Cuatro muertos en una nueva masacre narco en la villa 1-11-14

Tres hermanos y un joven, todos paraguayos, fueron asesinados dentro de un auto de lujo a la salida de un cumpleaños; se cree que fue una venganza por disputas en la venta de droga
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14 de abril de 2015  

Una ráfaga de más de treinta disparos retumbó en los pasillos de la villa 1-11-14. Otra vez la violencia bañó de sangre las calles del asentamiento del Bajo Flores. Cuatro cuerpos quedaron acribillados a 150 metros de la avenida Perito Moreno, frente al estadio de San Lorenzo. Tres hermanos y un joven, todos paraguayos, habían llegado a la manzana 9 en un Mercedes-Benz blanco A190. Fueron atacados por dos hombres que se pusieron a su lado en una motocicleta. Les tiraron con una ametralladora y una pistola antes de escapar por los estrechos pasillos interiores. Para los investigadores del caso se trató de un ajuste de cuentas narco. Uno más.

Las víctimas fueron identificadas como Leticia, Hugo y Agustín Lezcano González, de 19, 30 y 24 años, respectivamente, y Fabio Basualdo Gómez Ruiz Díaz, de 21, que murió con doce impactos de bala de calibres 9 mm y 40. La mujer recibió ocho tiros, mientras que a sus hermanos Hugo y Agustín les acertaron cuatro y diez proyectiles. A las cuatro víctimas les dieron sendos tiros de remate en la cabeza, según los primeros indicios.

Hugo y Agustín Lezcano González habían concurrido al lugar para festejar el cumpleaños de su hermana Leticia, la única de las víctimas que vivía en la villa 1-11-14. A las 23.40 se oyó el tableteo mortal de las armas. Aún no hay sospechosos identificados. Tampoco detenidos ni certezas sobre el móvil concreto de la eventual venganza narco, aunque fuentes del caso sospechan de las disputas entre la llamada Banda de los Paraguayos y la Banda del Gauchito Gil, mayoritariamente integrada por dealers argentinos.

En febrero, un enfrentamiento nocturno entre narcos cerca de la esquina conocida como "del Gauchito Gil" se cobró la vida de una mujer y de un joven que nada tenían que ver con la disputa, al cabo de cuatro horas de tiros y terror, incluida la evacuación de una ambulancia del SAME que había ido a socorrer a una vecina que se había descompuesto.

Ahora la Justicia investiga si el cuádruple crimen de la madrugada de ayer está vinculado con aquel tiroteo de febrero pasado y si la banda del Gauchito Gil está detrás de él.

En las últimas semanas ese asentamiento había quedado nuevamente bajo el foco por la denuncia de la ONG La Alameda, en la que se detalló la existencia de diez laboratorios de fabricación de cocaína resguardados por 300 hombres armados con fusiles automáticos.

Esa denuncia fue sustentada con la opinión de Jorge Rodríguez, un ex colaborador en el Ministerio de Seguridad durante la gestión de Nilda Garré que aportó una investigación de campo sobre esa villa. En ese documento se hizo referencia a la lucha armada entre grupos de origen peruano y paraguayo por el dominio del territorio y la venta de drogas. A ellos, según vecinos del propio asentamiento, comenzaron a discutirles la supremacía bandas argentinas y colombianas.

La Justicia comprobó que el peruano Marco Antonio Estrada González fue líder de la principal organización narco del Bajo Flores. Este peruano aceptó su condición de traficante de drogas y en un juicio abreviado fue condenado a seis años de prisión, pena unificada a diez años de cárcel por condenas anteriores. Cumple arresto domiciliario en el barrio La Celia, de Ezeiza, a la espera de su expulsión del país.

Su nombre estuvo vinculado con la violencia en la villa 1-11-14 desde un triple crimen en una cancha de fútbol, ocurrido en 1999. En 2005, sicarios que buscaban matarlo acribillaron una procesión religiosa y mataron a cinco personas. Se lo relacionó con Sendero Luminoso.

Más allá de esa presentación de La Alameda, varias causas judiciales dan cuenta de la peligrosidad de ese asentamiento, situado frente a la cancha de San Lorenzo.

El Juzgado Federal N° 12 y la Policía Federal realizaron en 2012 un operativo importante dentro de la villa 1-11-14. En el expediente figura el detalle de la investigación y señala pasillos controlados por soldados narcos bien armados. En esa causa se indicó que los vendedores de droga se encuentran "sentados en cajones de manzanas, en sillas en medio de los pasillos, con riñoneras cruzadas al pecho, siendo celosamente custodiados por «satélites» y personas armadas que controlan que la actividad se desarrolle sin mayores inconvenientes".

La vigilancia zonal está en manos de la Gendarmería. Pero el ingreso en esa villa se realiza sólo por procedimientos específicos y con unidades especiales.

La violencia es cotidiana en el bajo Flores. Los disparos son constantes. La 1-11-14 es uno de los lugares con más homicidios en la ciudad de Buenos Aires. Durante 2013 se registraron allí 18 homicidios, según la estadística del Instituto de Investigación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Hay que tener en cuenta que ese trabajo sólo toma en consideración las muertes anotadas al iniciarse el expediente y no suma posteriores fallecimientos de heridos. De todas maneras, ya en 2013 se había duplicado la cifra de asesinatos en ese asentamiento con relación a los 9 ocurridos en 2012.

Cinco de esos asesinatos sucedieron en un mismo episodio, dentro de un bar, donde fueron ultimados dos argentinos y tres paraguayos en un presunto ajuste de cuentas entre narcos. En 2011 figuraron 13 homicidios y aún no fue informado el número de asesinatos en 2014.

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