El hombre que estuvo en el lugar equivocado

Gabriel Di Nicola
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12 de diciembre de 2012  

La libertad provisional que benefició ayer a Matías Miret es un fuerte indicio de que el copiloto del lujoso Bombardier Challenger 604 que aterrizó el 2 de enero de 2011 en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, con 944,5 kilos de cocaína, podría recibir una sentencia absolutoria.

La posibilidad de que Miret, de 39 años, espere el veredicto fuera de la cárcel modelo de L'Eixample y en compañía de su esposa, Agustina Conil Paz, y sus hijas menores, Martina y Trinidad, es un claro mensaje favorable de los jueces de la Audiencia Provincial Sección Octava de Barcelona, a cargo del juicio que se hizo la semana pasada.

Desde el primer día del juicio , cuando declararon los oficiales de la Guardia Civil que descubrieron la droga en el lujoso jet, la suerte de Miret y de los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, los otros dos procesados, corrieron por caminos diferentes. Uno salió beneficiado; los otros resultaron más complicados.

Uno de los testigos, identificado por el código alfanumérico K44687Q, recordó que cuando subió a la aeronave un perro para hacer la inspección, los hermanos Juliá se pusieron nerviosos y, en cambio, el copiloto (por Miret) tuvo una actitud distinta y hasta sintió curiosidad por el animal. Atento al relato, el abogado de Miret, Carlos Echavarri, ahondó sobre el tema. Entonces, el testigo ratificó que en el momento del hallazgo de la cocaína, el copiloto estuvo amable y tranquilo.

El primer paso estaba dado por la defensa de Miret: para la audiencia existió una diferencia relevante entre su cliente y los Juliá.

Si bien pidió las mismas condenas y multas para los tres acusados (13 años de cárcel y 140.000.000 de euros), el fiscal David Benages remarcó que la situación de Miret era más difusa y afirmó que era un "hombre de mala suerte, que estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado".

Lo mismo que siempre dijeron Miret y su familia.

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