Daniel "Maguila" Puccio: el hombre que se burló de la Justicia cayó finalmente por un delito menor

Fernando Rodríguez
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18 de septiembre de 2019  

La caída de Daniel "Maguila" Puccio corre el velo de un secreto a voces: la Justicia argentina está resquebrajada y a través de sus grietas, de sus intersticios, incluso una persona condenada por un delito gravísimo puede escaparse y evitar pagar efectivamente su deuda con la sociedad. Este caso es una demostración cabal de que la perenne demora de los juzgados y tribunales para dictar y revisar sentencias, aprovechada por una defensa que sacó provecho de un artilugio procesal, le permite a un hombre con recursos suficientes mantenerse lejos del país como para dejar pasar el tiempo y que se le compute como cumplida una pena de 13 años de cárcel.

Maguila purgó apenas poco más de dos años; se le abrió una puerta, nadie lo controló y él voló. Le bastó pasar el resto del tiempo fuera de la Argentina -y lejos de conflictos que lo metieran en problemas y lo pusieran en evidencia- para, vencidos los plazos, exigir el certificado de clausura del caso en su contra, conseguirlo e irse caminando del tribunal, libre como había llegado para buscar ese papel, su salvoconducto. Este contrasentido cobra mayor volumen aun si se tiene en cuenta que Maguila, uno de los brazos ejecutores del siniestro clan de secuestradores que dirigía Arquímedes Puccio, que en su casa de Martín y Omar 544, en San Isidro, había montado la base de operaciones de su actividad criminal y la mazmorra en la que mantenía cautivas a sus víctimas, finalmente terminó preso en un país vecino no por los delitos que cometió aquí (los más horrorosos posibles), sino por andar con un documento falsificado. Casi como Al Capone.

En los próximos días, la Justicia paulista deberá resolver su imputación. Si efectivamente careciera de radicación en Brasil (lo que se puede presumir del hecho de que circulara con una identidad falsa), podría o bien ser compelido a regularizar su situación migratoria o, eventualmente, podría ser deportado a nuestro país. Si esto último ocurriera, Maguila Puccio debería regresar a la Argentina y enfrentar no solo los fantasmas de su historia ligada a crímenes abominables: también lo estarán esperando los familiares de sus víctimas, que lejos de reclamar venganza, solo piden justicia, la justicia que aún no encontraron.

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