La demanda no se frena en tiempo de pandemia

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26 de abril de 2020  

Quizá el mayor avance que se observa a nivel global en el análisis técnico de la performance del narcotráfico sea un sistemático enriquecimiento de la noción de oferta como única variable critica (analizar quienes producen, donde se produce, cuantas hectáreas de sembradíos hay, cuales son las áreas geográficas de producción y tránsito de salida de las sustancias orgánicas, etc), agregando y potenciando el análisis de la demanda como factor crítico, no ya como una simple variable del enfoque sanitario.

Esa mirada apunta a demostrar que quizá sea más eficiente para determinar cuál es el volumen del narcotráfico de la frontera sur entre México y los EE.UU. el analizar cuál es el volumen de consumo en Los Ángeles, San Diego y Fan Francisco, en lugar de analizar cuanto sembradíos hay en México o Colombia,

Este modelo de análisis, compatible plenamente con cualquier escenario, nos lleva a iniciar el proceso lógico partiendo del fenómeno de quienes y cómo compran estupefacientes, para hacer luego una ingeniería analítica inversa de los canales de provisión.

Creo que en estos momentos este resulta ser el modelo de análisis que debe aplicar el gobierno argentino para dimensionar la situación de narcotráfico y ordenar sus esfuerzos. En esta época de congelamiento transitorio de movimientos físicos de transportistas de estupefacientes surgen varias preguntas ¿Quiénes están proveyendo la demanda de los centros urbanos, y por qué vía? ¿Entendemos válido presuponer que ha desaparecido el consumo, aún de aquellos que dependen física o psicológicamente de las sustancias?

Descartando en principio la posibilidad de una súbita redención de todos los compradores de estupefacientes de los centros urbanos, nos queda pensar cómo opera el canal de flujo para proveer la oferta.

Sabido es que en Argentina existe de hecho y de derecho una prohibición de volar para todas la operaciones diferentes a vuelos sanitarios. Dado que el control de tránsito aéreo tanto civil como militar se encuentra plenamente operativo, deberemos descartar en principio la frecuencia usual de los narcovuelos que asiduamente operan en nuestros cielos.

Por su parte, existen severas restricciones sobre operaciones fluviales en la Hidrovía Paraguay Paraná, potenciado por la bajante del río en algunos sectores, lo cual atenta severamente contra el tráfico de estupefacientes vía fluvial.

Queda contemplar entonces el tránsito terrestre. Y ahí es donde creo que está la clave de la posible satisfacción de la demanda de las grandes urbes (siempre hablando de sustancias estupefacientes naturales, dado que las sintéticas pueden producirse, y de hecho así ocurre, en mayor escala en las ciudades).

El Gobierno ha decidido un cierre de fronteras terrestres a operaciones de pasajeros y de carga (esta última con excepciones), convirtiendo en casi nulo al tráfico usual de mulas en transporte regular de larga distancia.

La variable que por lógica tiene que haberse incrementado entonces, al punto de satisfacer el flujo de la demanda de los centros urbanos y erigirse en la columna logística del narcotráfico, es el tráfico por pasos fronterizos ilegales ejecutado por sujetos individuales o grupos muy reducidos, que aprovechan la aplicación de los recursos del aparato de seguridad estatal al control intensivo sanitario de rutas motivado por la pandemia.

El impacto global y regional de la pandemia, la falta crónica de trabajo, el cierre de operaciones de comercio minorista legitimas que se ejecutaban en la frontera, el progresivo deterioro de la economía y la imposibilidad de proyectar una salida razonable de la situación, hacen que la frontera y sus múltiples pasos se erijan en el escenario que más debe atender el gobierno en la lucha contra el narcotráfico.

El autor fue subsecretario de Narcotráfico e investigador de la ONU.

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