando lanzamos nuestro fondo en 2011, el ecosistema seguía siendo muy pequeño. Una de las razones por las que creamos Kaszek fue justamente porque sentíamos que faltaba un fondo de inversión como los que existían en Silicon Valley. Un fondo que entendiera a los emprendedores, que conociera la industria y que pudiera aportar no solo capital, sino también ayuda estratégica, apoyo operativo y una red de contactos.
Cuando empezamos, prácticamente no había fondos en la región haciendo lo que hacíamos nosotros. Hoy la situación es completamente distinta. El ecosistema creció enormemente. Obviamente está Mercado Libre, que se convirtió en una compañía gigantesca. También está Nubank, que es una de nuestras inversiones más importantes. Y además, hay muchas otras empresas que han alcanzado gran escala.
Nosotros tenemos inversiones en alrededor de 100 compañías. Entre las más destacadas están QuintoAndar, Creditas, Tiendanube, Kavak, Arc, Draftea, Kushki, Bitso y Wellhub. Y lo más interesante es que hoy un chico que se gradúa de la universidad puede pensar en trabajar en una startup o incluso en crear la propia. Antes, la mayoría aspiraba a entrar en una gran corporación. Era el camino natural.
—Hoy muchos jóvenes quieren emprender y piensan que se van a hacer millonarios de la noche a la mañana.
-Eso es una mala receta. Uno se hace millonario por accidente. Nadie debería emprender porque quiere hacerse millonario. Te tiene que apasionar lo que hacés desde el corazón, no desde el bolsillo.
Cuando arrancamos Mercado Libre, obviamente veíamos una gran oportunidad de negocio, pero enriquecernos no era el objetivo ni el plan. Queríamos construir algo que tuviera sentido.
-¿Creés que la Argentina está volviendo a ser un hub tecnológico y cómo se compara con Brasil e Israel?
-Israel es un caso un poco aparte porque tiene una gran continuidad y una industria de defensa muy desarrollada desde el Estado. Eso ayuda a formar muy buenos ingenieros y, después, ese conocimiento técnico y tecnológico se derrama hacia otras industrias fuera del ámbito de la defensa.
En la región, cuando nosotros empezamos Mercado Libre, en 1999, durante un período relativamente corto, el hub tecnológico más activo de la región era Buenos Aires. Pero, por todas las idas y vueltas que tuvo la economía argentina en los siguientes veinte años, esa posición se fue perdiendo.
Pero seguía habiendo buen talento en la Argentina. De hecho, cuando llegó la ola cripto hace unos ocho o diez años, el país se destacó porque había buen talento técnico y emprendedores de gran nivel. Además, creo que los argentinos entendíamos la necesidad de una moneda independiente de bancos centrales.
Por nuestro historial, éramos expertos en todo lo que es el tema financiero -una moneda que pierde valor, fluctuación del dólar, etc.- Teníamos un lugar ahí, el tercero o cuarto de la lista en Latinoamérica y ahora está volviendo.
Nosotros en Kaszek, un poco por accidente y un poco porque estamos viendo que las cosas están más interesantes, en los últimos 12 meses hicimos más de la mitad de nuestras inversiones en emprendedores argentinos. Antes Argentina estaba subrepresentada en nuestro portfolio.
Históricamente destinábamos 50% de nuestro capital a Brasil, un 25% a México y el otro 25% en el resto de los países de la región; la Argentina ocupaba el cuarto lugar. Como en el pasado subinvertimos ahora un poco sobreinvertimos, y esto se va a nivelar en un punto de equilibrio donde la Argentina se consolide como el tercer mercado, después de Brasil y México.
-¿Qué sectores estás mirando?
-Creo que hoy la inteligencia artificial genera una gran oportunidad. Lo que antes fue Apple y Google con el IOS y Android ahora va a ser Anthropic, OpenAI o xAI. Esas van a ser las plataformas.
Por debajo de esa capa están compañías como Nvidia, que proveen la infraestructura y los chips, y todo el ecosistema de energía necesario para sostener ese crecimiento, donde creemos que la Argentina también puede tener un papel relevante.
Pero donde vemos la mayor oportunidad para Latinoamérica es en la capa de aplicaciones. Ahí es donde se va a crear muchísimo valor, usando inteligencia artificial para resolver problemas concretos de la región.
Latinoamérica todavía tiene enormes desafíos en inclusión financiera, acceso a la educación, a la salud y a servicios de calidad a menor costo.
-¿Qué consejo le darías a un emprendedor que quiere arrancar?
-Cuando los emprendedores me vienen a ver, siempre les digo que tienen que tener un problema para resolver, pero también una solución suficiente. Como emprendedor, tenés que tener una idea de por qué creés que vas a ganar en ese mercado. Si no tenés eso, mi consejo es que no arranques todavía.
También les digo: “Arrancá porque te apasiona... porque sentís que resolver ese problema casi te define como persona. No porque querés ser millonario o porque no querés tener un jefe o porque te parece divertido ser el founder de una compañía". Todo eso es secundario.
Lo que realmente te sostiene cuando las cosas se ponen difíciles es la convicción por el problema que elegiste resolver.
Y si hoy sentís que querés emprender, pero todavía no sabés en qué, mientras tanto formate, trabajá y ganá experiencia. Aprendé de procesos en una empresa, cómo se lideran equipos, cómo se venden ideas.
-¿Cómo se construye una cultura fuerte en empresas que crecen tan rápido?
-Primero, dando el ejemplo. Al principio, la cultura de una compañía es la actitud de sus fundadores. La misión es clave también. Y contratar gente que encaje con la cultura de la compañía.

-¿Cómo compatibilizás tu vida personal y laboral?
-Mi vida no empieza cuando termina el trabajo. El trabajo es parte de mi vida. Me gusta lo que hago y lo hago con pasión. Me encanta sentarme a resolver un problema de una compañía, ver un buen partido de fútbol, ir a un asado con amigos o juntarme con mis hijas.
-¿Pensás en retirarte alguna vez?
-No. Mis grandes ejemplos son Warren Buffett y Charlie Munger que murieron trabajando. Creo que todavía le aporto valor al mundo; hago mis errores, pero mi neto es positivo. No voy a parar de hacer cosas.
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