
suicidio
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Una mujer de 41 años y su hijo, de 7, fueron encontrados sin vida en un hotel de Recoleta. Desde ayer eran buscados por el padre del niño y el resto de la familia. No habían regresado a su casa de González Catán, en La Matanza.
Todo se descubrió este mediodía, alrededor de las 12:30, cuando el conserje del hotel y personal de limpieza se dirigieron a la habitación 306 donde estaban alojados los huéspedes. Resultó extraño que no respondieran las llamadas, ni que se presentaran para hacer el checkout.
Cuando el personal de limpieza ingresó en la habitación encontró los cuerpos en el baño, dentro de la bañera.
La mujer, Gisela Mercedes de Yurka había ingresado con su hijo G. S. en el hotel Ker, situado en Marcelo T. de Alvear 1368, en Recoleta, ayer y había pagado una habitación por una noche.
Enterado del hallazgo, el gerente del hotel dio aviso a la policía. Los voceros consultados por LA NACION dijeron que no había signos de violencia en la puerta y que en la habitación no había desorden. En el lugar trabaja un equipo de la Unidad Móvil Criminalística (UMC) de la Policía de la Ciudad.
“Los cuerpos estaban en la bañera. Todo indica que la mujer mató a su hijo y después se quitó la vida”, dijeron a LA NACION fuentes policiales.
La investigación del caso quedó a cargo de la fiscal nacional en lo criminal y correccional Laura Belloqui.
🔹 Encontraron muertos a una mujer y a su hijo en un hotel de Recoleta.
— La Nación Más (@lanacionmas) January 16, 2026
Los estaban buscando desde ayer. Se cree que mató al menor y luego se suicidó.
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Una de las hipótesis que analizan los investigadores, a partir del hallazgo de jeringas y frascos vacíos en el baño, es que la mujer se habría matado después de inyectarse insulina.
“En la bañera se encontraron jeringas y dosis de insulina”, dijeron fuentes policiales. En la habitación 306 también se encontró un bisturí. Las causas de las muertes serán determinadas en la autopsia, explicaron los voceros consultados.
Ayer el padre del niño había publicado en redes sociales la desaparición de ambos y pedía colaboración para encontrarlos.
“Difundir por favor. Es prece de la [sic] Espíritu Santo. Se buscan”, decía el texto que acompañaba las fotografías del niño de y su madre, Gisela de Yurka, y los teléfonos de contacto.
De Yurka era preceptora y trabajaba en la Asociación Civil Hogares del Espíritu Santo, en el Colegio San Mauricio y en el Instituto Nuestra Señora del Hogar de González Catán.
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