
Abuso
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CÓRDOBA.- “Maniobras o artimañas en un discurso delirante”: así calificaron los jueces las acciones atribuidas a Fernando José Soria, el “gurú” que se atribuía ser un “instrumento de Dios” y que llegó a decirles a sus víctimas que tener relaciones sexuales con él era como “fusionarse con el Espíritu Santo”, y que fue condenado a la pena de prisión perpetua por haber abusado de al menos 27 víctimas, una de las cuales, abrumada, se suicidó.
Soria era el líder de las escuelas de la Divina Sabiduría y de la Divina Naturaleza o las fundaciones Energías del Tercer Tiempo o Hermano en la Luz, desde donde ofrecía sanación a quienes recurrían a él con sus problemas emocionales o físicos. Un jurado popular y la Cámara Octava del Crimen de la ciudad de Córdoba lo condenaron a mediados de marzo y ahora se dieron a conocer los fundamentos de la sentencia.
Nacido en Santiago del Estero y radicado en la zona de Alta Gracia, abusó de 27 víctimas -una de las cuales se suicidó- y, según definieron los jueces técnicos, iba modificando su discurso según su conveniencia, generando siempre una relación asimétrica con sus seguidores, quienes eran personas que atravesaban situaciones de fragilidad emocional.
A quienes acudían con enfermedades les aseguraba que podía “curarlos” y les indicaba que no debían ver a médicos porque serían los “medios espirituales” los que les harían superar las dolencias.
“Soy un instrumento de Dios”, les repetía y los impulsaba a alcanzar “dones especiales” cumpliendo sus indicaciones, que siempre incluían una separación de sus círculos de familiares y de amigos y la participación en sus cursos que debían comprar. Si no podían pagar, debían realizar trabajos para sus organizaciones.
La Justicia cordobesa halló culpable a Soria de los delitos de privación ilegítima calificada de la libertad, abuso sexual simple doblemente agravado, abuso sexual con acceso carnal doblemente agravado por ser un ministro de culto y encargado de la educación, lesiones leves calificadas por violencia de género y tenencia ilegal de armas de fuego de uso civil.
La prisión perpetua fue por el suicidio de una de sus víctimas, P. S. (a pedido de la Justicia solo se la identifica por sus iniciales), que se produjo cuando la investigación de las denuncias había comenzado.
A una de las mujeres la llevó a tener relaciones sexuales con él porque era el camino “para fusionarse con el Espíritu Santo” y alcanzar su “iluminación”. Soria subrayaba que las prácticas sexuales eran parte del “proceso de purificación”. A las mujeres les decía que tenían que “despojarse del cuerpo” y mantener relaciones sexuales con él porque de esa manera evolucionarían espiritualmente.
Aunque Soria varias veces se había pronunciado en contra del aborto, cuando una de sus víctimas de abuso quedó embarazada la conminó a terminar con el embarazo por considerar que esa criatura era “un engendro”.
Manipulación y violencia de género son dos términos que aparecen en la fundamentación. Los jueces entendieron que Soria edificó su relación de poder sobre la base de “la cosificación de las mujeres”, siempre con la intención de abusar de ellas y obtener beneficios económicos.
“Lo conozco físicamente a finales de 2019; sé que hacía calor. En el primer contacto saludó a las otras personas y me dio un beso en la boca: me shokeo [...]. Soy yo la del problema, pensé [...]. Uno de los requisitos era el despojo de los sentimientos, y para lograrlo debía despojarme de mi novio“, contó una de las víctimas.
Agregó que tiempo después Soria le dijo que le “iba a dar una sesión de energía, no en su casa sino en la ‘casita de miel’. Estaba armado para hacer la sesión de energía. Me llevó, cerró la puerta, me agarró de los hombros y me dijo: ‘Yo te voy a enseñar a sentir el amor’. Ahí entendí, rompí en llanto... lo que recuerdo es estar en la camilla, desnuda, llorando; nunca paré de llorar, veía el techo pintado, las imperfecciones, él encima mío. Me preguntó si tomaba pastillas, le dije que no. Cuando terminó me dijo: ‘Me dijeron los ángeles que te reviniste’, me levanté y salí”.
Las amenazas eran otra de las herramientas que usaba a diario para someter a sus seguidores. “Vas a volver a ser la mierda que eras antes”, le advirtió, por ejemplo, a alguien que dudaba de seguir con él, a lo que agregó que no encontraría ningún otro apoyo espiritual. A otra persona le señaló que recaería en la grave enfermedad que había padecido. De esa manera, a través del temor, generaba dependencia.
“Coherencia en el relato de todas las víctimas, sostenimiento en el tiempo, verosimilitud en sus exposiciones, tanto verbales cuanto gestuales (fundamentalmente en lo que pudo apreciarse en las audiencias de debate, donde se vio a todas las víctimas sumamente afectadas), testimoniales de las profesionales que la atendieron y de sus familiares. Relatos testificales que, como he desarrollado, encuentran además apoyatura en el resto de las probanzas incriminantes analizadas de manera global, no fragmentada, y bajo la luz siempre de la sana crítica racional", describió en uno de sus votos uno de los jueces.
Durante el juicio y en la recolección previa de testimonios se repitieron los relatos de que Soria obligaba a los alumnos a estar desnudos y les decía que debían “usar” su cuerpo, indicándoles él mismo cómo. También les enfatizaba que nada de lo que ocurría en el predio podía trascender fuera de allí. El “camino” que proponía constaba de “siete niveles de evolución” que les permitiría a quienes lo transitaban superar los obstáculos de la vida.
El fallo señaló que “en esta escuela espiritual en donde primaba el hostigamiento, la violencia, la coerción y la despersonalización [...] todas las excusas o justificaciones ensayadas por el acusado Soria son detalles que no enervan en modo alguno la prueba cardinal".
Los peritajes dan cuenta de que el gurú mostraba “una obsesión excesiva con la grandiosidad. En este contexto, se advierten como características de personalidad en Soria un concepto elevado de sí mismo, narcisista y con comportamientos de delirios de grandeza y omnipotencia. Un megalómano se considera superior, es arrogante, extremadamente orgulloso y desprecia todo aquello que no tiene que ver con él mismo".
“Cree fervientemente que ha sido elegido para una misión especial. Asimismo, presenta conflictiva para las interrelaciones sociales y en consecuencia se observa aislado y lo habría aislado su familia y grupo de amigos, como así también denota baja autoestima disfrazada de un elevado autoconcepto de sí mismo, lo que lo llevaría a denostar a los demás. Dentro de este delirio de grandeza se presume una persona miedosa e insegura incapaz de reconocer que presenta un problema, lo cual lo empujaría a mantener un carácter voluble indeciso y por momentos, agresivo. Presenta un sentido de superioridad sobre los demás, autoproclamando sus talentos y logros, buscando constante admiración, lo cual tras una baja tolerancia a la frustración podría sobrecompensar sus carencias afectivas a través de la explotación y aprovechamiento de los demás para beneficio personal", se fundamentó.



